De madres a peritos: la odisea de buscar a un ser amado

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  • Los colectivos de búsqueda de desaparecidos han sido la llave para desatascar la inoperancia gubernamental en la materia y visibilizar el fenómeno como una crisis nacional.

Josefina de León Mendoza estudió trabajo social, mientras que María Luisa Núñez Barojas se inclinó por el derecho. Lenit Enríquez Orozco, en cambio, eligió el diseño de modas. Ninguna de las tres tenía entre sus planes fundar un colectivo de búsqueda de desaparecidos, pero se vieron obligadas a tejer redes de acompañamiento cuando sus seres amados fueron víctimas de una de las mayores lacras del país. Sus historias fueron relatadas en un foro de la IBERO Puebla.

María Luisa Núñez era escéptica del poder de los colectivos hasta que se vio obligada a fundar el suyo. La voz de los desaparecidos en Puebla nació tras la desaparición de su hijo Juan de Dios. Tras años de búsqueda colectiva —el cuerpo del joven fue hallado a principios de 2022—, señala la falta de voluntad política como el principal obstáculo de las personas buscadoras.

Desde agosto de 2018, el colectivo ha sido vital para posicionar el tema en la discusión pública de Puebla, una entidad con más de 1,600 desaparecidos. “Nos toca la dignidad. Por eso vamos a las marchas, a los plantones… Para hacer presión y que las instituciones hagan lo que les corresponde”.

Fue a base de consignas y numerosas movilizaciones que se consiguió echar a andar la Comisión de Búsqueda en Puebla, así como una ley especializada para el estado. Ambos instrumentos, reconoció, operan con deficiencias y solo frente a las presiones de las familias. “Nuestro objetivo es que las instituciones se pongan las pilas y hagan el trabajo que les corresponde”.

Como Puebla, Tamaulipas se encuentra entre los primeros lugares en cuestiones de desaparición. El último registro oficial reporta más de 12,000 personas no localizadas en la entidad. Como respuesta a la crisis local, e impulsada por la sustracción de su hija, Josefina de León creó la Red de Desaparecidos de Tamaulipas (REDETAM) en 2012.

El colectivo está conformado por 279 personas, la mayoría mujeres que buscan a sus familiares en cada rincón de la entidad a base de intuición más que de certeza. Si bien reconoció que la información ha favorecido la prevención, recordó también que han sido las familias de desaparecidos quienes han impulsado los cambios estructurales.

Uno de los más significativos ha sido la conformación y fortalecimiento del Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense, instancia que arrastra la encomienda de dotar de identidad a más de 3,000 cuerpos. Fueron las narrativas locales las que dirigieron a REDETAM a realizar búsquedas en un espacio insospechado: la presa Vicente Guerrero. “Yo ni siquiera sé nadar. ¿Cómo voy a sacar restos a nueve metros de profundidad?”, relató.

Empezó entonces un nuevo viacrucis. Instituciones como el INAH, con capacidades materiales y logísticas para brindar asistencia, rechazaron las solicitudes del colectivo por tratarse de asuntos fuera de su competencia. La activista tuvo que construir toda una narrativa para sensibilizar a los funcionarios y obtener su auxilio. Al final, ambas partes construyeron aprendizajes que fueron documentados para su replicación.

Al igual que la REDETAM, el colectivo Madres en búsqueda de Coatzacoalcos nació ante la necesidad de vincular a víctimas sistemáticamente indefensas. Debido a la diversidad geográfica de Veracruz, la primera búsqueda de Lenit Enríquez fue en las profundidades de un manglar con cocodrilos. “La fiscalía no sabía qué hacer. Fuimos nosotras quienes sacamos los cuerpos”.

El resultado de aquella expedición fue el rescate de seis cuerpos, lo que inspiró la capacitación en rescate en aguas; actualmente, se han especializado en la búsqueda de cuerpos en pozos profundos. Las víctimas han rebasado con creces las capacidades de las autoridades locales.

Lenit Enríquez, que busca a su hermano Jhonit desde hace siete años, no ocultó su orgullo por el desarrollo multidisciplinar del colectivo. Las mujeres involucradas no solo cuentan con competencias en peritaje e investigación, sino en contención emocional y acompañamiento integral. Su logro de incidencia más reciente consiste en haber participado en el Comité contra la desaparición forzada de Naciones Unidas.

Aliados de la lucha

Para Aranzazú Ayala Martínez, los medios de comunicación han adoptado narrativas revictimizantes que no aportan a la comprensión y la magnitud de la desaparición forzada. Los periodistas, explicó la comunicadora, deben sumarse a la lucha de los colectivos a partir de coberturas respetuosas y materiales creativos que logren interpelar a las personas.

Así nació el proyecto A dónde van los desaparecidos, portal colectivo de periodismo especializado que cumple la doble función de informar y actuar como bitácora de los colectivos. “Las familias buscan todos los días. Desde el periodismo tratamos de que el tema siempre sea vigente”.

Por su parte, la IBERO Puebla ha volcado todos sus esfuerzos a la formación de estudiantes y colaboradores que sean conscientes del privilegio que implica ser universitarios y, desde ahí, encontrar el sentido para actuar. Así lo expresó Tadeo Luna de la Mora, responsable de Seguridad y Justicia en el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, SJ (IDHIE).

Para el experto, las universidades tienen la responsabilidad de poner al servicio de las víctimas conocimientos técnicos, amplificar sus voces y generar nuevos saberes, asignaturas que el IDHIE ha atendido activamente desde 2019. “Vale la pena investigar y saber qué pasa. Es la mejor estrategia para transformar la realidad. Es la tarea básica que tenemos como académicos”.

El panel de experiencias de lucha se inscribió en la presentación del proyecto Narrativas y Memorias de la Desaparición Forzada en México, exposición colectiva de arte y carteles que estará albergada en el vestíbulo del IDIT IBERO Puebla hasta el 8 de julio.

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