lunes , marzo 1 2021

Dos años han transcurrido, ¿qué nos depara 2021?

Romeo Pérez Ortiz

 

Dos años han transcurrido desde que el partido Morena tomó el timón del país. Dos años en que el presidente de la República ha repetido una y otra vez que él y su partido son los salvadores de los pobres. El mismo número de años que prometió al pueblo de México acabar con la corrupción y la impunidad. Ha transcurrido un año exactamente desde que pronunció un discurso florido, en el que apuntó que en diciembre del año pasado tendríamos hospitales de primer mundo iguales a los que se encuentran en Dinamarca, Reino Unido y Canadá. Dos años hace que prometió mejorar la educación popular con la creación de sus “Universidades” del Bienestar Benito Juárez (UBBJ). La misma cantidad de años tiene que prometió bajarle el precio a la gasolina. Otros tantos, que prometió hacer crecer la economía de México de manera pujante y constante en un cuatro por ciento y que sustituiría al modelo económico neoliberal por uno mejor, discursos parecidos que convencieron al pueblo desorganizado y no educado de México a que votaran por él y por su partido. Sin embargo, a dos años de su gobierno, la realidad es totalmente diferente: no se ha sustituido el viejo modelo económico neoliberal por uno nuevo y mejor y tampoco vemos el crecimiento económico al cuatro por ciento prometido por el presidente de la República.

En efecto, la pobreza y la desigualdad han aumentado, como lo muestran las estadísticas. Veamos. Desde el comienzo de la Covid-19 hasta agosto del año pasado, de acuerdo con la revista Forbes, 12 de agosto de 2020, México llevaba un acumulado de un millón 185 mil trabajos formales desaparecidos; la misma revista revela también que en cuanto a ingresos, 16 millones de mexicanos pasaron a la lista de los más pobres. Similar fenómeno se observa en el Índice de Desarrollo Humano (IDH): de acuerdo con el documento Desarrollo humano y Covid-19 en México: desafíos para una recuperación sostenible, “México pierde un 22.5% de su índice global a raíz de las disparidades sociales, agudizándose la dimensión de los ingresos” (Jiménez de Luis et al., 2020, pág. 11); en la misma página, el autor argumenta que “siete de cada 10 personas que nacen en el quintil más pobre no logran superar la línea de pobreza”. En el sector agrícola, el fenómeno es similar, la crisis también es severa. De acuerdo con el doctor Abel Pérez Zamorano, “hubo una reducción de 40.2% en los dos últimos años” y para el 2020, en importaciones hubo dos millones más de toneladas de maíz con respecto al 2019, “un récord de 18 millones de toneladas” (buzos de la noticia, No. 953, pág. 36).

En cuanto al sector salud, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2020, México tiene uno de los presupuestos más bajos de todos los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE): “ocupa el tercer lugar con menor gasto corriente en salud como proporción del PIB y en el último lugar en el gasto per cápita” (pág. 16); además, hay “una reducción para los recursos destinados al control y vigilancia epidemiológica” (pág. 16), como se está observando actualmente en la adquisición de las vacunas por parte del gabinete presidencial al no contemplar el 83 por ciento de la población mexicana en su plan de vacunación de dos años. México ya rebasó un millón 600 mil casos confirmados de Covid-19, un acumulado de más de 140 mil muertes, con una tasa de mortalidad constante del nueve por ciento que lo coloca como cuarto lugar a nivel mundial con más decesos. Una desgracia sanitaria de lo más inhumano que no conmueve al presidente de la República.

Lo mismo podemos decir con respecto a la educación. El escenario no es nada alentador: la pandemia vino a develar aún más las deficiencias del sistema educativo mexicano. Solo por tomar algunos datos proporcionados por Lorenzo Jiménez de Luis, en la página 39 de su estudio: “solo el 44% de los hogares cuentan con equipo de computación y únicamente 56.4% con conexión a Internet”, pero en las zonas rurales solo el “20.6% y 23.4% de los hogares cuentan con computadora y con conexión a Internet, respectivamente”. Pero si comparamos el acceso a la educación virtual de los estratos altos con respecto a los de estrato bajo, la diferencia es abismal, como lo muestra Lorenzo Jiménez de Luis: en los estratos altos “9 de cada 10 hogares cuentan con conexión a Internet”, mientras que los de estrato bajo “solo dos de cada 10 hogares cuentan con conexión”. Si le sumamos a esta crisis las deserciones, el panorama educativo se hace cada vez más sombrío: de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el ciclo escolar 2019 – 2020 hubo una deserción de 2.5 millones de alumnos desde el nivel preescolar hasta el nivel secundaria, mientras que 305 mil 89 estudiantes universitarios dejaron de estudiar, de acuerdo con el PNUD.

En el campo de la ciencia y la tecnología, también el retroceso es significativo: no solo no se invierte lo que la OCDE recomienda, que es de 2.4 por ciento del Producto Interno Bruto, sino que del 0.48 por ciento que se invirtió en 2017, en 2020 la inversión disminuyó a 0.38 por ciento, y para 2021, el panorama es más sombrío todavía, pues fueron eliminados 91 fideicomisos pertenecientes al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) destinados a la investigación y al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Como ve querido lector, las crisis de cualquier tipo, educativa, sanitaria o económica pegan por todos lados al mexicano, y sobre todo al mexicano pobre, como se observa en los siguientes datos:

La economía mexicana, no solo no ha crecido, sino que sufrió una caída libre de nueve puntos porcentuales hasta el cierre del año pasado, de acuerdo con las estimaciones del Banco de México (Banxico). Para este año, de la pérdida de más de 12 millones de empleos ocurrida en 2020, poco se recuperará.

México, pues, vive una verdadera tragedia sanitaria, educativa y económica, mientras que el presidente de la República desde su púlpito mañanero no ha dejado de pronunciar que en México todo está bien, que somos un país exitoso, que en marzo nos recuperaremos económicamente, que las vacunas ya están en camino, que la luz al final del túnel ya se ve, y cuestiones parecidas, en lugar de que él y su gabinete se ocupen realmente de la tragedia que azota a todos los mexicanos.

Este año será más sombrío que el pasado, México ni de cerca está al final del túnel, al contrario, hoy la pandemia ha recrudecido su ataque, con más de mil muertos diarios, el hambre ha crecido en los hogares de campesinos, obreros y maestros; este año la persecución política, el abuso del poder y la coacción de libertad de expresión se acentuarán cada vez más, pues es un año de elecciones y Morena recurrirá a todos los mecanismos coercitivos que tiene a la mano. El año 2021, será un año de sobrevivencia y de lucha. Y para sobrevivir, al pueblo no le queda otra solución que hacer suya la recomendación que el gran revolucionario Vladímir Ilich Ulianov (Lenin) dictó en su conferencia de octubre de 1920 ante la congregación de los jóvenes comunistas de la naciente Unión Soviética: “la disciplina consciente de los obreros y campesinos, que unen a su odio contra la vieja sociedad el querer, el saber y el estar dispuestos a unificar y organizar las fuerzas para esta lucha, a fin de crear, con millones y centenares de millones de voluntades dispersas, fraccionadas y desperdigadas por la inmensa extensión de nuestro país, una voluntad única”.

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