Antonio de Cabezón, importante músico del Siglo XVI

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Hablar de Antonio de Cabezón, es hablar de uno de los músicos de tecla más importantes del siglo XVI, declaró el doctor Antonio Ezquerro Esteban, connotado musicólogo y especialista en música antigua, al impartir una conferencia en la Sala de Lectura de la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la BUAP.

El también investigador del Consejo Superior de Investigación Científica de España (CSIC), señaló que el acervo de Antonio de Cabezón se repartió en ambos lados del océano Atlántico. «Sus obras fueron anotadas por su hijo, puesto que no sabía leer ni escribir», las cuales están compiladas en «Obras de música para tecla, arpa y vihuela».
Indicó que la recuperación musicológica de Cabezón la realizaron Hilarión Eslava, Mariano Soriano-Fuertes, Baltasar Saldoni, José Parada y Barreto, pero fue Felipe Pedrell quien publicó algo al respecto.
«Pedrell conoció seis ejemplares, ahora se han localizado 12 distribuidos en las bibliotecas de Madrid, Washington, Londres, Nápoles en Italia y por supuesto en México, específicamente en la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la BUAP».
A pesar de ser ciego, tuvo un gran renombre internacional, realizó varios viajes por Europa y sorprendió con su arte, entre los países que visitó están Inglaterra e Italia. Asimismo instruyó a los grandes señores de la monarquía, además de deleitar con sus interpretaciones a la corte de Carlos V.
Ezquerro Esteban mostró algunas de las partituras de sus obras, así como la discografía que han realizado al autor; después para abordar un poco más relató su biografía de uno de los compositores más sensibles de la época.
Por su parte el doctor Luis Antonio González Marín, especialista del CSIC, situó que la música de aquella época dependía totalmente de la Iglesia y de la Corte del rey, «eran las únicas instituciones donde se practicaba, componía y enseñaba música, es decir, eran los centros de producción».
En la conferencia «El tratado de música de Antonio de Cabezón (1578) de la Biblioteca Lafragua», expresó que la música era vocal y por ende transmitía textos sagrados, la cual se transmitía en papel. «Los instrumentistas no tenían una música como tal, al inicio se limitaban a imitar a la voz».
Las capillas de música estaban formadas sólo por varones y junto a los cantores existía el puesto de organista. También existían coplas de ministriles, una agrupación que tocaba instrumentos de viento como flautas y en determinado momento tocaban en las capillas.