Central de Abastos de Puebla, el centro de los alimentos
Hay tres cosas que no pueden faltar en la civilización humana: oxígeno, agua y alimentos. En ese orden se clasifican por su importancia, sin esos tres elementos, o solo uno de ellos, la vida no es posible.
En este mundo sofisticado del siglo XXI, sofisticado porque desde el punto de vista tecnológico los avances son tantos que no sabemos hacia dónde vamos y qué es los que nos espera. Si hoy un solo pequeño equipo que cabe en las manos es capaz de traspasar fronteras y mares para que en segundos estemos en otra nación de manera virtual, ¿qué ocurrirá mañana, en un futuro que tenemos cerca?
Todo podrá suceder, el ser humano podrá alcanzar las estrellas en futuro aun lejano, pero nunca podrá vivir sin oxígeno, sin agua y sin alimentos, nunca, hasta las máquinas necesitan agua en su proceso de producción.
No vamos a hablar precisamente lo que representan el oxígeno y el agua, que son la vida misma, la base de todo lo que existe, sino de los alimentos, de ese sector que no se debe descuidar para que los tengamos siempre al alcance.
Cuando hablamos de alimentos tenemos que referirnos al explosivo crecimiento demográfico en México y el mundo, tenemos que saber si los alimentos se producen en la misma proporción de la demanda, si hoy el planeta está aún en condiciones de proporcionar alimentos suficientes para dar de comer a los aproximadamente 7 mil 400 millones de seres humanos que habitan el planeta, o a los más de nueve mil millones de seres que se calcula habrá después del 2050.
Podrá haber mucha tecnología, pero también tiene que haber muchos alimentos para atender la creciente demanda, la población cada día pide más alimentos.
Ubiquémonos en México y preguntemos si aún las tierras agrícolas disponibles pueden alimentar a los cerca de 125 millones de mexicanos que somos hoy, o a los más de 150 millones que se cree habrá en el 2050.
Sí, por supuesto, la ciencia tendrá que ver con esto porque a medida que crezca la demanda de alimentos por el explosivo crecimiento demográfico, se deberán mejorar las técnicas de producción, los sistemas, las semillas, los rendimientos deberán ser más altos, de lo contrario se irá generando un déficit de alimentos y con ellos el riesgo de hambruna en amplias zonas del país y el mundo.
El reto es complicado, es complicado porque el comportamiento climático no es ya tan favorable, como se ve, hoy tenemos inviernos en primavera, o temperaturas extremas que acaban o dañan gravemente a la agricultura. Los ciclos de lluvia ya no son regulares.
Por eso hoy cuando hablamos de las centrales de abastos, nos referimos sencillamente a la concentración de alimentos para ponerse a disposición de la población a través de los canales de comercialización tradicionales.
Ahí en las centrales de abasto se puede observar con claridad la cantidad de alimentos que se están produciendo, su lugar de origen y calidad. Vemos los ascensos y descensos de la producción, vemos los efectos del cambio climático en tal o cual producto.
Si hoy por ejemplo se observa que el huevo sube de precio es porque algo sucede, podría ser especulación, la cotización de dólar, o el descenso de la producción.
Si hace unos meses el limón se fue por las nubes es porque la producción se vino abajo, o fue por un comportamiento del mercado, por lo que sea, pero el precio se elevó drásticamente.
Ahí en las centrales está la medición del mundo agropecuario porque es la bodega en donde se concentran los alimentos después de las cosechas o la producción. Cuando las cosechas se disparan, por ejemplo del jitomate, los precios bajan considerablemente, y todo lo contrario, cuando la cosecha ha sido pobre los precios se elevan.
Sí, vivimos en un país con una política de libre mercado, de oferta y demanda, lo que se presta para distorsiones y malas prácticas de mercado para responder a intereses de grupos, sin embargo, esto nada tiene que ver con la situación real de la producción, con la capacidad productiva porque con libre mercado o sin él, el reto es producir más alimentos para responder a la demanda.
La Central de Abastos de Puebla fue creada hace unos 25 años, la ciudad capital por fin tenía un lugar en donde concentrar, almacenar y comercializar los alimentos.
Sí, ya sabemos que aquí se da el fenómeno de la cadena comercial, que los primeros y los últimos son los eternos perdedores, los primeros, los productores, por recibir un bajo precio por sus productos, los últimos, los consumidores, por pagar los más altos precios. El sistema así es, el problema hoy no es que no haya alimentos sino que llegan caros.
Queremos ver a la Central de Abastos como el área vital en este caso para Puebla, de ella dependen casi tres millones de personas de la capital y su zona metropolitana, el impacto económico es enorme.
Creemos que por ser el lugar más importante, la reserva de los alimentos, la Central de Abastos debe formar parte del sector público, ser administrada por el gobierno.
Se requiere que el gobierno federal, estatal y municipal miren ya hacia la Central de Abasto, la atiendan como se debe, le brinden los servicios que requiere, le faciliten las cosas a los productores y comercializadores, ellos son tan importantes como la obras de salud y educación, ellos son los que comercializan los alimentos, casi nada, son ellos los que compran, almacenan, cuidan y reparten los alimentos, ellos son la reserva de alimentos, el banco de alimentos, el lugar en donde se concentran la cosechas, son el granero de los productos.
Ahí en la Central de Abastos son cientos, quizás miles de hombres y mujeres que manipulan y manejan productos, ellos tienen derechos, necesidades médicas, de vivienda, de seguridad de educación, de cultura, deportivas, etc. El gobierno está obligado a proporcionar todo eso.
La central de abastos requiere mantenimiento constante, equipos para el manejo de productos, necesita seguridad, vías de comunicación, transporte.
Casi no oímos al gobierno referirse a la Central de Abasto, es tiempo que lo haga. Se pueden hacer muchas cosas no sólo en beneficio de comercializadores y productores, sino de los consumidores, ellos son la parte final de la cadena.



