Enrique Pluma.-
La situación que atraviesa el Bachillerato Digital 283 en el municipio de Amozoc, no es un hecho aislado ni un simple problema de burocracia administrativa. Tras ocho años de promesas incumplidas, solicitudes archivadas y un silencio sistemático por parte de los tres niveles de gobierno, nos encontramos ante una radiografía perfecta de cómo ópera el Estado en una sociedad dividida en clases. La justa exigencia de un terreno propio para esta institución, abanderada por el Movimiento Antorchista y los padres de familia pone al descubierto que la educación popular bajo el régimen actual no es un derecho garantizado, sino una trinchera en constante disputa.
Desde una perspectiva científica y materialista, entendemos que el Estado actual no es un árbitro neutral que busca el bienestar común, sino un aparato político diseñado para perpetuar los intereses de la clase dominante. Bajo esta lógica, los recursos públicos y la planeación urbana se subordinan a la acumulación de capital y al beneficio de las élites locales. Mientras los desarrollos inmobiliarios y las facilidades para las corporaciones privadas se autorizan con celeridad, la infraestructura escolar destinada a los hijos de los obreros y campesinos es relegada al olvido. Para la juventud proletaria de Amozoc, la respuesta oficial es la marginación y el hacinamiento.
El hecho de que los más de 200 estudiantes de este bachillerato tengan que tomar clases en un espacio prestado por la Secundaria Técnica Número 147 no es una casualidad; es el reflejo de la precarización planificada. Sin embargo, este escenario también ha servido para demostrar la vigencia y la necesidad de la organización comunitaria. Las aulas provisionales que hoy albergan a los jóvenes no se levantaron con el presupuesto del ayuntamiento ni con subsidios gubernamentales; son el resultado directo del trabajo colectivo, las faenas y el esfuerzo coordinado entre los padres de familia y la vanguardia organizada que representa Movimiento Antorchista. Es la solidaridad de clase resolviendo los problemas que el poder político ignora.
La denuncia del directivo respecto al bloqueo deliberado por parte del ayuntamiento local revela el carácter reaccionario de las autoridades. Negar la donación del terreno bajo el argumento de la filiación política de la comunidad escolar constituye un acto de discriminación ideológica y una violación a los derechos más elementales de la población. La administración municipal utiliza las instituciones no para servir al pueblo, sino como un mecanismo de coerción y castigo contra aquellos sectores que deciden educarse, concientizarse y organizarse de manera independiente. Se evidencia así el rostro más autoritario del aparato local: castigar la combatividad popular cerrando las puertas del desarrollo educativo.
Esta contradicción nos obliga a reflexionar sobre el papel de la educación en el proceso de transformación social. Para las clases dominantes, el analfabetismo funcional y la falta de espacios educativos dignos funcionan como herramientas de control; un pueblo desinformado y sin acceso a la ciencia es más fácil de explotar. Por el contrario, un proyecto como el Bachillerato Digital 283 representa un peligro para el orden establecido porque busca dotar a la juventud de herramientas críticas. Por ello, la lucha por el terreno no es únicamente una demanda material por ladrillos y cemento, sino una lucha política por el derecho de los trabajadores a poseer el conocimiento.
Hacemos eco de la exigencia de la comunidad escolar de Amozoc. La construcción de instalaciones dignas para el Bachillerato Digital 283 es una necesidad urgente que no puede esperar más compromisos de campaña ni dilaciones electorales. La juventud proletaria tiene derecho al arte, a la ciencia, a la cultura y a espacios adecuados para su desarrollo integral. Haya o no respuestas en los escritorios oficiales, el camino trazado por los padres de familia y el Movimiento Antorchista demuestra que solo el pueblo organizado salvará al pueblo, manteniendo la combatividad hasta lograr que la educación deje de ser un privilegio de clase y se convierta en una realidad para todos.














