«Algo tan violento como la Decena Trágica en la ciudad de México no había ocurrido en muchos años. La gente que lo vivió y se salvó de morir en ella, fue testigo de algo muy brutal y conmovedor que en muchos sentidos cambió la historia. Hoy salimos de este recinto (La Ciudadela) en el que ocurrieron muchas cosas y que para la gente de esa época fue totalmente inédito».
Lo anterior es un comentario del historiador mexicano Álvaro Matute, quien con motivo de la conmemoración del Centenario de la Decena Trágica, la noche del jueves 14 de febrero impartió la conferencia La decena trágica, según testimonios y reconstrucciones, en la que hizo un recorrido bibliográfico-historiográfico de diferentes escritos que rememoran los acontecimientos vividos hace un siglo en la capital del país.
En el marco de la exposición De La Ciudadela de fuego a La Ciudadela: Ciudad de los libros, que se exhibe en el Patio de los Escritores de la Biblioteca de México «José Vasconcelos», el miembro de la Academia Mexicana de la Historia, inició su plática refiriéndose a testimonios elaborados por quienes estuvieron presentes en los acontecimientos, como Los últimos días del presidente Madero. Mi gestión diplomática en México escrito en 1917 por Manuel Márquez Sterling, estudio reconstructivo de lectura directa que ilustra sobre la «villanía» de su colega diplomático Henry Lane Wilson y es un mapa completo de personajes, pormenores y relaciones.
Señaló cómo el diario del embajador japonés Kumaichi Horiguchi plasma los acontecimientos en la Ciudad de México a través de una recreación directa que «baja del nivel político militar al de la vida diaria» y ofrece una visión humana del sufrimiento de la gente durante esos días. Otro relato al que hizo referencia fue el fresco y directo La ciudadela quedó atrás. Escenas vividas de La Decena Trágica del general Francisco L. Urquizo donde se reconstruye el ambiente de los hechos.
También mencionó los testimonios de Juan Sánchez Azcona, La etapa maderista de la revolución, y el breve escrito de 1963 La Decena Trágica de Juan Manuel Torrea.
Sobre textos que fueran reconstrucciones recomendó Febrero de 1913 de Martín Luis Guzmán, en el que se caracteriza a los actores de La Decena Trágica principalmente al embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, y al general Bernardo Reyes; Historia de la Revolución Mexicana, orígenes y resultados de Jorge Vera Estañol, el cual presenta el punto de vista del bando rebelde y es calificado como polémico al no concederle al maderismo fuerza «pero da la pauta de porqué intelectuales, como él, acompañaron a Huerta en su gobierno».
Enlistó a José Fuentes Mares con La Revolución Mexicana, memorias de un espectador; la obra de José C. Valadés, Historia general de la Revolución Mexicana en la que el lector encontrará precisión y fidelidad, y Temporada de zopilotes de Paco Ignacio Taibo II, el cual confesó no haber leído, pero es uno de los textos «al alcance la mano».
De libros monográficos sobre Madero, señaló dos biografías de los estadounidenses Stanley R. Ross y Charles C. Cumberlang, Francisco Madero, apóstol de la democracia mexicana y Madero y la Revolución Mexicana, respectivamente. Ambos -dijo- son claros y la reconstrucción de los hechos está encaminada para plantear el mecanismo de la traición.
Agregó en su ponencia, La revolución intervenida relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos en el que la autora Berta Ulloa desarrolla el problema entre las relaciones de Henry Lane Wilson y Madero. Huerta un retrato político de Michael C. Meyer, quien encabezó y formó una corriente revisionista de finales de los años 70 y principios de 80 donde «algunos profesores norteamericanos trataron de convencer que, a los se consideran villanos de la Revolución como Pascual Orozco, Félix Díaz y Victoriano Huerta, no eran tan malos».
De testimonios gráficos dijo encantarle Casasola y recomendar a sus alumnos hojear un rato La historia gráfica de la Revolución Mexicana, porque se aprende a identificar personajes, ubicarse en otras épocas y permite hacer seguimientos visuales y gráficos de todo el proceso revolucionario.
De materiales de imagen en movimiento señaló la reconstrucción fílmica Memorias de un mexicano de Salvador Toscano, y un documental (aún no tiene título final) de la Filmoteca de la UNAM comandado por el historiador y académico Aurelio de los Reyes, el cual hace un recorrido maderista del 5 de mayo de 1910 en Ciudad Juárez hasta su muerte el 22 de febrero de 1913.
Para cerrar la guía de publicaciones que desarrollan este hecho histórico, del que se cumple el centenario, mencionó a Cada quien morirá por su lado, la más reciente publicación del historiador Adolfo Gilly. «Creo que es un libro muy bien armado, en cuestión de fuentes y bibliografía no le falta nada. Tengo la impresión de que el autor llegó a este problema de la Decena Trágica por Felipe Ángeles, y logra con su buena pluma un libro que promete mucho».
El autor, compilador y coordinador de más de una docena de libros, en la charla realizada en el vestíbulo del teatro del recinto de La Ciudadela, también compartió algunas anécdotas alrededor de los acontecimientos que iniciaron el 9 de febrero de 1913, como la del profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, Erasmo Castellanos Quinto, quien nunca faltó a dar clases en los días de combate pero que los que sí faltaron fueron los alumnos.
Finalmente, expuso que por lo menos había transcurrido medio siglo en el que la Ciudad de México no vivía acontecimientos violentos y un enfrentamiento militar abierto como fue la Decena Trágica. «Ni siquiera en las Guerra de Reforma llegó a haber este tipo de enfrentamientos, como que a la capital la dejaban a un lado. […] Parafraseando a John Reed, fueron diez días que conmovieron a México».




