Japón y la próxima revolución de la agricultura, sin terreno, sin trabajadores

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En la década de los ’60 el mundo se enfrentaba a un enorme reto alimentario. Las técnicas tradicionales de agricultura se habían quedado obsoletas ante el imponente desafío de alimentar a una población mundial que se acercaba a los 3.000 millones de habitantes. Ante esta crisis, aquellos años asistieron a la célebre “Revolución verde” de Norman Borlaug, un ingeniero agrónomo estadounidense al que muchos consideran el padre de la agricultura moderna y posiblemente el ser humano que más vidas ha salvado en la Historia.

En apenas veinte años la agricultura cambió por completo. Modernas tecnologías, nuevas variedades de semillas más resistentes a los climas extremos y plagas, novedosos métodos de cultivo, incorporación de métodos mecánicos, de riego y cultivo, a gran escala y la aparición de eficaces fertilizantes y plaguicidas fueron algunos de los elementos que revolucionaron las prácticas que se habían desarrollado en siglos anteriores.

Hoy, en pleno siglo XXI y con una población que ya supera ampliamente los 7.500 millones de habitantes (doblando por mucho los habitantes del planeta en apenas medio siglo), todos los expertos están de acuerdo en que necesitamos una nueva revolución para hacer frente a las crecientes necesidades globales… y es posible que ese nuevo giro copernicano provenga del país menos esperado: Japón.

Japón es uno de los países más densamente poblados del planeta. Supera ampliamente los 127 millones de habitantes que se distribuyen sobre una pequeña superficie de apenas 377.000 km², aproximadamente la mitad que Francia y bastante más reducido que España y sus más de 500.000 km². A primera vista no parece que el país del Sol naciente sea el más indicado para renovar la agricultura mundial, sin embargo esa sobrepoblación y falta de espacio están dando lugar a soluciones imaginativas e innovaciones tecnológicas importantes.

Recientemente, la cadena BBC publicó un reportaje titulado “Cómo Japón está revolucionando la agricultura sin tierra ni trabajadores” y son, precisamente, estos dos aspectos los que más interés han despertado en el resto de países. Estados Unidos tuvo a su Borlaug en los ’60, y Japón tiene a Yuichi Mori y su agricultura con poco terreno y sin apenas mano de obra. En 2011, Mori planteó algunas de sus ideas en una magnífica charla TED:

La Historia nos ha enseñado que, en muchas ocasiones, las mayores desventajas e inconvenientes empujan la innovación, la creatividad y las soluciones más originales. Japón, movida por sus limitaciones, está llevando a cabo una serie de proyectos que responden precisamente a esos problemas: falta de espacio y recursos disponibles. Tal y como indican BBC: “película de polímero transparente hecha a base de un hidrogel permeable que ayuda a almacenar líquidos y nutrientes. Las plantas crecen en la parte superior de la película y las raíces se desarrollan a un lado. Además de permitir el crecimiento en cualquier entorno, la técnica consume un 90% menos de agua que la agricultura tradicional y no utiliza pesticidas ya que los poros del polímero bloquean los virus y las bacterias”.

Si tenemos en cuenta que en la actualidad la agricultura utiliza el 70% de la extracción de agua dulce del mundo, y cultivar alimentos para una sola persona requiere alrededor de 2.000 y 5.000 litros de agua al día, las técnicas de Yuichi Mori no solo solucionan la falta de terreno cultivable de Japón sino que ahorran una notable cantidad de agua dulce, un recurso que en el futuro será decisivo globalmente.

Granjas verticales que solucionan el problema del escaso terreno disponible para cultivo, drástica reducción del agua en agricultura, así como una menor utilización de fertilizantes y pesticidas. Tres elementos que resultarán esenciales en las próximas décadas. Pero las aportaciones de Mori no terminan aquí, su producción vertical incluye también un factor mecánico que reduce los costes en mano de obra y aumenta la automatización del sector agrícola. El uso de sensores, drones, robots e inteligencia artificial se incorporará en breve al cultivo y recolección, haciendo que las duras laboras agrícolas sean más sencillas y rápidas.

Durante los últimos años han surgido compañías especializadas en esta nueva agricultura tecnológica y la variedad que podemos encontrar en nuestros días es ya enorme. Empresas que desarrollan sensores muy precisos con los que poder controlar automáticamente la luz artificial, los nutrientes, el dióxido de carbono y la temperatura de cultivo hidropónico. Industrias tecnológicas que aplican sus drones y robots a la agricultura, ya sea para la fumigación, la recolección o el riego. Compañía que presentan robots tractores, cortadores, recolectores… las posibilidades son innumerables y representan la nueva revolución verde que ya estamos necesitando.

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