Brilla el violinista Joshua Bell con la Orquesta Sinfónica Nacional

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Con las notas de su violín Stradivarius, valuado en 3 millones y medio de dólares, surcando las majestuosas naves de resonancia de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, el virtuoso estadunidense Joshua Bell, acompañó a la Orquesta Sinfónica Nacional en la inauguración de su segunda temporada 2012.

La noche del viernes 7 de septiembre, el director artístico de la agrupación musical más prestigiada del país, Carlos Miguel Prieto, salió al escenario entre los vítores y aplausos del público congregado en el recinto, y entre quienes se encontraban numerosos melómanos y admiradores de las obras de Bernstein, Copland y Ravel, entre otros.
El concierto 17 de la OSN se inclinó hacia una revisión de joyas contemporáneas, comenzando con la ejecución de El Salón México, de Aaron Copland, compuesta entre 1932 y 1936, y considerada un poema tonal que describe la atmósfera del legendario salón de baile de la ciudad de México.
La Orquesta Sinfónica Nacional ofreció por vez primera esta composición bajo la dirección de Carlos Chávez en 1937, y la obra fue estrenada en los Estados Unidos en 1938.
Aunque Copland visito México a principio de los años 30, él baso esta obra tonal en las partituras de al menos cuatro canciones vernáculas mexicanas: El Palo Verde, La Jesusita, El Mosco y El Malacate.
Como dato curioso, esta obra fue ejecutada por Leonard Bernstein para la grabación de un disco de Columbia Records y Deutsche Grammophon, y sería el mismo Copland quien dirigiría el proyecto.
El público reunido en la sala ofreció un largo aplauso a esta interpretación, que sirvió de preámbulo para continuar con el mismo Leonard Bernstein y la ejecución de su pieza On the waterfront.
Después del intermedio, el concierto prosiguió con la presencia de Joshua Bell y la impecable ejecución del Concierto N°1 para violín, del compositor Max Bruch, fallecido en 1920, y considerada por sus variaciones y matices como una de las piezas más inclasificables de las compuestas para este instrumento de cuerdas.
Joshua Bell sedujo el oído de los asistentes con un enérgico manejo del arco, por el cual recibió un aplauso de pie en el Palacio de Bellas Artes.
Finalmente, la noche cerró con la monumental pieza Tzigane, para violín y Orquesta, de Maurice Ravel, en la que nuevos clamores por parte de los asistentes se sintieron en toda la sala, celebrando la exitosa asociación para la inauguración de esta segunda temporada, del virtuosismo de Bell y la sólida resonancia de la Orquesta Sinfónica Nacional.