lunes , abril 19 2021

La Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí ofreció un emotivo concierto en el Palacio de Bellas Artes, lleno de técnica y calidad interpretativa

Con un minuto de silencio en honor al poeta Rubén Bonifaz Ñuño y como condolencia por las víctimas de la Torre de PEMEX, inició el concierto de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el Palacio de Bellas Artes; luego del breve homenaje, entró en escena el director José Miramontes Zapata, para dar inicio a la velada, que incluyó obras de Franz Peter Schubert, Manuel M. Ponce y Sergei Rajmáninov.

El concierto contó con la presencia del gobernador potosino, Fernando Toranzo Fernández; del presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa; y de la directora del INBA, María Cristina García Cepeda; en su discurso, el mandatario estatal agradeció a las instituciones el ser anfitriones de este recital, que contó con la participación de Rodolfo Ritter como solista al piano.
«En noches como esta, me parece oportuno, primero que nada, sumarnos al dolor por el que atraviesan las familias del poeta Rubén Bonifaz Nuño y de la tragedia ocurrida en la Torre de PEMEX, para luego resaltar que el arte es justamente el camino para cambiar las cosas en nuestro país, pues México posee muchas más cosas brillantes que oscuras. La participación de Ritter en este concierto de la Orquesta de nuestro estado, así lo demuestra», comentó Fernando Toranzo.
La presentación inició con la obra Sinfonía número 8 en si menor (inconclusa), de Franz Peter Schubert, con la cual el ensamble potosino demostró el elevado nivel interpretativo que ha desarrollado, pues los pasajes de esta obra —Allegro moderato y Andante maestoso—, adquirieron la brillantez y sutilezas planteadas por el compositor austriaco.
La batuta de Miramontes Zapata fue desmenuzando cada parte de la pieza, enfatizando los movimientos cuando estos lo requerían, le pidió a sus músicos que lo siguieran con precisión, sin dudar, en una alegoría sonora que evocó la maquinaria de un reloj perfectamente sincronizado en todas sus partes; el resultado: pajes emotivos, intensos o bien reflexivos.
Cuando entró en escena el pianista Rodolfo Ritter, la expectativa del público se incrementó; la pieza elegida para esta ocasión fue el Concierto para piano y orquesta número 2 en fa (inconcluso), que fue un estreno en la Ciudad de México, obra que posee todos los elementos característicos del repertorio de Manuel M. Ponce, es decir, pasajes con estructuras modernas y pinceladas de temas de canciones populares mexicanas.
Un breve atisbo, prácticamente una pincelada musical, un alegre esbozo al Cielito lindo, que apareció hacia la parte intermedia de la obra, otorgaron a la pieza una fuerte sensación de emotividad y añoranza, no por lo perdido u olvidado, sino por el reconocimiento de la propia identidad, preocupación central en las obras de Ponce.
Pero sin la presencia de Ritter esto no hubiera sido posible; en pleno dominio de la técnica y dueño de una sensibilidad que se desliza constantemente sobre las teclas del piano, el músico se sumó a la perfección interpretativa de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí, preámbulo de lo que sería el cierre de la noche, en la segunda parte del recital.
La obra elegida fue el Concierto para piano y orquesta número 2 en do menor, Opus 18, de Sergei Rajmáninov. La noche concluyó con una pieza más, Maximiliano y Carlota, del compositor neolonés Arturo Rodríguez, obra contemporánea que se sumó a la selección de manera igualmente precisa, pues sus pasajes, provocaron de nuevo intensas emociones en el público, que los recompensó con una serie de aplausos de pie.

 

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