Cuando los millones de consumidores acuden a las tiendas de todo tipo a comprar los productos alimenticios y no alimenticios pagan en promedio entre el 300 y el 400 por ciento más del precio real de los mismos, la ganancia no es para los productores originales, ni para los trabajadores que procesan alimentos, es para los grandes empresarios del país, para los grandes grupos, para los intermediarios.
Cualquier producto del que hablemos su precio al llegar al mercado se incrementa multiplicando varias veces su costo de producción. Veamos por ejemplo el maíz, base de la alimentación en México, el consumidor final paga hasta 14 pesos el kilo de tortilla, como ocurre en los estados del norte, el productor sólo recibe tres pesos por cada kilo, el precio se incrementa en más de un 300 por ciento.
Otro producto popular, el frijol, también base de alimentación, su precio actual llega casi a los 30 pesos el kilo, el productor recibe menos de seis pesos el kilo, el incremento es de casi el 400 por ciento en comparación a lo que se paga al productor.
La leche, otro producto básico, hoy se cotiza en el mercado hasta en 18 pesos el litro, el productor recibe entre 3 y 4 pesos el litro, el incremento es de casi el 400 por ciento.
La carne de res hoy se cotiza en 100 pesos el kilo, pero al productor no le pagan más de 10 pesos el kilo de ganado en pie, aquí el incremento es estratosférico como del 900 por ciento, inaudito, pero así es, los consumidores pagan casi 10 veces el precio original.
Así nos podemos ir en decenas y cientos de productos, todos con incrementos del 300 al 400 por ciento respecto al precio que se paga originalmente. El pueblo de México con salarios de hambre tiene que pagar elevados precios de todos los productos alimenticios y no alimenticios.
El sistema político y económico en México permite esto, lo tolera y forma parte, permite que poderosos grupos empresariales controlen a su antojo los precios. En México hubo control de precios hace muchos años, con la llegada de los gobiernos neoliberales todo se liberó, todo quedó en manos del voraz mercado, de los grandes grupos empresariales. Así se encareció todo, el salario se pulverizó, se volvió nada.
Después el sistema se volvió más agresivo, modificó leyes, siguió privatizando todo, la salud y la educación están en ese proceso, las leyes laborales se modificaron para dejar a las empresas en libertad total para contratar a trabajadores, en adelante los podrán contratar por hora y sin prestaciones, podrán pagar salarios mínimos e incrementar los precios hasta donde quieran.
En México la pobreza se da por ese desequilibrio, por ese libertinaje que se da a los grandes empresarios para que controlen todo, para que paguen miserias por productos y salarios, y vendan los productos procesados a precio de oro.
En este país no debería haber pobreza si se diera un equilibrio, si los productos se vendieran al precio justo, con un margen de ganancia justo para los comercializadores, para los grupos empresariales. Un par de zapatos, por ejemplo si fabricarlos costó 60 o 70 pesos ¿por qué se venden en 500 o 600 pesos? La ganancia es excesiva para los comercializadores, el Estado, el sistema, permite que los grupos se hagan multimillonarios pagando salarios de hambre a sus trabajadores y vendiendo sus productos hasta 10 veces más de lo que costó producirlos.
El mismo Estado vende sus servicios a elevados precios, caso concreto la electricidad y las gasolinas, un país petrolero con la gasolina más cara del mundo, insólito, esto sólo ocurre en México.
Los productores primarios de alimentos en México recienten esta política feroz y voraz, para ellos no hay épocas buenas, todas son malas, sus productos siempre se venden a bajo precio, en cambio tienen que pagar elevados costos de insumos, tarifas eléctricas elevadas, casi a 14 pesos el litro de gasolina y diesel haciendo incosteable la producción.
Los productores de alimentos, los agricultores, no tienen un gobierno aliado, el gobierno y el sistema es aliado de los grupos empresariales del país y el extranjero, por eso les abren las puertas para que hagan lo que quieran, les modifican leyes para que se ajusten a sus intereses, les donan grandes espacios de terrenos para que se instalen, les exenta impuestos, gobierna para ellos.
Por ese desequilibrio, por este Estado empresarial, en México crecen las oleadas de pobres, mismos que el Estado controla con limosnas, con programas eternos que no funcionan, con un seguro popular, que ni es seguro ni popular, pero que camina a la privatización del sector salud.










