Con un profundo espíritu de gratitud este domingo concluimos nuestro XXII Congreso Internacional de la Divina Misericordia, celebrado los días 10 y 11 de octubre en el Centro de Vinculación UPAEP, en la ciudad de Puebla.
Durante estos dos días vivimos un encuentro de oración, formación y fraternidad, que reunió a devotos de la Divina Misericordia provenientes de Costa Rica, Estados Unidos, Saltillo, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Veracruz, Oaxaca, Libres, Zacatlán y distintas parroquias de nuestra Arquidiócesis de Puebla, quienes compartieron su fe y su deseo de profundizar en el amor misericordioso de Jesús.
Las actividades de este segundo día comenzaron con la bienvenida y el ofrecimiento de la jornada al Señor, a cargo del Pbro. Paulo Carvajal Ramos, director del Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia.
Posteriormente, la comunicadora y conferencista Rosy Peláez presentó la reflexión «La paz que el mundo no puede dar: Custodiar el corazón en un entorno acelerado», invitando a los participantes a reconocer la importancia de cultivar la paz interior y fortalecer nuestra relación con Dios en medio de las preocupaciones y exigencias de la vida cotidiana.
Uno de los momentos más significativos de la mañana fue el rezo comunitario de la Coronilla a la Divina Misericordia, durante el cual unimos nuestras voces y corazones para implorar la Misericordia de Dios por nuestras familias, por México y por el mundo entero, haciendo nuestra la súplica: «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero».
La jornada continuó con la conferencia del Pbro. Octavio Ventura Moreno, L.C., titulada «Apóstoles de la Misericordia: De la experiencia del altar a las periferias diarias», una reflexión sobre la misión de llevar el amor misericordioso de Cristo más allá de nuestros templos, especialmente a quienes necesitan cercanía, consuelo y esperanza.
Más adelante, Miguel Arcángel Gutiérrez Bocanegra compartió la ponencia «María, Madre de la Misericordia: Modelo de fe, confianza y consolación», en la que se profundizó en el ejemplo de la Santísima Virgen María como Madre que acompaña a sus hijos y nos enseña a confiar plenamente en Dios.
La clausura del Congreso tuvo como momento central la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por Mons. Víctor Sánchez Espinosa, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Puebla, y concelebrada por nuestros Obispos Auxiliares, Mons. Francisco Javier Martínez Castillo y Mons. Tomás López Durán y de sacerdotes de distintas diócesis del país.
A lo largo de ambas jornadas, las conferencias, testimonios, celebraciones y momentos de oración nos recordaron que la Misericordia no es solamente una devoción, sino una invitación permanente a transformar nuestra manera de vivir, a reconciliarnos, a perdonar y a convertirnos en instrumentos de paz.
Desde el Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia, expresamos nuestro agradecimiento a los sacerdotes, conferencistas, colaboradores, voluntarios y a cada uno de los participantes que hicieron posible esta vigésima segunda edición.
De manera especial, agradecemos a quienes viajaron desde distintos lugares de México y del extranjero para compartir este encuentro, dando testimonio de una fe que nos une más allá de las distancias.
Concluimos nuestro Congreso, pero nuestra misión continúa. Que las gracias recibidas durante estos días den fruto en nuestra vida cotidiana y nos impulsen a llevar la Misericordia de Dios a quienes más la necesitan.














