Cirilo Montaño.-
Un partido político es una asociación de personas, de interés público que representa a una determinada clase social, que contiene un proyecto de país y lucha por el poder. Los partidos políticos en México, como todo fenómeno social, han surgido y desaparecido en un determinado momento histórico, de acuerdo a las necesidades políticas del país. En vísperas de las elecciones de 2024, es necesario reflexionar sobre la vida de los partidos y su papel en la lucha por el poder en México.
En el siglo XIX no existieron como tales los partidos políticos, los liberales a raíz de la Reforma, instauraron un sistema de elecciones indirectas y descentralizadas. En la Constitución y la Ley Orgánica Electoral de 1857 se introdujeron conceptos como Distrito Electoral y el de Voto Universal, pero se puso en manos de los Gobernadores, Jefes Políticos y Ayuntamientos la organización del proceso electoral, lo cual daba margen a la manipulación. Así es como llegó Porfirio Díaz por primera vez a la Presidencia, es decir, mediante el voto indirecto.
El movimiento revolucionario de 1910 tuvo como bandera “Sufragio Efectivo, No Reelección”, que no fue producto de una coyuntura política, sino la manifestación del reclamo del voto directo (sufragio efectivo). Es así como en la Ley Electoral de 1911 reconoció a los partidos políticos que les permitió proponer la integración de las mesas directivas de casillas. Y en 1912 se realizó por primera vez la elección con voto directo de diputados y senadores, aunque permaneció la descentralización en el manejo electoral. Fue Venustiano Carranza quien extendió la elección directa a la de Presidente de la República.
A partir de entonces, por más de 20 años, hubo una atomización de partidos políticos, donde prevaleció la fuerza de los caudillos y el fusil. Fue hasta 1929 en que se formó el Partido Nacional Revolucionario (abuelo del PRI), impulsado por Plutarco Elías Calles, el cual enarbolaba el sistema democrático contenido en la Constitución, garantizando la libertad del voto y los derechos del proletariado, así como la promoción del bienestar social de las masas.
A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, se consideró prioritario establecer la estabilidad política e iniciar una nueva era bajo los principios de civilismo y democracia. En ese contexto de promulga la Ley Electoral Federal de 1946 y con ello se inicia una primera fase de conformación de un sistema de partidos políticos, al otorgárseles personalidad jurídica. Para ello, en 1938 se había disuelto el Partido Nacional Revolucionario (PNR) y en su lugar se formó el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), el cual dio origen al Partido Revolucionario Institucional (PRI), al amparo de la Ley Electoral de 1946, haciendo suyos los postulados de la Revolución Mexicana, pero eliminó toda alusión al socialismo y aceptó la colaboración de las clases. El PRI gobernó el país durante 70 años y fue el impulsor del desarrollo del capitalismo y fundador de múltiples instituciones, hasta el año 2000, que perdió las elecciones frente al Partido Acción Nacional (PAN, a causa del desprestigio y las recurrentes crisis económicas que aumentaron la pobreza.
El PAN nació en 1939 por iniciativa de Manuel Gómez Morín, para oponerse a los postulados del PNR y del gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, obteniendo su registro en 1948, bajo los principios del bien común y representando los intereses de los ricos del país.
También en 1948 se fundó el Partido Popular Socialista (PPS), integrado por trabajadores e intelectuales. En 1951, tras la desaparición del Sector Militar del PRI, algunos generales carrancistas y villistas encabezados por Jacinto B. Treviño, formaron la “Asociación Política y Social Revolucionaria Hombres de la Revolución”, de la cual surgió en 1954 el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), que reivindicaba los principios de justicia social de la Revolución Mexicana, “por ser el movimiento revolucionario del pueblo”. Así quedaron conformados los partidos políticos hasta 1977, periodo de hegemonía del PRI.
En 1977 se promueve una nueva reforma electoral, que tuvo como motivación la crisis económica y política iniciada con Gustavo Díaz Ordaz y que se agudizó a mediados de 1976, con el gobierno de Luis Echeverría, manifestada en la integración de los Sindicatos Universitarios, el movimiento electricista, el movimiento estudiantil (1968-1971) y la presencia de la guerrilla en varios lugares del país, que orilló al gobierno a que modificara las formas de participación política, con la llamada apertura democrática, que tuvo como propósito integrar a la oposición al gobierno. Para ello se reformó la Constitución, estableciendo que los partidos políticos son entidades de interés público, cuya principal actividad es promover la participación del pueblo en la vida democrática del país. Se creó una nueva estructura electoral normada por la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE), que entre sus principales puntos estableció el sistema mixto de representación proporcional, para integrar a la oposición al Congreso; se incrementó el número de diputados a 400 (300 uninominales y 100 plurinominales) y se redujeron los requisitos para el registro de los partidos políticos. Todo lo anterior permitió que se incorporaran nuevos partidos, como el Partido Demócrata Mexicano (PDM) en 1975 de tendencia sinarquista, que perseguían una revolución pacífica bajo la filosofía social del cristianismo y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en 1973. Es así como en las elecciones de 1979 para diputados, por primera vez lograron curules los partidos de oposición, entre ellos, los llamados de izquierda. Sin embargo, el abstencionismo creció a casi el 42% y se agudizó la crisis económica, que hizo que el Presidente José López Portillo tomara medidas que afectaron más a las clases populares, como establecer impuestos como el IVA, sobre adquisiciones de inmuebles, sobre automóviles nuevos, sobre la renta, aduanas, etc. Medidas que desencadenaron un proceso inflacionario y las tasas bancarias se dispararon del 6 al 20%, se incrementó la deuda pública, que tuvieron sus repercusiones en 1981, cuando se presentó la caída internacional del precio del petróleo, que propicio la salida de capitales y el gobierno tuvo que devaluar el peso en un 70%, medida que solo hizo aumentar la crisis entre los sectores más pobres. Para salvar a los ricos, el gobierno de López Portillo, a escasos días de dejar la Presidencia, nacionalizó la banca.
