Millones de mariposas Monarca vuelven por sus fueros a los santuarios de Michoacán, después de volar casi sin descanso más de cinco mil kilómetros desde la lejana Canadá.
¿De dónde este fabuloso y hermoso lepidóptero ditrisio saca tanta energía para realizar el vuelo y de qué ‘radares’ tan perfectos está dotado para no perder el rumbo en ida y vuelta e incluso retornar en muchos casos al árbol donde nació y del que partió hacia México?
No por gusto su avatar migratorio es considerado en el mundo científico una de las maravillas de la naturaleza no solamente por su resistencia para un viaje tan largo y extenuante, sino además por su sentido de orientación tan exacto y la certeza para determinar la entrada del invierno en su lugar de origen que marca el momento de la partida.
Es sorprendente que ninguna de ellas sin conocimiento anterior de un viaje a México, no se pierda en el camino y llegue a su destino, porque esta odisea solamente la hacen las mariposas nacidas a finales de verano o principios de otoño, y harán un único viaje de ida y vuelta.
Cuando comience la migración invernal del año que viene ya esta generación y las nacidas en el próximo verano habrán muerto, y las que emigren en 2010 serán tataranietas de las que están arribando ahora a México. Pero de alguna manera les dejarán en herencia la hoja de ruta.
Las monarcas no van a cualquier lugar de México, sino exactamente a los santuarios de Morelia principalmente y otros de Michoacán donde permanecen cinco meses hasta la terminación del invierno en su lugar de origen, y así todos los años desde tiempos ancestrales.
Bellamente coloreados en negro, naranja y blanco, estas mariposas les dan un atractivo espectacular a los santuarios donde se reproducen sobre las plantas de algodoncillo que les proporcionan su sustento principal.
Curiosamente su bello colorido es al mismo tiempo un arma de defensa que las identifica y hace que los depredadores no las ataquen porque esa policromía es la señal de que son venenosas y de mal sabor.
Las asiduas visitantes ya empezaron a llegar a Michoacán desde este viernes y permanecerán allí cinco meses, tiempo suficiente para movilizar a un ejército de turistas extranjeros y nacionales que llenan hoteles y otros hospedajes solamente para admirar la acuarela viva en que convierten los santuarios.
Se calcula que para mediado de mes los árboles de oyamel en santuarios prominentes como El Rosario y Sierra Chincua, ya estén saturados de monarcas, y será entonces cuando se abran al público con la venta de boletos de tres dólares o más.
El director de la Reserva de la Biosfera de la mariposa monarca, Felipe Martínez Meza, confirmó que este año se espera que lleguen a Michoacán 180 millones de mariposas en una superficie boscosa que sobrepasa las cinco hectáreas.











