La importancia del trabajo artístico del Movimiento Antorchista

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Alejo Jiménez.-

El arte es una de las formas de la consciencia social más importante y trascendente de la historia de la sociedad desde la aparición del hombre, su uso e implementación va más allá de solo querer expresar sentimientos y causar emociones; puede educar, guiar y transformar completamente a una persona o a la sociedad entera, pero también puede ser tergiversado para ser ocupado como medio de adoctrinamiento y sometimiento ideológico con el fin de mantener a los hombres sumidos en la ignorancia y la sumisión.

Hablar del papel que juega el arte dentro de esta sociedad es un trabajo difícil, debido a que existen un sinfín de interpretaciones, pero con todo y eso siempre debemos tomar en cuenta que el arte tiene un origen social. Las maravillosas pinturas rupestres de Francia, España, Chihuahua, por ejemplo, no eran una simple decoración, formaban parte de un ritual destinado a fines muy prácticos, conseguir el control de los bisontes, ciervos y caballos salvajes cazados para comer. La danza y las canciones tenían el mismo propósito. El desarrollo de la división del trabajo, hace que la base productiva de la sociedad de un gran paso adelante, pero al mismo tiempo culmina en la división del trabajo mental y manual, condición previa para la separación de la humanidad en clases.

Durante los últimos milenios, el precio a pagar por el asombroso progreso social y económico ha sido la alienación forzosa de la mayoría de la raza humana de los frutos de su trabajo, y al mismo tiempo, del mundo del arte. En cualquier sociedad donde el arte es el monopolio de unos cuantos, esa minoría utilizará su posición para conseguir sus propios intereses. Esa es la base real de toda sociedad dividida en clases, y será siempre así, mientras la mayoría de la humanidad tenga que trabajar largas horas para obtener las necesidades básicas para vivir. En el capitalismo esta alineación sólo se ha agudizado, arrebatándole completamente al arte su carácter transformador.

Desde que el Movimiento Antorchista nació se ha esforzado en luchar contra esta esclavitud moderna tanto de los trabajadores manuales como de los artistas. Los antorchistas conocemos y sabemos la importancia que el arte tiene para la vida del hombre pero, sobre todo, de lo que puede lograr en él, aunque para la mayoría de las personas no es evidente, sí lo es cuando intentamos imaginar el mundo sin arte, es decir, un mundo sin color, sin música, sin fantasía o imaginación; un mundo así sería completamente insoportable, pues las condiciones en las que vive la inmensa mayoría ya son de por sí insoportables.

Es por eso que los antorchistas nos hemos encargado de formar grupos de danza, música, teatro; enseñamos a niños, jóvenes y adultos a cantar, declamar y pintar porque estamos convencidos de que así podemos crear hombres nuevos, sensibles y comprometidos con su gente y con la lucha por buscar mejores condiciones para todos los desvalidos de este país.

Ejemplos existen muchos. En la formación de grupos artísticos están los ballets estatales que hemos creado en varios estados donde tenemos presencia: San Luis Potosí, Michoacán, Veracruz, Oaxaca, Puebla y mucchos otros, contando además con nuestro excelente Ballet Nacional desde hace más de 30 años.

Por otro lado, tenemos los encuentros culturales que tienen difusión y convocatoria nacional: el Concurso Nacional de Voces que se realiza en Hidalgo, el Encuentro de Folclor Internacional que se ha llevado a cabo en Oaxaca, el Concurso Nacional de Declamación en Querétaro; el Concurso Nacional de Teatro y de Pintura en San Luis Potosí y, por su puesto, las Espartaqueadas culturales que se realizan en Tecomatlan, Puebla, cada dos años.

Es decir, nuestra lucha por llevar el arte y la cultura a todos los rincones es una tarea que nuestros grupos artísticos hacen de manera permanente, sus foros son principalmente en ferias patronales, colonias o pueblos muy alejados. La intención es y siempre ha sido regresar el arte y la cultura al pueblo que lo creo de forma gratuita y con el único fin de renacer nuevamente el espíritu de lucha.

Por nuestra parte, quienes tenemos esa no tan fácil pero muy satisfactoria tarea, cada día nos vamos comprometiendo más con esta lucha, conscientes de que el artista debe retornar a la fuente principal de su creación, el sentir humano del individuo ligándolo con el conjunto de la sociedad, para que logremos luchar para alcanzar las condiciones y la riqueza económica y espiritual que desde tiempos inmemorables nos ha sido arrebatada. El arte es el sueño colectivo de la humanidad, la expresión del sentimiento arraigado de que nuestras vidas no deberían ser así y que deberíamos luchar por algo diferente. Y lo vamos a seguir haciendo, aunque, como dijo Blanco Belmonte: “sé que vale mucho mi pobre ejemplo aunque pobre y humilde parezca y sea”.

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