Hipólito Contreras/
Mi nombre es Alejandra N. soy neurótica, llegué a los 20 años a la agrupación, jamás pensé que pudiera necesitar ayuda, pero ya me sentía muy mal, pensaba que los problemas de tipo emocional sólo les pasaba a los adultos.
Yo no era problemática, se tiene la percepción de que quienes necesitan ayuda psicológica y todo lo relacionado a lo emocional son niños agresivos, violentos, yo era muy cumplida, siempre fui de muy buenas notas, no era agresiva, sino todo lo contario, pero no imaginada que todo eso tan reprimidos que tenía me afectaba mucho.
Yo era demasiado tímida, introvertida, muy miedosa, me daba mucho miedo hablar en clase, me causaba mucho conflicto asistir a la escuela, sentía que no tenía amigos, pensaba que en cualquier momento me iban a dejar de hablar.
Durante muchas ocasiones mi mamá me decía, “yo conozco una alternativa, una terapia que se llama neuratin, no te gustaría ir”, yo le decía, no, porque era algo desconocido y lo desconocido siempre me ha dado miedo, yo pensaba, ¿ por qué voy a tener que hablar con personas que no conozco sobre mis problemas?, si ni siquiera con mis papás lo externo, tantas cosas me he guardado, como me sucedió muchas veces con la ayuda psicológica, no es que diga que no funciona, simplemente he sido muy fuerte esa inseguridad y timidez ante personas desconocidas.
Cuando tenía como cerca de 8 años tenía problemas, en las noches me orinaba, se supone que los niños a esa edad, se orinan cuando son más pequeños, mi mamá me decía es que si ti vas a neuratín vas a descubrir por qué te sientes así, al contrario de sentirme apoyada me sentó peor, no me gustó reconocer que tenía problemas.
Todo eso fue acrecentándose, creo que todas esas emociones que tenía me afectaron al grado que tenía desde los 18 años me daban ataques de pánico, sólo sentía que eran miedos muy intensos, para salir a la calle me era imposible, la gente afuera no entiende bien, ya me daba miedo subirme al camión, estar en lugares cerrados como elevadores, solo tenía ganas de salir corriendo.
No lo externaba, decía que era algo como escuchar casos de depresión, como síntomas poco comunes, estos miedos eran cada vez más difíciles de controlar, se volvieron una tortura a nivel interno, a los mejor por fuera me podía mostrar serena, tranquila, pero por dentro erra como un infierno lo que estaba viviendo.
Posteriormente me animé a llegar a la agrupación, es un ambiente de mucha confianza y respeto, los chavos saben desde un principio, se les da informes, tienen certeza de todo lo que aquí se comente aquí se queda, no se da registro a los papás, esto es algo que les da mucha confianza lo que hace que se queden, en el poco o mucho tiempo que se quedan cambian, mejoran en muchas cosas, están en un ambiente más positivo.










