domingo , noviembre 29 2020

El libro impreso, un peligro para la inquisición en el Siglo XVIII

En el siglo XVIII el libro impreso se convierte en un peligro para la sociedad, sobre todo para la Inquisición, porque con la invención de la imprenta se publica más y por ende tiene mayor distribución, afirmó el doctor Abel Ramos Soriano, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Al impartir una conferencia en la Sala de Lectura de la Biblioteca Histórica “José María Lafragua” de la BUAP, señaló que esto se debe a que la Inquisición durante los siglos XVI al XVIII, tuvo un estricto control sobre lo que se publicaba y leía, en lo que se refiere a temas sobre la familia, matrimonio y comportamientos sexuales.

El especialista en temas novohispanos indicó que en los edictos, la Iglesia plasmaba la prohibición de obras que hablaran igualmente de supersticiones, asuntos políticos o que estuvieran en su contra.

“Los edictos que al principio enlistaban una serie de prácticas que debían denunciarse como seguidores de Mahoma o supersticiones, se convierten en largas listas de obras prohibidas y concretas, tal es el caso de autores como Voltaire, al igual que los escritos de filósofos franceses de la época”.

La mayoría de estos documentos provinieron de países como Inglaterra, Alemania, Italia y Francia, esta última nación era el mayor centro editorial de la época. En total eran alrededor de dos mil 20 libros que no debían leerse, enfatizó el investigador.

Ramos Soriano destacó que se tienen dos acervos importantes que abordan esta situación: más de mil 500 documentos sobre estas indagaciones de culpabilidad por parte de la Inquisición, que se conservan en la ciudad de México en el Archivo General de la Nación.

Por otro lado están los edictos para dar a conocer las normas de comportamiento ante la sociedad, “los cuales eran leídos durante la misa y se colocaban en las puertas de la iglesia”.

En su conferencia “Los delincuentes de papel. Inquisición y libros de la Nueva España”, que es el nombre de su más reciente libro, el doctor en Filosofía y Letras comentó que éste aborda los edictos antes mencionados. Se divide en tres apartados: la evolución de la censura, la práctica de la censura por la Inquisición y las implicaciones de los libros prohibidos.

“En la denuncia de algún libro, era culpable tanto como quien denunciaba, el lector, quien lo comenta y distribuía, por lo que era una lucha incansable por la obra”. En síntesis, argumentó el autor, se trató de una guerra de escritos: “la búsqueda de los libros prohibidos y los edictos que publicaba la Inquisición”.

 

 

 

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