IBERO repiensa procesos educativos para recibir a centennials

• La tecnología será imprescindible en la formulación de nuevos planes y programas de estudios

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La Universidad Iberoamericana Ciudad México·Tijuana se prepara para recibir a los centennials, jóvenes nacidos a partir del 2000, y que desde el 2020 comenzarán a ingresar a las aulas de educación superior. De cara a este futuro, la IBERO inició un proceso relevante de repensar sus procesos educativos, que incluye el diseño de nuevos planes y programas de estudios.

En el mensaje de bienvenida que dio a docentes y autoridades académicas que acudieron al ‘Segundo Conversatorio. Planes de estudios de licenciatura 2020’, el Mtro. David Fernández Dávalos, Rector de la IBERO, contextualizó que, a diferencia de los millennials, más enfocados en la socialización y el disfrute, los centennials tienen como principales motivaciones la movilidad, la flexibilidad, la posibilidad de encontrar distintos estímulos y multitud de experiencias diversas.

“Nuestros futuros alumnos están esperando cambios en las formas de aprender, están esperando cambios en los espacios de aprendizaje, esperan cambios en el modo de trabajar también”, por ejemplo, a través del home office y el trabajo a distancia.

Además, tienen una identidad de carácter planetario, que los hace sentirse más cercanos de aquellos con quienes chatean, con quienes oyen la misma música o siguen la misma moda, que con los vecinos de al lado; “entonces, el tema de las tecnologías va a ser un elemento imprescindible en la formulación de los nuevos planes y programas”.

Si se mira al mercado laboral, público o privado, éste se encuentra demandando perfiles que no existen en las universidades, que no están produciendo o que producen parcialmente; por ello, son las propias empresas y gobiernos quienes están asumiendo el reto de formar a sus cuadros, “porque de las universidades no están saliendo”.

Además, muchos empleadores están pidiendo no tanto habilidades duras, sino habilidades blandas, como la capacidad de trabajar en equipo, la capacidad de síntesis y la capacidad de resolución de problemas. Para ello quieren, sólida formación, pero en los fundamentos de las habilidades duras.

Pese a que el 65% de las futuras generaciones va a trabajar en empleos que todavía no existen y no se sabe cómo van a ser, las universidades siguen ofreciendo egresados con perfiles rígidos, centrados en conocimientos duros y especializados. Por otra parte, la mayoría de las universidades, “un poco menos nosotros, el Sistema Universitario Jesuita”, tienen una desarticulación de la ciencia y la tecnología con el pensamiento humanista. Y debido a la flexibilidad, cada vez es más frecuente el cambio de carrera entre las y los universitarios.

Mirando al futuro de la educación

Mirando al futuro, el Rector dijo que algunas de las cosas que la IBERO debiera integrar en sus programas de formación son:

  • En el nivel tecnológico, temas de big databig learningmachine learning, inteligencia artificial y nanotecnología. “Todas estas cosas que ya son una realidad, que además nos presentan la necesidad de la reflexión bioética, también de manera importante”.
  • En el nivel económico, habría que pensar en las economías emergentes, las monedas virtuales y las economías circulares.
  • En el nivel social, en los problemas que salen y nacen de las migraciones masivas, en la polarización creciente entre el norte y el sur, y en el consumismo exacerbado.
  • En el nivel laboral, en el trabajo a distancia, el home office, los entornos virtuales de colaboración y las metodologías ágiles.
  • En el nivel ambiental, en el cambio climático, en el desabasto de recursos naturales (como agua y petróleo) y en el consumo de energía como un problema central.
  • En el nivel geográfico, hay que pensar en una mayor segregación de las poblaciones, con muros físicos y muros invisibles, como el muro digital, del cual están desintegradas tres cuartas partes de la población; por lo que, “los que tienen acceso a la tecnología serán ciudadanos y ciudadanas globales, y los otros no”.

Frente a estas nuevas realidades que ya están presentes y volviéndose muy importantes, el Mtro. Fernández Dávalos compartió su opinión sobre cómo tendrían que ser los programas y procesos de enseñanza-aprendizaje de la Universidad Iberoamericana en este contexto.

Respecto a la profesionalización, habría que pensar que los egresados de la IBERO sean capaces de desarrollar metodologías ágiles para una mayor productividad en los mercados, que sepan trabajar y construir conocimiento en red, y formalizar las actividades productivas.

