Reorientar el gasto público: condición para el reparto justo de la riqueza social

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Martín Antonio Escamilla Meza.-

El gasto público es la cantidad de dinero que gasta una administración para satisfacer, en primer lugar, las necesidades del Estado; de acuerdo con ello, el gasto público se emplea, en parte, para pagar sueldos tanto de los que conforman el aparato burocrático como el aparato de las fuerzas armadas del país; se usa, además, con la finalidad de pagar el gasto corriente y equipamiento para el funcionamiento de esos dos aparatos, etc. Se destina parte del gasto público incluso para invertir en la creación de más industrias o en su ampliación o modernización, en los sectores económicos controlados por el Estado. Además, parte del gasto público se destina al pago de la deuda que contrae el gobierno, etc.

Pero el gasto social debería usarse para resolver las necesidades básicas de los ciudadanos, en particular de los que se encuentran en niveles de pobreza o de pobreza extrema. Usando el gasto público en su favor todos los ciudadanos deberían tener derecho a una vivienda digna, como reza el artículo cuarto de la Constitución Política Mexicana.

Sin embargo, desde los gobiernos anteriores al de Morena el gasto social no respondía a criterios de equidad, pues asignaba más recursos a los hogares de mayores ingresos en lugar de a los que menos tenían, como lo denunció en su momento el mismo Peña Nieto cuando aún no gobernaba el país: “… sólo 13% del gasto público federal en desarrollo humano (educación-salud-apoyos al ingreso) llegó a 20% de la población con menores ingresos en 2008, mientras que 32% del gasto benefició a 20% de la población más rica”, dijo en su momento el futuro gobernante, sin que haya remediado mucho la situación cuando se convirtió en el presidente de la República.

Ahora, con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se programaron 7 billones 88 mil 250.3 millones de pesos para el gasto público para el 2022; sin embargo, como todo mundo ya sabe, suprimiendo el Ramo 23, a través del cual se etiquetaban recursos a los estados y a los municipios para hacer obras públicas de beneficio social como de agua potable, drenaje, electrificación, caminos, escuelas, hospitales, pavimentos, etc., la mayor parte de los recursos, después de solventar las necesidades del propio Estado, están siendo destinados a las obras faraónicas del presidente y a los programas de transferencia directa de dinero a los ciudadanos que sirven para la compra venta de conciencias con fines electorales, beneficiando con todo ello más, pero mucho más, a los más ricos de este país. “Yo les puedo decir que no hay un rico de México que en el tiempo que llevamos gobernando haya perdido dinero, y a las pruebas me remito. Al contrario, les ha ido bien”, expresó ufano López Obrador recientemente en una gira de trabajo en el estado de Sonora. Y sí: la fortuna de 15 multimillonarios mexicanos alcanzó una cifra récord de 160 mil 900 millones de dólares; estos multimillonarios aparecen en un listado de este año, en la revista Forbes sobre las personas más acaudalas del mundo en el que, en el caso de los mexicanos, figura a la cabeza Carlos Slim, con una fortuna de 81 mil 200 millones de dólares, prácticamente 30 mil millones más que al inicio de la pandemia.

La política de destinar el gasto público para beneficiar a los más pudientes de un país, es propia del modelo neoliberal que impera en México desde el gobierno de Miguel de la Madrid, pero que ha llegado al extremo durante el gobierno de Morena. Antorcha propone cambiar ese modelo económico que acarrea una mayor concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la expansión y profundización de la pobreza en la mayoría de los ciudadanos. Para lograrlo, dentro del proyecto antorchista de nación a implementarse a partir de que el pueblo trabajador tome el poder político de la nación en forma pacífica y legal, se propone complementar la política tributaria progresiva, el pleno empleo y el pago de salarios dignos, con la reorientación del gasto público de la nación. Que el dinero del gobierno, que es de todos los ciudadanos, se utilice para que todos los centros de población tengan todos los servicios básicos, agua, drenaje, electricidad, alumbrado público; para que se fortalezca la infraestructura carretera y de pavimento de calles en todo el país. Que se incremente el gasto en educación en todos los niveles para la creación de más escuelas debidamente equipadas y para mejorar los salarios de los maestros. Que crezca la infraestructura hospitalaria y de centros de salud, con atención gratuita las 24 horas de medicina general y de especialidades de alto nivel, con capacidad para la realización de toda clase de estudios y con medicamentos suficientes y gratuitos. Que haya parques y jardines, unidades deportivas, centros culturales, como casas de cultura, teatros, y conservatorios de música, en todos los rincones del país, etcétera; todo ello con la finalidad de que los creadores de la riqueza social, los trabajadores mexicanos, sus familias y la población entera, tengan verdaderamente una vida digna, de seres humanos.

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