Un representante iraní en la región informó el domingo que al menos 5.000 personas murieron en las recientes protestas en Irán, incluidos unos 500 miembros del personal de seguridad. El funcionario, que habló con Reuters bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad del tema, culpó a “terroristas y alborotadores armados” de matar a “iraníes inocentes” y afirmó que “Israel y grupos armados extranjeros” habían apoyado y equipado a los manifestantes.
El representante indicó que algunos de los enfrentamientos más intensos y el mayor número de muertos ocurrieron en las zonas kurdas del noroeste de Irán, una región donde los separatistas kurdos han estado activos históricamente. “No se espera que la cifra final de muertos aumente mucho”, agregó. Las autoridades iraníes suelen culpar de los disturbios a enemigos extranjeros, entre ellos Israel, archienemigo de la República Islámica que lanzó ataques militares contra Irán en junio.
El grupo de defensa de los derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, reportó el sábado un número menor de víctimas mortales: 3.308 confirmadas, con otros 4.382 casos bajo investigación. El grupo también afirmó haber confirmado más de 24.000 detenciones. Por su parte, el grupo de derechos de los kurdos iraníes Hengaw, con sede en Noruega, señaló que las zonas kurdas del noroeste estuvieron entre las regiones que enfrentaron fuertes medidas de seguridad durante las protestas de finales de diciembre.
Las Naciones Unidas denunciaron el lunes que Irán parece estar utilizando las ejecuciones “como una herramienta de intimidación estatal”, mientras condenaba un aumento global de la pena capital en 2025. El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Turk, afirmó que la república islámica ejecutó a unas 1.500 personas el año pasado. “La escala y el ritmo de las ejecuciones sugieren un uso sistemático de la pena capital como herramienta de intimidación estatal, con un impacto desproporcionado en las minorías étnicas y los migrantes”, advirtió.
El aumento de ejecuciones en Irán —que según grupos de derechos humanos es el país que más ejecuta en el mundo después de China— contribuyó a “un incremento alarmante” en el uso de la pena capital a nivel mundial el año pasado, señaló Turk. Muchas de esas ejecuciones fueron “por delitos que no cumplían con el umbral de ‘crímenes más graves’ requerido por el derecho internacional”, criticó, condenando también “la continua ejecución de personas condenadas por crímenes cometidos cuando eran menores, así como el persistente secretismo en torno a las ejecuciones”.
En el caso de Irán, al menos el 47 por ciento de las ejecuciones en 2025 estuvieron relacionadas con delitos de drogas, informó la oficina de derechos humanos de la ONU. El aumento había sido impulsado especialmente por un creciente número de ejecuciones por delitos relacionados con drogas que no involucraban homicidios intencionados. “Esto no solo es incompatible con el derecho internacional, sino también ineficaz para disuadir el crimen”, insistió Turk.
Los ayatollahs justificaron el endurecimiento de la respuesta en supuestos “actos terroristas”, mientras organismos de derechos humanos alertaron sobre miles de detenidos, ejecuciones y un prolongado bloqueo de internet.
El régimen iraní endureció este lunes su respuesta frente a la ola de protestas que sacude el país desde hace semanas, y advirtió que aplicará “castigos decisivos” a quienes considera responsables de los llamados “incidentes terroristas”.
Radan amenazó con la aplicación “de todo el peso de la ley” si los jóvenes movilizados no se entregan a las autoridades en un plazo de tres días. “Aquellos que se involucraron de manera involuntaria en los disturbios serán tratados con clemencia”, sostuvo en la televisión estatal, pero dejó claro que la represión será implacable contra quienes el régimen considera instigadores.
El régimen justifica la violencia acusando a “enemigos externos”, principalmente Estados Unidos e Israel, de promover la “sedición” y buscar la desestabilización de Irán. El ayatolá Alí Khamenei fue explícito al declarar que “hay que romper la espalda de los sediciosos”, en un claro llamado a aplastar cualquier forma de oposición. La represión ha incluido la aplicación sistemática de la pena de muerte: la ONU denunció que Irán ejecutó a 1.500 personas el año pasado y advirtió que el uso de la ejecución se ha convertido en un instrumento de intimidación masiva.






