UNA GRAN LECCION!!
Don Fausto era un hombre de más de 60 años que vivía solo en su lujosa casa, en la col. Narvarte.
Tenía 5 años de haber enviudado y su hijo, prácticamente de él se había olvidado.
Todas las mañanas él iba por sus tortillas al mercado.
Siempre amable a pesar de su enfermedad y su discapacidad.
Ya le habían amputado una pierna debido a su diabetes detectada y mal cuidada.
La chica de la tortillería siempre lo recibía con una sonrisa, y no permitía que se formara y enseguida lo despachaba.
En una ocasión al llegar a la tortillería él se desmayó y la chica salió del local y lo atendió.
Le puso alcohol en la cabeza y se lo daba respirar y el conocimiento recobró.
Saco de su pantalón una tarjeta y se la dio.
Don Fausto:
Niña! por favor; marca a este número, es de un hospital particular, ahí me están tratando y diles que necesito una ambulancia porque me cuesta trabajo respirar, atrás esta apuntado el número de mi hijo y dile lo que me pasó y que me alcancé en el hospital.
La chica obedeció, y al hospital ella marco.
Chica:
Listo Don Fausto ya marque al hospital y a su hijo.
Después de unos minutos llegó la ambulancia; y ella pregunto dónde quedaba el hospital a donde se lo llevarían.
El paramédico, le contestó y ella en una libreta apunto la dirección.
Cuando estaban subiendo a Don Fausto a la ambulancia, él le preguntó, que como se llamaba y ella le contesto que Juana.
Pasaron dos días y Don Fausto no iba a la tortillería.
Juana se preocupó y pidió permiso para ir a visitarlo.
Ella llegó al hospital, pidió informes y que si alguien lo había ido a visitar.
Recepcionista:
La recepcionista, le dijo que solo había ido su hijo, que solo pregunto cómo estaba y que se había ido.
Su hijo llegó, preguntó si estaba grave y si se iba a recuperar, dejó un número en caso de que falleciera, le hicieran el favor de marcar.
Juana:
No es posible así de cruel fué?
Recepcionista:
Así es señorita!
Juana:
Lo puedo pasar a ver? Por favor!
Recepcionista:
No se puede pero haré una excepción.
Juana :
Muchas gracias!
Juana entro a visitar a Don Fausto, estuvo todo el día con él y hasta la noche se salió.
Tres días después Don Fausto ya recuperado, fue a la tortillería y encontró a Juana llorando, ya que le habían dado un billete de 500 falso y su patrón se lo estaba cobrando.
Don Fausto, la vio, sonrió y un billete de 500 le dio.
Juana no se los aceptó y Don Fausto le dijo, te los presto y me los pagas como puedas.
Solo así Juana los aceptó.
El tiempo pasó y cierto día Don Fausto a Juana en la tortillería no encontró.
El preguntó pero nadie le quiso dar razón.
Se puso a investigar donde vivía, hasta que dio con su casa al siguiente día.
Juana le explicó, lo que había ocurrido y por qué la habían despedido.
Juana:
Mire Don Fausto, lo que pasó es que el dueño siempre me acosaba; y como nunca le hice caso me despidió y ni siquiera me pago mi semana.
No te preocupes mi niña, si tú sabes usar la máquina, yo tengo unos ahorros nos asociamos y ponemos una tortillería.
Juana:
De verdad? Yo encantada pero no tengo dinero.
Fausto:
Descuida yo te presto.
Pasó el tiempo y siguieron el proyecto, hasta que un día Don Fausto llevó a Juana a un despacho, donde el trato seria cerrado.
Juana:
Qué pena! Don Fausto, no sé leer y tampoco firmar.
Fausto:
Tienes credencial de elector?
Juana le contesto que sí y Don Fausto le dijo como le pusiste ahí, ponle aquí, y le dio a firmar varios papeles.
Por fin pusieron la tortillería y casi de inmediato les empezó a ir bien, ya que Juana era muy conocida en la colonia, ya que tenía mucho tiempo en la tortillería anterior y por su buen carácter y mejor calidad de la tortilla les iba de maravilla.
Todas las tardes Juana iba a la casa de Don Fausto, para hacer cuentas y así lo siguió haciendo, el negocio continúo creciendo e inclusive hablaban de poner otra.
Un lunes por la tarde Juana a la casa llegó y a Don Fausto no encontró, le pregunto a los vecinos y le contestaron que una ambulancia por don Fausto había venido.
Se lo había llevado al hospital donde la última vez lo fue a visitar.
Se trasladó para saber cómo estaba y en la recepción se encontró a la recepcionista que ella conocía.
Y le dijo que el hijo de Don Fausto, había ido, pero que había dicho lo mismo.
Que en caso de que falleciera le marcaran y si no que no lo molestaran.
Ella lo subió a verlo y estuvo con él, Don Fausto se recuperó y del hospital salió.
Un día el hijo de Don Fausto fue a verla a la tortillería.
Y le dijo; que eso, era de nacos y que cuando su papá falleciera ella se quedaría sin trabajo.
Juana, no le contestó ella lo escuchó y sólo lo miró.
Juana siguió con su rutina, y a Don Fausto seguía viendo después de la tortillería.
Un día; muy contenta porque había superado todas las ventas, fue a ver Don Fausto y su puerta encontró abierta, se adentro unos cuantos pasos y a Don Fausto encontró derrumbado.
Se agacho para auxiliarlo pero Don Fausto de un infarto este mundo había dejado.
Llamó a la policía, y dijo lo que ocurría, la ambulancia fue por él y nunca más lo volvió a ver.
Ella, siguió en la tortillería, hasta que el hijo de Don Fausto la desalojo un día.
No le dejó que sacara nada y hasta de su dinero fue despojada.
Al día siguiente el licenciado, con el cual los documentos habían ido a firmar la buscar con un citatorio le fue a dejar.
Ella le dijo, como quieren que les pague si me despojaron todo.
El Lic., no le contestó y el citatorio le dejó.
Llego el día, en el cual ella fue requerida y llevó todos sus ahorros que todavía tenía.
Llegó al despacho, y estaba el hijo de Don Fausto eso le lleno de terror, pero el Lic. la calmó.
El saco de su escritorio una carpeta y empezó a leer, era un testamento donde Don Fausto decía que todo su dinero, su casa y la tortillería a ella le había dejado.
El hijo de don Fausto al escuchar aquello se desmayó y Juana al Lic. llorando lo abrazó.
JUANA DISPUSO DE TODO LO QUE DON FAUSTO LE DEJO Y UN ASILO DE ANCIANOS FUNDÓ.




