jueves , diciembre 3 2020

La atracción se percibe con el olfato

La química de la atracción entre las personas, es percibida ni más ni
menos que a través del olfato, ya que los seres humanos, así como
diferentes especies animales, secretan sustancias que son distinguidas
por un segundo individuo, produciendo así la atracción, explicó Rafael
Torres Montiel, estudiante del doctorado en Ciencias Fisiológicas del
Instituto de Fisiología de la BUAP.
Estas sustancias son las llamadas feromonas, que son secretadas en la
orina, saliva, sudor y heces por una amplia variedad de especies como
mamíferos, insectos, peces y aves.
Ante estudiantes de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, expuso
que el sistema olfativo contiene los principales receptores para
feromonas en mamíferos, información que es descifrada por el cerebro.
Dijo que existen tres sistemas quimiosensoriales que responden a los
factores externos para distinguir los olores agradables y
desagradables: “el vomeronasal es capaz de diferenciar a las feromonas;
el olfativo capta los olores dulces, frescos y agradables; mientras que
el trigeminal detecta los hedores irritantes, actuando como una especie
de alarma”.
Indicó que se han realizado estudios de feromonas en humanos, tal es el
caso de su influencia en la sincronización del ciclo menstrual en las
féminas y también tienen efecto en la apariencia de hombres de negocio
que parecen dominantes.
Así como en la interacción hombre-mujer y viceversa que afecta
directamente su conducta social, “las mujeres que tienen interacción en
casa con un figura paterna y hermanos en mayor medida, llegan a la
pubertad a una edad temprana, en comparación con aquellas que viven
sólo con sus madres”.
Además influencian en la percepción estética y afectiva de los hombres
hacia las mujeres. Se debe a las variantes de feromonas: androstenol y
androstenona, “el primero tiene que ver con la atracción, actitud
amistosa y un buen estado emocional; en cambio la segunda sustancia
genera menos atracción, irritabilidad y ansiedad”.
Torres Montiel concluyó que adicionalmente el ser humano integra una
serie de información adicional a la “química” para elegir a su pareja,
es por eso que va más allá de la atracción química, el contacto visual,
la percepción de inteligencia de la otra persona, entre otros factores
que permiten establecer una relación amorosa.

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