sábado , julio 4 2020

El pico de la epidemia no llega y ni siquiera está a la vista

Cuando una alta funcionaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró esta semana que América Latina era el nuevo epicentro de COVID-19, pocos expertos en la región necesitaban que se les convenciera. Los datos son abrumadores.

El número de casos regionales acaba de superar los 1.1 millones. Brasil y México, gigantes demográficos de la región, figuran entre las tasas de crecimiento más rápidas y de registros diarios récord de defunciones. La enfermedad viral también está aumentando en Perú, Colombia, Chile y Bolivia.

 “La curva se está empinando: el cielo es el límite”, dijo Julio Croda, especialista en enfermedades infecciosas y exfuncionario del Ministerio de Salud de Brasil, sobre la curva en su país de origen. “Los datos actuales no muestran señales de estabilización”.

América Latina, con 650 millones de habitantes y una de las regiones más urbanizadas y desiguales del mundo con el crecimiento más lento y una historia de profunda desconfianza pública del gobierno, se ha convertido en un sombrío laboratorio de pandemia viral.

Con una asistencia pública insuficiente, el distanciamiento social y las órdenes de cuarentena son cada vez más insostenibles. Las poblaciones están regresando a las calles (mucha gente nunca las abandonó realmente), en busca de trabajo o ayuda, incluso en plena crisis de contagio de COVID-19.

No pasará mucho tiempo antes de que América Latina, con 8 por ciento de la población mundial, abarque la mayoría de las nuevas muertes por coronavirus. Actualmente representa casi 44 por ciento.

Es fácil señalar a los Gobiernos que tardaron en cerrar sus economías, algunos aún no lo han hecho, o a aquellos líderes que priorizaron los trabajos sobre la salud. Pero para la mayor parte de la región, quizás más que otros mercados emergentes, el autoaislamiento es un lujo que pocos pueden permitirse.

Red de seguridad inexistente

“Incluso si las personas quieren seguir las recomendaciones, a menudo es difícil o tal vez imposible hacerlo”, dijo Ana Diez Roux, decana y distinguida profesora universitaria de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Drexel Dornsife en Filadelfia. “No hay una red de seguridad y es muy difícil dejar de funcionar”.

En Sudamérica, 83 por ciento de la población vive en ciudades, de acuerdo con ONU-Hábitat, y muchos en barrios marginales y hogares multigeneracionales que podrían convertirse en focos de infección. Más de 30 por ciento de la población urbana de México vive en la pobreza. En Brasil, es al menos 15 por ciento.

Sin distanciamiento social, “el virus continuará propagándose, eso es casi un hecho biológico”, dijo por teléfono desde Pittsburgh Amesh A. Adalja, médico especialista en enfermedades infecciosas y erudito del Centro Johns Hopkins para la seguridad de la salud.

El jueves, Brasil reportó un récord de mil 473 muertes para un total de más de 34 mil, superando a Italia y convirtiéndose en el tercero a nivel mundial en número de muertes. El recuento de casos en Perú se acerca a 200 mil y Chile y México han tenido más de 100 mil infecciones cada uno.

Más allá del hacinamiento y la pobreza, otros factores que influyen son los sistemas de salud que estuvieron al borde del colapso antes de que el virus atacara, la histórica debilidad económica y la inestabilidad política

De cara a la pandemia, Estados Unidos estaba culminando su mayor auge económico, mientras que América Latina, en su mayoría, iba en reversa. Argentina y Ecuador estaban al borde del default (el primero ya incumplió su deuda y el segundo se esfuerza por evitar ese escenario). México entró en recesión, mientras que, en 2019, Brasil registró su cuarto año consecutivo de desempleo superior a 10 por ciento. Y luego está Venezuela, cuyo colapso ha obligado a una diáspora de millones a cruzar las fronteras.

Informalidad laboral

Al conducir por casi cualquier vía pública en América Latina en horarios regulares es común ver a vendedores ambulantes ofreciendo botellas de agua o cables de carga de teléfonos móviles. Los autobuses viven llenos de empleadas domésticas y niñeras que viajan largas distancias para hacer aseo en casas de ricos. En Brasil, una ocupación común para los hombres es la de “todero”, es decir que abarca desde la limpieza en obras de construcción hasta labores de jardinería y pintura.

Forman parte de una fuerza laboral informal masiva con poco o ningún ahorro y pocas cuentas bancarias. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, más de la mitad de la fuerza laboral, o cerca de 140 millones de personas, trabajan en la informalidad. Para ellos, no trabajar puede significar no comer.

La economía formal no está mucho mejor. Hasta ahora, las industrias que se están llenando de estímulos fiscales en otros lugares, desde aerolíneas hasta pequeñas empresas, aquí han quedado a la deriva. De igual manera sus trabajadores, aunque Brasil entregó algo de efectivo a la población pobre y México está ofreciendo préstamos baratos a las pequeñas empresas (Perú es la excepción, con miles de millones de estímulo en abril).

En Brasil, la potencia económica de América Latina, interponerse en el camino de una respuesta coordinada del Gobierno es un drama político que podría llamarse farsa si las consecuencias no fueran tan graves. El presidente, Jair Bolsonaro, ha despedido a dos ministros de Salud luego de enfrentamientos sobre la necesidad de distanciamiento social y el uso de la controvertida cloroquina. Ha discutido públicamente con gobernadores estatales sobre la prioridad de la economía o la salud pública.

Mensajes mixtos

En medio de todos los mensajes cruzados, las teorías de conspiración se extienden. En un documento de trabajo publicado el mes pasado por la Oficina Nacional de Investigación Económica de EU, Brasil y México mostraron los terceros y cuartos niveles más altos de encuestados en 58 países que dicen que no confían en que sus Gobiernos los mantendrá a salvo.

Los datos gubernamentales poco confiables son una gran parte del por qué muchos profesionales de la salud dijeron que no se sorprendieron cuando Carissa Etienne, directora de la OMS para las Américas y jefe de la Organización Panamericana de la Salud, calificó esta semana a América Latina como el nuevo epicentro.

“Veo muchas semanas y meses difíciles por delante”, dijo Ashish Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard, este viernes en una reunión informativa de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de EU. “¿Qué hará que el número de casos alcance su punto máximo y comience a disminuir? Es difícil saber”.

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