Rosa María Dávila Partida.-
La celebración del día de las madres este 10 de mayo de 2021 necesariamente va a ser diferente a los años anteriores, tanto por la pandemia y sus estragos en la vida de la mayoría de la población, como porque el 6 de junio de 2021 todo México saldrá a votar, en unas elecciones que decidirá en gran medida el rumbo que tomemos en asuntos de suma trascendencia para nuestro futuro.
Reconocer la abnegación, el sacrificio y la entrega de las mujeres a la noble tarea de ser madres de familia, es un deber de toda persona bien nacida y en México hace años que se les dedica la fecha especial del 10 de mayo. Ese día las madrecitas reciben las visitas, los regalos y las muestras de agradecimiento que son solo una parte de todo lo que merecen, por toda un vida dedicada a la familia.
Sin embargo, conforme avanza el siglo XXI, se escuchan cada vez más fuertes las voces de las mujeres inconformes con este rol tradicional, dentro y fuera del movimiento feminista, que reclaman cambios importantes. El nuevo estatus social que anhelan lo podemos sintetizar así: desean la equiparación de derechos con el hombre: poder estudiar, practicar disciplinas artísticas y deportivas, ser libres para divertirse, conseguir empleo, lograr la independencia económica y dejar de ser discriminadas en los salarios y las oportunidades para ocupar puestos de responsabilidad.
En Antorcha siempre hemos reconocido como válido el profundo y legítimo deseo de libertad de la mujer, su afán de desempeñarse en otras áreas fuera del estrecho horizonte doméstico. Pero también hemos alertado sobre el espejismo de esa supuesta “solución”. Hemos advertido que la independencia y la superación de la mujer no pueden alcanzarse permutando la prisión del hogar por la explotación en una oficina, una fábrica o una tienda de autoservicio, donde la mujer labora por un miserable salario, porque el negocio tiene como propósito central dejar ganancias al patrón. Se habrá dado un paso importante, se habrá avanzado en conquistar la independencia económica, pero nada más. Y esto lo ven muy claro todas las mujeres que protestan contra la “doble jornada”, trabajo en el hogar y trabajo para tener ingresos, que se ha revelado como una esclavitud que trunca sus posibilidades de mejoramiento económico y espiritual.
Nuestro gran líder, el Ing. Aquiles Córdova Morán, hace unos días llamó al pueblo mexicano a forjar el nuevo modelo de familia, que no surgirá jamás en el seno del neoliberalismo, la forma de capitalismo más rapaz que hemos conocido hasta hoy, porque su esencia concentradora de la riqueza mundial en pocas manos es incompatible con un trato considerado con la mujer y sus necesidades. Nos ha convocado a dar una lucha de gran alcance, de padres, hijos y madres, que permita la verdadera liberación de la mujer, es decir, que el cuidado de niños y ancianos corra a cargo de instituciones del estado, con personal debidamente capacitadas para realizarlos con una calidad y calidez superior a la de las madres. Sólo entonces la mujer podrá escapar a la esclavitud del hogar y dedicará su tiempo y energías a realizarse en las áreas de su interés. Pero este logro está en el porvenir de nuestra sociedad.
En lo inmediato urge que todos nos demos cuenta de que en nuestro país se está librando una guerra muy cruel. Algunos se sorprenderán con esta afirmación, porque no ven los fusiles o las bombas, ni se oye el tableteo de las ametralladoras, pero lo cierto e innegable es que sí hay muchas bajas entre la población. Sin contar los 35 mil 588 homicidios ocurridos en 2029, el año más violento del que se tenga noticia, por la alarmante inseguridad pública, que crece incesantemente ante la incapacidad del gobierno para enfrentarla.
Tenemos a los que pierden la batalla ante el coronavirus, hasta el momento más de medio millón, según estudiosos independientes del gobierno. A estos hay que agregar las largas listas de los lisiados, es decir, los que lograron recuperarse del Covid 19 (un millón 882 mil 366 según cifras oficiales) pero contrajeron otras enfermedades como secuelas del virus, de los cuales no se lleva un registro pormenorizado. Si los contamos con cuidado veremos que son más de dos millones de bajas, entre fallecidos y lisiados. Un verdadero genocidio, denunciado con ese calificativo por varios organismos.
Genocidio resultado de la política de la 4T que comete un doble delito, por una parte abandona a la población a su suerte, para que se mueran todos los que se tengan que morir y, de la otra, miente sobre la gravedad y letalidad de la pandemia, por ejemplo haciendo creer que los niños no se contagian ni corren peligro, cuando las estadísticas registran que se han enfermado 50 mil 706, y que buen número de ellos pueden sufrir un infarto mortal antes de cumplir los 30 años, porque su sistema circulatorio sufre daños irreparables.
Este es el genocidio que urge parar, con dos medidas muy concretas, impedir el regreso a clases hasta que no esté vacunado por lo menos el 70% de la población, en primer lugar estudiantes y maestros. También hay que exigirle al gobierno que dedique recursos a la compra de vacunas para toda la población. Urge que las madrecitas mexicanas, entren a defender a sus maridos y a sus hijos, que entren a parar esta masacre. Porque, de no hacerlo, nadie nos va a garantizar su vida, ni mucho menos su bienestar.
El mal gobierno de MORENA, responsable de la mayoría de estas muertes, debe recibir el rechazo unánime de la población en las próximas elecciones. Estamos seguros que todas las madres del país entero, tomarán su lugar en esta lucha en defensa de sus familias.







