Wendy Hazel García Rivera.-
Representar al Movimiento Antorchista en Argentina fue una experiencia enriquecedora, marcada por la cultura, el arte y la convivencia con las comunidades locales. Conocer otro país y descubrir su cultura y su arte ha sido una de las experiencias más emocionantes y significativas de mi vida. Desde el primer momento, me sentí sorprendida por sus paisajes, sus calles, sus tradiciones y la manera tan especial en que sus habitantes viven y comparten.
Desde el inicio, la comunidad abrió sus puertas para compartir una parte maravillosa de Argentina y demostrar que la cultura puede convertirse en un puente entre pueblos, países y generaciones. La experiencia permitió conocer no sólo los paisajes y las calles del lugar, sino también la riqueza humana de su gente. Cada encuentro, cada conversación y cada muestra de afecto hicieron del festival algo inolvidable, marcada por la convivencia, el respeto y el intercambio cultural.
La presencia de los artistas en las escuelas permitió acercar la cultura a los niños de una manera alegre y accesible. La música y la danza dejaron de ser únicamente un espectáculo para convertirse en una experiencia de aprendizaje, convivencia y descubrimiento. Fue muy emotivo al ver cómo las personas recibían nuestro arte con mucha emoción y alegría, al ver a todos los niños emocionados gritando y arropándonos con mucho amor y cariño, al conocer expresiones artísticas provenientes de otras regiones y comprender que las tradiciones pueden viajar, dialogar y enriquecerse cuando se comparten con respeto.
Las grandes funciones no sólo se encuentran en los escenarios, también se encuentran en las plazas, las escuelas, las calles y en los pueblos. La convivencia con las personas de Argentina permitió descubrir su calidez, hospitalidad y amor por sus raíces. Compartimos conversaciones, costumbres y momentos que quedarán como un recuerdo valioso. El arte fue uno de esos puntos de encuentro. La música, la danza y las expresiones tradicionales ayudaron a crear nuevos lazos entre los participantes. Cada presentación se convirtió en una conversación sin necesidad de palabras, en la que los ritmos, los movimientos y las emociones permitieron establecer una conexión profunda.
Dejamos una muestra del trabajo del Movimiento Antorchista y regresamos con nuevos aprendizajes, amistades y el compromiso de seguir impulsando la cultura como herramienta de transformación social. La celebración dejó un mensaje claro: la cultura debe seguir siendo un punto de encuentro. En ella pueden reunirse distintas generaciones, comunidades y países para compartir sus tradiciones y construir una convivencia más cercana.
Gracias a su hospitalidad, fue posible descubrir una parte maravillosa de Argentina y vivir momentos de intercambio, aprendizaje y fraternidad. La calidez de sus habitantes convirtió cada actividad en una experiencia cercana y significativa.
El Festival Argentina 2026 no fue solamente una serie de presentaciones, fue una muestra de que cuando el arte se comparte con generosidad puede convertirse en una fuerza capaz de unir corazones y acercar pueblos. Gracias por todo el cariño compartido, gracias Argentina por hacernos sentir en casa.
Y, sobre todo, gracias al Movimiento Antorchista por creer en nosotros y darnos esta gran oportunidad de ir a representar el trabajo cultural de nuestra querida organización.














