miércoles , noviembre 25 2020

El voto, herramienta para sacudirnos al mal gobierno

Valentín Gómez Gabriel.-

 

Una de las bases fundamentales de la democracia es el voto, mediante el cual, el ciudadano elige a sus representantes. El voto es la participación de todos los ciudadanos en un proceso electoral sin ningún tipo de distinción, es parte de la esencia de un sistema democrático.

Es la antigua Grecia, entre los siglos V y VI A.C., donde surge y se desarrolla la democracia; el punto de confluencia de este sistema es la Ekklesia o la llamada asamblea de ciudadanos, que era donde se tomaban las decisiones cruciales para la sociedad ateniense; allí, quienes tomaban las decisiones eran los ciudadanos que se reunían las veces que se consideraba necesario para adoptar leyes, tratar temas del orden público y las finanzas de la ciudad-estado.

Además de elegir a los funcionarios a los que se delegaban estas responsabilidades, a simple vista la democracia ateniense se distingue por el grado de participación de sus ciudadanos. En Atenas, la participación de los ciudadanos en las decisiones de la asamblea era restringida, pues no todos podían actuar en ella; los varones adultos eran los únicos que lo podían hacer, el resto, como las mujeres, esclavos, extranjeros estaban imposibilitados de participar.

En Roma, la ciudadanía se circunscribía a los patricios y plebeyos que tenían la potestad de ejercer el voto para elegir a los magistrados para el senado. Esta forma de participación ciudadana desapareció con la caída del Imperio Romano, el surgimiento de la Edad Media y la posterior formación de las monarquías absolutas. En el sistema monárquico, el sufragio universal y la participación popular, eran algo impensable porque  la designación del monarca era por voluntad divina.

El siglo XVII trajo un cambio radical en el mundo del pensamiento político, era la época del racionalismo que cuestionaba la autocracia, como resultado de esta nueva forma de pensar, filósofos como Jean-Jacques Rousseau profundizaron sobre el tema de la soberanía. Para él, la soberanía está encarnada en el pueblo, que es en  donde reside el poder; los miembros de una nación son libres e iguales y, el derecho al voto, es un derecho que nada ni nadie puede quitar a los ciudadanos; es la soberanía popular que será tomada como bandera de lucha por los líderes de la revolución francesa.

Son estas ideas las que se difunden por el mundo y es así como se pregona la idea del sufragio como una forma de decidor los destinos de los pueblos y los países; de esa manera, en los países donde primero se instituyó el voto de manera moderna fueron en Finlandia, Nueva Zelanda, Francia y España. El voto femenino, por su parte, tuvo que esperar más tiempo para que pudiera ser reconocido y aceptado en muchos países del mundo; las mujeres tuvieron que dar una lucha más prolongada y decidida, en 1948, la sociedad de las naciones unidas reconoce, a través de la Comisión de Derechos Humanos, el sufragio femenino.

En nuestro país, el voto se ejerció por primera vez en 1824, fue en el mes de agosto de ese año, en donde se eligieron a través del sufragio, al presidente de la república y vicepresidente respectivamente. La mujer en México pudo votar hasta en el año de 1947. Fue en febrero de ese año, con la publicación en el Diario Oficial de la Federación, el decreto de adición al artículo 115 para permitirles la participación como votantes y como candidatas.

Como podemos darnos cuenta, este derecho ha pasado por distintas etapas en los distintos países y al igual que muchos otros derechos de los ciudadanos, este también se ha tenido que arrancar de las clases poderosas para poder ejercerse con libertad. En nuestro país, el voto ha jugado un papel muy importante para poder darle forma e identidad a nuestra democracia, ha sido un instrumento para que los gobernantes se legitimen; el sufragio universal puede cumplir su papel de herramienta para expresar la voluntad popular y por tanto para decidir y para elegir a nuestros gobernantes.

Sin embargo, el pueblo mexicano también ha sido testigo y víctima de cómo la clase política y los gobernantes han venido desvirtuando y desprestigiando este derecho a través de los años, en su afán por perpetuarse en el poder; los cargos públicos han sido usados para beneficio personal de quienes los han ostentado. Año con año se inventan nuevas mentiras con la intención de granjearse la voluntad popular, año con año se inventan nuevas maniobras para poder atraerse el voto de las mayorías.

Se ha diseñado toda una ingeniería electoral para manipular, acarrear, cooptar y comprar el voto, aprovechándose de la pobreza y la marginación de la gente, amparándose también en las lagunas de la legislación electoral mexicana que concede un amplio margen de maniobra para los partidos y para los políticos, de tal manera que, en esta “democracia”, gana quien mejor sepa y pueda comprar votos, haciendo a un lado la voluntad y libertad ciudadana de elegir a sus representantes, pues el votante está a la caza del mejor comprador, porque sabe que una vez entregado el voto, nunca más va a volver a ver al candidato o “representante” popular. Así se pierde la esencia de expresar la voluntad de decidir, pues este derecho es cedido al candidato o candidatos a cambio de un utilitario, una despensa o 500 pesos en efectivo.

Se acercan tiempos electorales en nuestro país, el 6 de junio de 2021 se renovará entre otros cargos, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, uno de los poderes  en donde se deciden prácticamente el destino del país; para el gobierno en turno, es una elección de gran trascendencia, pues se juega el futuro de su “proyecto” de nación.

De acuerdo a los resultados que este gobierno ha dado a los mexicanos, todo parece indicar que no le irá nada bien, por tanto, es de lógica elemental pensar que la 4T se está dedicando aceitar  su maquinaria electoral para poder cooptar de manera avasalladora el voto popular; se sabe de buena fuente que todo el aparato gubernamental tiene a la gente trabajando en esta tarea, levantando censos, cotejando datos, implementando programas de apoyo para aterrizarlos en el momento apropiado con la finalidad de comprar el voto y mantenerse en el poder.

Por eso, ha llegado el momento decisivo para los mexicanos de hacer de este derecho una poderosa herramienta, un poderoso instrumento de decisión para cambiar el rumbo del país y no dejarnos llevar por los cantos de sirena que nos embelesaron en 2018. Los mexicanos tenemos que votar en una sola dirección para que nuestro voto pese y corrija el rumbo del país. Tenemos en nuestras manos el poder de evitar que este gobierno siga destrozando al país y, sobre todo, ensañándose con los más pobres. Ha llegado el tiempo de regresar a la esencia del voto universal, libre y secreto como herramienta para sacudirnos este mal gobierno. El tiempo apremia.

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