Asunción.-Una verdadera alarma social enfrenta hoy Paraguay con la denuncia en apenas dos semanas de una serie de abusos sexuales con niñas de entre 2 y 10 años de edad y la sorprendente noticia del embarazo de algunas de ellas.
Atemorizadas porque los violadores son familiares cercanos, incluidos padres, y por la falta de crédito otorgada por las madres a sus protestas, junto a la miseria y la falta de una política educacional, las menores guardan silencio en la gran mayoría de los casos.
Sin embargo, todo pareció estallar en los últimos días con la aparición y divulgación nada menos que de 11 casos ocurridos en distintos lugares de la nación guaraní como una clarinada de la gravedad de la situación existente.
El primero de los dramas que sigue provocando un verdadero debate nacional es el de una niña de apenas 10 años de edad con seis meses de embarazo inmersa en un choque físico y sicológico tras ser víctima de la violación por su padrastro prófugo y de cierta complicidad de una madre inconsciente que fue detenida.
El peligro para la vida de la niña-madre, la vigencia de la ley que prohibe el aborto en Paraguay, las exhortaciones de organizaciones defensoras de los derechos de la niñez y la adolescencia abogando por interrumpir dicho estado de gestación y la negativa rotunda de la iglesia católica y el gobierno acaparan páginas de la prensa.
Pero precisamente el escándalo generado pareció impulsar el conocimiento increíble de una cadena de denuncias y hallazgos similares siempre teniendo a pequeñas como víctimas ahora saliendo a la publicidad.
Entre los ultimos casos están una de cinco años violada por su primo, tres hermanas de entre 10 y 12 años abusadas por su abuelo y primo; otra de cinco años violentada en plena avenida junto al río Paraguay, una de 10 embarazada por su padre y dos de 10 y 12 años, abusadas por su padre y padrastro, respectivamente.
Para no dejar salir del asombro y la indignación a quienes conocieron por la prensa de lo que está sucediendo, aparecieron un niña de 13 años con cinco meses de embarazo y los impactantes casos de una niña y un niño, de apenas dos años de edad, salvajemente violados.
Instituciones estatales y privadas, agrupaciones sociales, médicos y fiscales califican todo esto de epidemia permanente, pero mal evaluada por el tejido social paraguayo, que ahora reconoce falta de una educación sexual, la intransigencia contraria a la planificación familiar y la impunidad.








