En un esfuerzo importante de coordinación interinstitucional, investigadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla sumaron esfuerzos con académicos de distintas instituciones del país para analizar los procesos de comunicación política durante las elecciones federales de 2012.
En la presentación de la obra Comunicación política y elecciones federales en México, el coordinador de la investigación, José Antonio Meyer, señaló la importancia de este ejercicio académico colaborativo que tuvo como propósito analizar de forma integral los componentes de comunicación política presentes en la elección presidencial, compararlos con procesos anteriores y sustentar la relevancia de los medios de comunicación, los discursos políticos y las encuestas preelectorales en la construcción de razones de voto de los diferentes grupos sociales.
El investigador señaló que la elección presidencial de 2012 se concentró en los spots audiovisuales como reiterantes mecanismos de persuasión masiva para impactar el imaginario social y generar expectativas de nuevas prácticas de gobierno y beneficio social. De igual forma, las encuestas demoscópicas y su socialización mediática fueron un elemento de relevancia que funcionó desde el inicio de la campaña como un efectivo instrumento para que el candidato triunfador pudiera contener el crecimiento de las intenciones de voto en favor de la oposición y dar sensación de un dominio absoluto para ganar la elección.
Este esquema no es nuevo pero si fue significativo, toda vez que pese a los embates el candidato Peña Nieto siempre se mantuvo como puntero en los resultados que publicaron las 18 casas encuestadoras que participaron en este proceso. Ello se debió a que pese al repunte del candidato de la izquierda hacia el final de la campaña fue más resultado de la movilización de nuevos actores en el espacio político y un sector importante de los indecisos, que la acción y voluntad de la coalición de partidos por él representada.
En ese sentido, puntualizó el académico, la elección federal detonó sin proponérselo a un sector social con disposición para movilizarse y ganar atención en esa coyuntura particular. Fue el caso del movimiento #YoSoy132 el cual, a pesar de no contar con proyecto político e ideológico definido, si impulsó una corriente de opinión contraria al abanderado del PRI que redujo sustantivamente las diferencias de intención de voto entre el primero y segundo lugar.
Aunque su participación no logró afectar de manera significativa el resultado electoral, si fue importante en términos de movilización y búsqueda de la deliberación social luego de una campaña esquemática, ampliamente mediatizada y carente de un debate político de fondo.
Por su parte, Francisco Javier Martínez Garza, catedrático del ITESM, dijo que a diferencia de los resultados del estudio presentado por el IFE, las conclusiones de esta investigación mostraron que más allá de un equilibrio en las coberturas de las campañas de los distintos candidatos a la presidencia de la república, los medios de comunicación buscaron desmovilizar a la opinión pública con coberturas tendenciosas y sesgadas hacia el candidato de la coalición Compromiso por México.
El manejo de la información por parte de los diversos medios de comunicación de algunas regiones del país no fue equilibrado y mucho menos objetivo. Tal es el caso de Baja California, Veracruz y Tamaulipas, donde hubo un claro favoritismo hacia el candidato Enrique Peña Nieto. Mientras que en Jalisco y Guanajuato apoyaron a Josefina Vázquez Mota en su carácter de candidata del partido gobernante. Los medios asumieron un protagonismo impropio de un país que busca mejorar sus procesos democráticos y avanzar hacia una mayor transparencia y certidumbre electoral, señaló.
El análisis puntual realizado identificó, por ejemplo, algunas diferencias muy marcadas. El candidato Peña Nieto recibió, por ejemplo, obtuvo un mayor espacio por parte de la televisión, mientras que Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador lo tuvieron en los noticieros de radio. Quien menos cobertura recibió fue Gabriel Quadri, en su carácter de candidato minoritario. Las notas positivas fueron más o menos parejas para todos, pero en el caso de López Obrador, aspirante presidencial de la izquierda, denotaron mayor número de impactos negativos. Este candidato fue el que más creció en la intención de voto a lo largo de la contienda, por lo que muchas de las embestidas mediáticas buscaron descalificarlo ante sectores tradicionales y poco interesados en política para inhibir el voto.
Del mismo modo, señaló el investigador, esta campaña demostró una vez más que tanto las ideologías como los partidos políticos han pasado a un plano secundario y que ahora lo sustancial es la figura, comportamiento y confianza que puedan generar los candidatos. Prácticamente todos ellos construyeron con antelación su imagen pública desde las diferentes posiciones políticas que ocuparon. De esta manera, apoyados en el marketing electoral su discurso tuvo un tono marcadamente superficial y poco deliberativo, con pocos contenidos de valor agregado que señalaron los qué pero no los cómo. En ese contexto, las propuestas políticas fueron poco significativas porque se ponderó más lo instrumental del llamado al voto sobre cualquier intento de discusión, debate o construcción de consensos.
En el evento también participaron otros investigadores de la BUAP que intervinieron con sus aportaciones a la elaboración de la obra. Fue el caso de Orlando Espinosa Santiago, quien realizó un análisis del contexto en que se sucedió la elección, Carlos Ahuactzin, que explicó la constitución semántica e ideológica del discurso de Peña Nieto, y Jorge Luis Castillo, que analizó la construcción de la imagen de Andrés Manuel López Obrador. También estuvo presente el editor Pedro Crespo, director de la Editorial Comunicación Social de Salamanca, España.