Ya que la Iberoamericana cuenta con programas en diferentes modalidades y niveles educativos, como son los de técnico superior universitario, licenciaturas (e ingenierías), especialidades, maestrías, doctorados, educación para personas con discapacidad y eventualmente para adultos mayores, cabría “precisar qué aporta cada uno de estos niveles como valor para el país”.

Respecto al aporte al bienestar humano y social, los estudiantes de la IBERO deben saber visibilizar e incorporar la importancia de las personas y de su calidad de vida en medio de un modelo de desarrollo depredador, economicista y centrado en el desarrollo del capital. “La calidad de vida de las personas, su importancia como colectivos y como individuos, tendría que estar en el centro”.

Implica avanzar en la construcción de visiones sistémicas en un México que está poco integrado, que está segmentado y en donde las clases sociales se polarizan cada vez más; por lo que la colaboración abierta, la transparencia y la rendición de cuentas serán muy importantes.

Respecto a la accesibilidad e inclusión, querría la IBERO avanzar en programas que ofrezcan mayor acceso a sectores diversos, en garantizar un lugar plural “en el que todos quepamos”, y en que sus egresados aporten a la salud, condiciones de trabajo, derechos humanos y posibilidades de desarrollo de las personas.

La tradición educativa de la IBERO

Lo mencionado por el Rector “es en fidelidad estricta la tradición educativa de la Compañía de Jesús (a la cual se encuentra confiada la IBERO), es decir, es desde lo que hemos sido, y porque hemos sido en el pasado, podemos abrirnos a este futuro desde nuestros propios valores”.

Al explicar de qué manera están presentes los valores ignacianos y jesuitas en la tradición educativa de la IBERO, el Maestro David Fernández recordó que San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, decía, hay que ir a donde nadie quiera ir. Luego entonces, “ahí, donde no hay respuesta institucional de otras instituciones o del mercado, nosotros tenemos que estar presentes; en las fronteras, en las exclusiones, donde se construyen los muros”.

Una segunda cuestión es, buscar la mayor gloria de Dios; que significa mejorar constantemente. “Las cosas que estamos haciendo en la IBERO son muy buenas, pero tenemos que hacerlas mejores todavía. Buscar la mayor gloria de Dios es poner en cuestión el bien que hacemos, para hacer otro bien mayor”, todavía mejor y más pertinente.

Una tercera cosa que pedía San Ignacio era la adaptación a tiempos, personas y lugares; la inculturación. “El mundo ha cambiado y a nosotros nos toca cambiar con el mundo, no hacer que los chavos sean como nosotros queremos, sino nosotros adaptarnos a este lugar, a estas personas”.

Y, finalmente, en todo amar y servir. “Lo que nos conduce es el amor, el deseo de servicio, el querer ser de verdad útiles a los nuevos muchachos y muchachas, al mundo dividido e injusto”.

“Ahora, en tensión con la tradición, ponemos la innovación; también arraigada en nuestro espíritu. Ignacio soñaba con que la Compañía de Jesús fuera la caballería ligera de la Iglesia, que fuera al frente; y quien se va al frente a veces sufre. Es decir, al ser vanguardia, no es gratuito que tengamos tensiones con grupos de la sociedad, más bien acomodados, fijos; porque la caballería ligera va hacia adelante, innova, rompe. El Papa Pablo VI nos pedía estar en las fronteras, y si estamos en la frontera a veces nos pasamos del otro lado, y entonces hay que regresarse tantito; pero es el riesgo de estar en la frontera”.

Ignacio también quería que los jesuitas fueran lo mejor de su tiempo. Entonces la IBERO también tendría que ser lo mejor de su tiempo; lo mejor, no del mundo, sino para el mundo. El diálogo ciencias-fe es otra cosa importante. La fe explícita, la cristiana, pero entendida más “como el espíritu humanista que se compromete con los demás y construye la fraternidad”.

Y para ser viable y sustentable, la Universidad tiene que ser eficaz y eficiente en sus proyectos; y ser pertinente, “para generar arraigo, para atraer talento, para atraer estudiantes e impactar con eficiencia las problemáticas socioeconómicas de la región”.

Finalmente, el Rector Fernández Dávalos consideró al Segundo Conversatorio. Planes de estudios de licenciatura 2020 “una oportunidad inmejorable para poner nuestro reloj al día en lo que se refiere a métodos, a espacios de enseñanza, a actualizar nuestros programas y nuestras carreras” en un momento de transición civilizatoria muy importante.

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