Reflexionan sobre la evolución de Tula a través de dos siglos

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Al participar en la Cátedra Miguel León-Portilla 2012 que en esta edición se ocupa del tema “Tula y los toltecas en la historiografía mexicana, siglos XVIII-XXI”, el investigador Miguel Pastrana afirmó que esta cultura ha tenido marcados cambios a lo largo de dos siglos, no obstante conservar aspectos ancestrales de sus tradiciones y cosmogonía.

En el Salón de Actos del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el mediodía de este martes 19 de junio, Pastrana ofreció la conferencia “Tula del siglo XIX al siglo XX”, en la que afirmó que los grandes estudiosos de esta región, que iniciaron sus estudios hace más de un siglo, no dejaron herederos inmediatos.

“A excepción de Francisco Javier Clavijero, muchas de las obras de estos eruditos quedaron inéditas durante mucho tiempo, Antonio de León sólo vio publicada parte de su obra, además de que el libro de Diego García Panes nunca vio la luz, aún cuando era un gran documento basado en imágenes, al igual que Pedro José Márquez, jesuita que se ocupó del arte de los antiguos mexicanos”.

Afirmó que después de la guerra de Independencia dificultaron mucho la formación de un nuevo grupo de estudiosos de culturas como la de Tula. “En la segunda mitad del siglo XIX se contaron con mejores instrumentos científicos para reemprender las investigaciones de estos legados, además de que surgen figuras como Manuel Orozco y Berra, quien publica en 1880 La historia antigua de México, la cual se convirtió en una obra indispensable”.

Afirmó que este académico mezcla la historia y el mito dentro de sus fuentes del pasado prehispánico, buscando dentro de las tradiciones indígenas diversos aspectos auténticos que acercaban al lector con la realidad del pasado.

“Berra no rechaza las diversas versiones del pasado indígena por fantásticas que pudieran parecer, explicando que la mitología no es un conocimiento de vana curiosidad y, a menudo, los mitos tienen un gran contenido histórico y hablan mucho de una sociedad”.

Mencionó que los antiguos relatos indígenas a los que hace mención Berra se muestran a través de leyendas místicas, afirmando que muchos acontecimientos o dioses se basan en hechos reales, teniendo quizá en su base a un hombre que se convirtió en deidad.

“No hay mejor ejemplo que el Quetzalcóatl, de quien decía era un misionero irlandés que llegó a las costas mexicanas y tuvo un importante contacto con los Toltecas, por supuesto esta teoría podría ser hoy ampliamente debatida, pero sin embargo en su contexto representaba una hipótesis valida”.

Miguel Pastrana afirmó que los relatos sobre la caída de Tula representan para Berra un enfrentamiento entre los colonos y aquellos que seguían la doctrina de Quetzalcóatl, quienes en su visión comienzan una suerte de guerra civil religiosa.

“Dije que Tula y sus habitantes, así como sus deidades, además de la relación con los mexicas, tienen para Manuel Orozco y Berra una explicación absolutamente humana, mencionando incluso que Hernán Cortes fue visto como el regreso de Quetzalcóatl”.

Asimismo, el especialista mencionó la obra de Alfredo Chavero, quien además de dedicarse a la historia tenía una gran pasión por el teatro, obsequiando a la sociedad del siglo XIX la obra México a través de los siglos.

“Chavero expuso las hipótesis que le parecieron más plausibles en torno al mundo prehispánico, sobre todo con la falta de documentos y algunos textos que arrojaban más dudas que respuestas”.

Recordó que el académico advirtió las muchas contradicciones que existían en los datos de diversos autores, afirmando que acumularlos era contribuir a la confusión.

“Dijo que el dilema del historiador es la falta de una escritura alfabética en los pueblos prehispánicos, lo cual obligaba a los sacerdotes a hacer resúmenes en los códices, recurriendo además a pinturas alegóricas y leyendas cortas para que fueran pasadas de generación en generación”.

Para Chavero, comentó, la memoria real de estos hechos se fue perdiendo, convirtiéndose en leyendas.

“En pocas palabras nos dice que el historiador debe tratar de desentrañar el simbolismo religioso antiguo para que las leyendas y los mitos dejen de ser un obstáculos, afirmando que éstas explican el aspecto moral de muchos pueblos, como en el caso de Tula”.

Chavero, dijo, niega el origen extranjero de Quetzalcóatl, proponiendo la hipótesis de que se trataba de un gobernante reformador que poco a poco fue convertido en una deidad.

“Decía que en la fundación del mito de Tula se encuentra contenida la historia real, en la que se conjugan influencias astronómicas enmarcadas por Venus y el Sol, así como en cuestiones políticas entre los partidarios de Quetzalcóatl y su oponente”.

Finalmente afirmó que en términos de Chavero el mito astronómico se convirtió en histórico, coincidiendo sus investigaciones con el trabajo de campo de expertos como García Cubas y el francés Desiré Charnay, quien es el primero que hace excavaciones en Tula.

“Es el primero en mencionar las enormes semejanzas arquitectónicas entre los vestigios de Tula, Hidalgo, y Chichen Itzá, en Yucatán, además de ser también uno de los que sacaron las primeras fotos de las ruinas, cargando con una enorme cámara hasta la zona”.

Y agregó: “También el académico David Briton aportó en el siglo XIX un trabajo importante sobre Tula, titulado Los toltecas y su imperio fabuloso, aparecido en 1890, afirmando que todos los referentes de esta cultura son mitos simbólicos y que Tula se explica como un mito solar, afirmando que es en realidad Tonalan”.

La Catedra Miguel León Portilla, continuará este miércoles 20 de junio a las 12:00 horas con la conferencia “La persistencia de la cuestión tolteca”, en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, ubicado en circuito Mario de la Cueva, Ciudad Universitaria.