viernes , julio 3 2020

La política, rompe esquemas

En el pasado reciente, había años considerados como políticos y otros que no lo eran. Eran años políticos, aquellos en los que tenían que realizarse campañas y elecciones nacionales o locales.

            Implicaban movilizaciones partidarias y desde el año 2000, guerras sucias, elemento introducido en nuestro medio por el PAN, que ha venido a degradar en mucho la actividad política nacional, pues esas guerras sucias, están concebidas como ataques sistemáticos a los adversarios políticos, con verdades y mentiras que de tanto repetirse se hacen verdades, con introducciones en la vida privada de los contendientes y de sus familiares. Estas guerras de lodo, como les llaman algunos, han venido a crispar la política nacional, provocando, en municipios medianos y pequeños, agresiones de grupos, pleitos familiares y en algunos casos, últimamente, hasta la comisión de delitos graves, como el asesinato.

              Ahora ya no hay años políticos, pues ya todos lo son. Este año de 2020, no sería político, pues las elecciones y lógicamente las campañas, deberían ser en el 2021, sin embargo, todo mundo está hablando de política: ya han surgido precandidatos en casi todos los partidos y su contraparte, los enemigos de los precandidatos, ya están en plena guerra sucia, descalificando, atacando, inventando chismes  o contando verdades que perjudiquen al contrincante. En las mesas de café, en las reuniones de amigos y hasta en las reuniones familiares, solo se habla de política.

            Todos los partidos están hechos un desastre, pero a nivel local, a nivel nacional y en todo el mundo, están ocurriendo cosas que obligan a hablar de política.

            Nuestro país tiene un sistema basado en la existencia de partidos políticos al que muchos llaman “partidocracia”. Esos partidos, que son muchos, se sostienen, no con las cuotas de sus militantes, como era antes, sino que el gobierno aporta una millonada para su sostenimiento y para sus trabajos de campaña, cuando las hay y además, sostiene un aparato electoral carísimo, que está conformado por personas que en su mayoría se sienten padres de la democracia, impolutos e indispensables, como se vio en los alegatos surgidos a raíz de una rebaja en su enorme presupuesto, que los obligaría a bajarse un poquito sus elevados sueldos.

              Los partidos no están aportando nada para mejorar nuestro sistema. Todos han perdido el rumbo, es decir, ya no cuentan con una línea ideológica que los identifique y por eso surgió el chapulinismo, fenómeno que permite a un militante del PRI, pasarse a Morena, al PAN o a cualquier otro partido, sin mayor problema. Lo importante es entrar a como de lugar, al aparato gobernante.

                 A lo largo de nuestra historia, lo reconoció el presidente, solo ha habido dos corrientes: la liberal y la conservadora, que en el siglo XX dieron origen a los partidos PRI y PAN.

                  La izquierda surgió clandestinamente, cuando en el mundo surgió el comunismo y se le dio entrada en el mundo político mexicano, ya legalizada, en el sexenio de José López Portillo.

                  Con la llegada del neoliberalismo, al frente del cual siempre ha estado Carlos Salinas de Gortari, empezó a desdibujarse el partido heredero de la Revolución de 1910 y del Partido Liberal del siglo XIX y entonces surgieron muchas coincidencias con el PAN, partido conservador, fundado por un gran intelectual mexicano, don Manuel Gómez Morín, ya lo hemos dicho, y ahora nos salen, con que hay la intención de unirse al PRI, para sacar del poder a Morena el partido de línea progresista que se parece al viejo PRI de los años 30 hasta los 70 y que en alguna forma es también heredero de la izquierda.

               Los del PRD y los del partido Movimiento Ciudadano, supuestamente izquierdistas, acaban de reconocer la semana pasada (son de lento aprendizaje) que unirse al PAN,  para participar en las más recientes elecciones nacionales y locales (Puebla fue un caso) constituyó una grave equivocación. Perdieron panistas y perredistas.

               Si esa alianza (PRI-PAN) se concreta, estamos seguros que los priístas se van a arrepentir en muy poco tiempo, pues son más avispados, tienen mucho mejor oficio político y además todavía le quedan elementos con convicción ideológica.

              Todo esto comparado con el pasado reciente, es algo fuera de serie.

               Una cosa buena para el país, es que los ex presidentes de la república surgidos del PRI, por voluntad propia se hayan retirado por completo de la política y que los ex presidentes surgidos del PAN, pretendan justificar el pésimo papel que hicieron desde el poder, criticando al actual gobierno. No solo se ponen en evidencia, sino que contribuyen muy eficientemente a desprestigiar más a su partido.

                 Los dos presidentes panistas, Fox y Calderón, ¿no fueron aliados de Elba Esther Gordillo, la lidereza magisterial a la que tanto habían criticado? ¿No fueron aliados de García Luna, el secretario de Seguridad aliado del jefe del principal cártel delictivo de México, el del Chapo Guzmán? Por algo suspendieron sus críticos twitts que a diario publicaban contra López Obrador.

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