Por Marcela Jiménez Avendaño
Hace 24 años, a 41 días de haber tomado posesión, el entonces Presidente Carlos Salinas de Gortari, decidió implementar un golpe de legitimidad con la detención de Joaquín Hernández Galicia alias “La Quina”, líder del Sindicato Petrolero, acusado de posesión ilegal de armas, evasión fiscal, homicidio calificado y de atentar contra la seguridad nacional, aunque no por enriquecimiento ilícito y corrupción, lo que era más que evidente.
Cabe decir que había un gran distanciamiento y desacuerdos políticos entre la dirigencia de ese Sindicato y el recién electo Presidente que se originaron desde el sexenio anterior cuando Salinas era responsable de Programación y Presupuesto y “La Quina” el principal obstáculo para las reformas sustantivas que se promovían para PEMEX y que propugnaban por disminuir la presencia sindical en el manejo de la industria y sus exacerbados derechos contractuales. A partir de ahí salieron alrededor de 3000 empleados eventuales y se hizo una revisión del contrato colectivo dándole mayor libertad operativa a la empresa. Hubo un paro generalizado en protesta por la detención pero poco a poco, este líder, fue siendo abandonado por los suyos.
Tan solo 4 meses después, Salinas destituyó a Carlos Jongitud Barrios, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, al que le pidió su renuncia y colocó en su lugar a Elba Esther Gordillo, quien se mantiene en el cargo hasta hoy pese a haber sido detenida ayer. Jongitud había dejado de ser útil al sistema al oponerse abiertamente al Secretario de Educación Pública y sus políticas, llegando incluso a pretender esa cartera arguyendo su capacidad organizativa y el control de miles de maestros. Su estilo caciquil y su intransigencia para negociar hacia afuera y hacia adentro generaron las bases para su remoción. ¿Le suena? Este cambio no generó mayor desestabilización en el gremio magisterial, tan solo hubo algunos paros, marchas y mítines.
En resumidas cuentas, Salinas fracturó los liderazgos sindicales que le estorbaban, inició una nueva política laboral mucho más modernizadora, e impulsó nuevas políticas pública, sin embargo, no atacó los problemas de corrupción y abusos en las dirigencias de estos sindicatos de los que el gobierno era, sin duda alguna, cómplice.
Ahora, 4 sexenios después, estamos siendo testigos de una estrategia política similar. Pasamos del conocido “Quinazo” al “Elbazo”.
A la aprehensión de Elba Esther Gordillo seguirán algunas marchas, plantones, la corredera de quienes se sepan culpables, la persecución de algunos otros liderazgos, la traición interna que se ajustará a las nuevas reglas, el deslinde de sus hasta hoy incondicionales; y muy probablemente también siga la renuncia de un Romero Deschamps y camarilla -hemos de recordar que uno de los pilares de este gobierno será la Reforma Energética-.
Hemos de aclarar que la sola detención de Gordillo no necesariamente incidirá en una mejora educativa o en la eliminación de los vicios, corrupción, impunidad, tráfico de influencias y opacidad que existe al interior del SNTE o del resto de los sindicatos de los trabajadores del Estado.
Siendo así, los mexicanos esperaríamos que se vaya más allá del golpe de poder espectacular visto. Los dos elementos, tanto el jurídico como el político, debieran llevar no solo a una mejora en la imagen presidencial y su efecto en las próximas elecciones sino a la real posibilidad de disminuir la injerencia de estos poderes fácticos en las decisiones del Estado; que se pase del solo castigo de quien ha abusado de su cargo y cínicamente ha utilizado recursos públicos para uso personal, a la extensión de la persecución y castigo de todos los políticos de quienes se sabe han actuado de forma similar -tan solo por poner un ejemplo ahí están Sabines, Granier y Moreira-; deseamos sea más que el simple cambio de un dirigente que ya no me sirve por otro a modo, sino resolver los problemas de caudillismo, clientelismo y patrimonialismo con que se manejan estos sindicatos, impulsando cambios internos que garanticen la democracia en la elección de sus dirigentes y en la toma de decisiones, así como la transparencia interna y externa de montos, uso y destino de sus recursos.
Esperamos, en resumen, que termine esta historia sin fin, se aplique la ley a cabalidad, que no se vulneren las instituciones y que el compromiso real sea con el abatimiento de la corrupción y de la impunidad, y no simplemente de los enemigos políticos.
En tanto vemos hacia donde se mueven las aguas, nos leemos la próxima semana…..










