Washington.-Dos reservistas de la Guardia Nacional del Ejército estadounidense se encuentran detenidos hoy en California por presuntamente intentar pasar armas, municiones y equipos de protección a grupos armados y narcotraficantes en México.
Jaime Casillas y Andrew Reyes, de 22 y 34 años respectivamente, fueron acusados de vender armas sin certificación.
Reyes se enfrenta también a una acusación por comprar armas de fuego, incluyendo rifles de asalto AR-15, en Texas y transportarlas a California, precisó un reporte del diario San Diego Union Tribune.
Los hombres formaban parte de la Armería de la Guardia Nacional del Ejército en La Mesa, California.
Fueron detenidos el miércoles tras una operación encubierta de siete meses llevada adelante por la Agencia estadounidense de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés), precisó la fuente.
De acuerdo con la demanda presentada, los uniformados negociaban con un agente encubierto que aparentaba ser un comprador, quien les informó que las armas serían vendidas en México y caerían en manos de carteles de drogas.
Durante una de las transacciones, Casillas y Reyes incluso vestían los uniformes del Ejército de Estados Unidos.
Desde la primera reunión los oficiales le vendieron al agente encubierto numerosas armas y miles de municiones, que según los investigadores, fueron tomadas directamente del depósito militar estadounidense.
Luego de su captura, Casilla admitió algunos de los cargos y acusó a Reyes de haber sido quien se benefició de todas las transacciones ilegales.
Permanecen frescos los recuerdos del escándalo a raíz de la operación Rápido y furioso que permitió el traslado de miles de armas desde Arizona a México bajo vigilancia del gobierno estadounidense y detectadas luego en varios crímenes violentos.
Rápido y Furioso surgió durante la administración del presidente republicano George W. Bush (2001-2009), cuando agentes de inmigración emplearon la arriesgada táctica de permitir que armamento federal llegara a las redes de tráfico y armerías.
El objetivo era seguir las armas hasta los traficantes y grandes carteles de la droga, con el fin atrapar a capos que había eludido durante largo tiempo causas judiciales.
Sin embargo, unas dos mil armas de fuego abandonaron Estados Unidos y algunas de ellas se detectaron en la escena del crimen de un agente federal estadounidense, en diciembre de 2010, en México, hecho que destapó el escándalo.
Todavía cientos de artefactos de fuego siguen sin aparecer.









