Todo acto de resistencia es un acto poético: Luis Miñarro

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El productor español Luis Miñarro desde los cuatro años de edad iba al cine, de adolescente formó parte de cineclubes, después se dedicó a la publicidad, para luego avocarse a la producción de, lo que él llama, “filmes de resistencia”.

“Me crié en el territorio del franquismo donde había mucha seguridad y pasaban pocas cosas, por lo que ir al cine era entrar a un mundo de ensoñación e imaginación que permitía escaparse de la cruda realidad. En esa coyuntura el cine era lo único mágico. […] Para mí ha sido el acceso para disfrutar de la fruta prohibida”.

Luis Miñarro ofreció su conferencia magistral “La producción como acto poético”, la noche del 13 de marzo en la Sala 8, Hermanos Rodríguez de la Cineteca Nacional.  Productor destacado del cine de autor, expuso que hacer filmes de resistencia en contra de los parámetros habituales como puede ser el tener en cuenta la taquilla, el acceder a públicos más amplios y el querer rentabilizar la operación, no deja de ser un acto poético.

El también cineasta piensa que en el fondo el cine no deja de ser un viaje que empieza con una simple anécdota, argumento o guión  y que termina con el espectador, a quien hay que hacer partícipe de ese viaje, así como al equipo técnico, almas desconocidas, programadores de festivales de cine, distribuidores y exhibidores.

“A los espectadores hay que tenerlos en cuenta, de ahí la importancia de hacer un cine de formato abierto que les posibilite distintas lecturas y donde cada uno acabe de construir la película a su manera, aunque después no coincida”.

El productor que posibilitó que ciertos autores pudieran hacer su obra sin ningún tipo de restricción, comentó que la selección de directores con los que trabajó obedeció al saber o intuir en qué medida trabajar conjuntamente con ellos y a la vez, reconocer que le iban a enriquecer personalmente.

En el evento, en el cual se proyectaron los trailers de las películas El extraño caso de Angélica, La leyenda del tío Boonme, Aita, La Mosquitera, Blown Horn, Familystrip, Singularidades de una chica rubia y Brau Blau, el reconocido productor señaló que para cada proyecto hay que dejarse llevar y no trazarse esquemas.

“A mi manera de ver, no hay manuales. Cuando uno está en frente de un cuadro, lo que seduce es el misterio que el artista pretendió representar, y que en el espectador despierte algo, ya sea misterio o emoción”.

Basado en su experiencia, el creativo señaló que la industria del cine no es de acogida ni se permiten los fracasos. “Es pequeña, exclusiva, muy cerrada. Si los realizadores han hecho una o dos películas y han funcionado, que den gracias pues quedarán instalados en la historia”.

En los últimos 15 años, Miñarro estuvo involucrado en más de 30 largometrajes. “Se dio la coyuntura en que tuve tantos proyectos que me interesaban, que estuve en un año a la vez en cuatro proyectos. Fue un volumen de trabajo excesivo donde entregaba muchos años de trabajo lo que era insalubre pues era vivir para ellos”.

En el evento el productor, acompañado de Nelson Carro, subdirector de programación de la Cineteca Nacional, dio su opinión sobre  el cine español que se produce para el mercado anglosajón. Dijo que uno de sus problemas y errores es que tiene la mirada puesta en Estados Unidos más que en su propio país, lo que implica, repetir un esquema que ya se hace en otros sitios para emular cierto éxito comercial.

A su manera de ver, el cine que se fabrica en Madrid tiene la mirada puesta al otro lado del Atlántico. No está acentuado en la sensibilidad española ni latinoamericana, mientras que en Cataluña se deja un margen de libertad a cada uno de los realizadores “siendo más débil desde lo industrial pero rico en lo creativo”.

Apuntó  que su cine no es de usar y tirar, ni desaparecerá con el tiempo por ser filmes vivos, que tienen un ritmo, viajan por el mundo y  han logrado conseguir pequeñas cantidades de dinero.  “Las películas que están en mi filmografía siempre las podré disfrutar de una manera o de otra”.

El productor partidario del género del melodrama, compartió que nunca ha renegado de ninguna de las películas que ha apoyado. “Me siento identificado con todas las películas que he hecho, me gustan todas, es lógico que algunas hayan tenido mayor exposición que otras, pues son autores muy diferentes entre sí.

“Un productor está metido en todo el proceso, en la idea, -más si es coproducción- en las discusiones con el realizador, en formar un equipo. La creatividad no sólo se ciñe en hacer una película, sino también en ver a cuál festival de cine participar, comercialización, robustecer la mediática favorable para el director. Hay una gran cantidad de pequeños detalles que hay que tener en cuenta”.

Finalmente indicó que en el trabajo de productor hay que confiar en otra faceta como la providencia, la casualidad o la causalidad. Si está en Cannes qué bien, si  no está, no te preocupes, estará en el festival en el que tenga que estar”.

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