Es decir, con la incorporación de la oposición no se resolvieron los problemas del pueblo pobre, al contrario, se agudizaron. El periodo de López Portillo, fue el fin del llamado nacionalismo revolucionario para dar paso al neoliberalismo, que ha resultado peor para los marginados a partir de Miguel de la Madrid (1982-1988).
A estas alturas, el Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919 y que funcionó clandestinamente hasta 1975 que lanza como candidato a Valentín Campa Salazar y en 1978, con la reforma política obtiene su registro condicionado. En 1981 junto con otras organizaciones se transformó en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).
La siguiente etapa de formación de partidos, se da bajo el neoliberalismo, en medio de crisis recurrentes y coincide con la caída del socialismo en la Unión Soviética; varios de los cuales continúan en el escenario político, pero la mayoría tuvo una existencia muy corta y su influencia política fue insignificante.
El Partido de la Revolución Democrática (PRD), surgido de la Corriente Democrática del PRI y el PMS en 1989 con una ideología socialdemócrata. Actualmente forma parte de la Alianza Opositora junto con el PAN y el PRI.
El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se formó en 1986 y obtuvo su registro en 1991 bajo los principios de amor, justicia y libertad. Impulsa el cuidado y de la naturaleza y el medio ambiente y a partir de 2018 participa en alianza con Morena.
El Partido del Trabajo (PT) se constituyó en 1990, se considera ser un partido de izquierda con el lema “Unidad Nacional”, Todo el Poder al Pueblo”; también participa desde 2108 en alianza con Morena.
El Partido Convergencia (PC), obtuvo su registro en 1999 y en 2002 se convierte en Movimiento Ciudadano (MC), que se inscribe dentro de la Socialdemocracia.
Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), fundado por Andrés Manuel López Obrador en 2011, obtuvo su registro en 2014 y se considera un partido de izquierda con una ideología socialdemócrata. Actualmente tiene la Presidencia de la Republica y la mayoría de las gubernaturas, la mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado.
En esta etapa surgieron otros partidos que tuvieron una existencia efímera por haber perdido su registro al no alcanzar la votación requerida, como el Partido Alianza Social (PAS), surgido del PDM, obtuvo su registro en 1999 y lo pierde en 2003; se consideró un partido humanista. El Partido de la Sociedad Nacionalista (PSN), que existió de 1998 a 2003. El Partido Centro Democrático (PCD), existió entre 1999 y 2000, fundado por Manuel Camacho Solís. El Partido Democracia Social (PDS), obtiene su registro en 1999 y lo pierde en 2000, lo encabezó Gilberto Rincón Gallardo. El Partido Nueva Alianza (PANAL), existió entre 2005 y 2018, considerado de centro izquierda. El Partido Encuentro Social (PES), obtuvo su registro en 2014 y lo pierde en 2018, considerado un partido de derecha y finalmente el Partido Redes Sociales Progresistas (RSP), existió entre 2020 y 2021, de carácter reformista.
De lo anterior podemos establecer las siguientes conclusiones. El surgimiento de los partidos políticos en México ha obedecido a las necesidades de la clase dominante. Los primeros intentos de la formación de los partidos de izquierda que pretendieron enarbolar las auténticas causas populares mediante la instauración del socialismo, derivaron en una adaptación al sistema mediante su incorporación a la lucha electoral, claudicando de hecho a las causas proletarias y enarbolando, en el mejor de los casos una ideología socialdemócrata, sobre todo a raíz de la caída del Socialismo en la URSS.
La historia de los partidos políticos que han buscado el poder en México a través de la democracia, ha demostrado que no han solucionado la desigualdad social, al contrario, se ha agudizado. En particular, los llamados de izquierda, como MORENA con su postura “humanista”, que pretende convencer a los ricos para que “colabore” con la solución de la pobreza, pero sin tomar medidas eficaces para ello, como una reforma fiscal progresiva, que permita una mejor distribución de la riqueza. El gobierno de la Cuarta Transformación, prometió combatir la pobreza mediante el combate a la corrupción y ha resultado un total fracaso, porque estaba claro desde el principio, que ese era un camino equivocado, al no plantearse el cambio del modelo económico, de tal manera que ni la corrupción ni la pobreza han disminuido y los programas sociales se han convertido en forma de manipulación y adormecimiento de la conciencia de las masas empobrecidas, que son utilizadas para llevar votos y perpetuarse en el poder.
Ante tales resultados, se reafirma la propuesta del Movimiento Antorchista Nacional que, para abatir la pobreza, como problema fundamental del país, no basta con cambiar de partido, sino cambiar el modelo económico, lo cual solamente lo podrá llevar acabo el pueblo pobre organizado y consciente, dirigido por autentico partido emanado de ese mismo pueblo.








