Pierre Etaix se considera un hombre feliz, alguien que no solo se ha dedicado a sorber todo el tuétano a la vida, sino a varias vidas en las que ha sido cineasta, mago, payaso, pintor, ilustrador y artista de music hall.
En su primer día de actividades en nuestro país, que abarcan la inauguración del ciclo que organiza en su honor la Cineteca Nacional así como una exposición con fotografías y afiches de sus cintas, el artista ofreció una charla la noche del miércoles 23 de enero en la Casa de Francia, donde recibió los aplausos de numerosos admiradores de sus filmes.
Acompañado dentro del ciclo Café de las Imágenes por Nelson Carro, subdirector de programación de la Cineteca Nacional y el cineasta Fernando Eimbcke, Pierre Etaix confesó que nunca pensó en hacer cine y por eso le resulta extraño estar en México cuando se cumplen 60 años del estreno de su primera película.
«Cuando Buster Keaton comenzó a hacer cine venía directo de music hall, al igual que Jerry Lewis y Charles Chaplin, yo quise seguir también esos pasos y descubrí que la risa es algo que nunca se acaba, y aun cuando cambian los tiempos, no termina, por ello puedo asegurar que la risa es una de las cosas más serias del mundo».
Confesó pertenecer al cine cómico basado en gags y no tanto en diálogos, o lo que él define como «guiones habladores».
«La esperanza que yo tengo para que la comicidad continúe son todas esas buenas películas que vuelven a explorar la humanidad en todo aquello que nos hace reír».
Etaix recordó su película El gran amor, en la que un hombre casado se enamora de su secretaria, porque descubrió su necesidad de buscar otras maneras de contar una historia que no fuera el verbo.
«Tuve que reencontrar mis propios recuerdos amorosos para prolongarlos en un universo que a momentos parece completamente surrealista, descubrí que no son las situaciones excepcionales las que producen más risa, sino por el contrario, aquellas más sencillas que nos hacen humanos y que todos hemos vivido de alguna manera».
Evocó que el cine que siempre soñó hacer fue aquel emparentado con el clown, donde la vida humana fuera el material con el que él podía confeccionar cada secuencia.




