La Política Social Municipal: entre el difícil caminar del centralismo y la falta de protagonismo.
Fernando Javier Incháustegui Calderón
Si tomamos en cuenta que la política social actualmente se considera como un tipo particular de políticas públicas que tienen como principal objetivo crear condiciones de equidad social, así como promover y garantizar el ejercicio de los derechos sociales; el gobierno local está muy lejos de poder ejecutar esta política sin depender en un 90% de las estrategias y presupuesto de los gobiernos federal y estatal.
Los gobiernos locales, se encuentra en una situación nada alentadora al momento de pensar en el desarrollo de estrategias para una política pública social de tinte local o regional, lo anterior se debe principalmente a que:
- Los programas y el presupuesto para el combate de la pobreza son diseñados, financiados, ejecutados por los gobiernos federal y estatal en su mayoría, dejando al gobierno local el papel, en algunos casos, de ser la oficina de reclutamiento.
- Los pocos gobiernos locales que implementan programas propios de desarrollo social, municipios urbanos en su mayoría, no cuentan con mecanismos eficientes de evaluación. De los 2,457 municipios del país, existen solamente 1,883 programas acciones con recursos propios, es decir, ni uno por municipio, lo anterior sin considerar que algunos municipios cuentan con más de un programa o acción implementada. (Datos Coneval)
El escenario no es nada fácil ya que:
- por décadas la política social ha sido centralizada, aun cuando el sistema política es federal;
- se ha intentado llevar a cabo ese paso hacia la descentralización sin embargo no ha sido eficiente ya que en los hechos se limita en sus alcances y en sus resultados;
- las competencias y capacidades que tienen los gobiernos locales para generar una acción pública social innovadora son muy desiguales y restringidas.
Desde décadas se ha considerado al municipio y su gobierno como elementos fundamentales para el desarrollo local y la aplicación de las públicas que generen crecimiento. Sin embargo, al momento de generar acciones y estrategias que inciden directamente en el desarrollo, estos no son tomados en cuenta.
El papel de los gobiernos locales dentro de la política social en México se reduce a la provisión de bienes y servicios básicos, de infraestructura urbana y territorial (agua, drenaje, pavimentación) y, en menor medida, acciones de bienestar social comunitario, la mayor parte de las veces de tipo asistencialistas (atención a la niñez, a la juventud, a los ancianos, a las mujeres).
Un cambio en el papel que juegan los actores (la descentralización) podría ser la respuesta a los sin sabores que han dejado a lo largo de los años la aplicación de políticas públicas para el combate a la pobreza. Teorías dentro del federalismo europeo han considerado la importancia de una agenda simple a una agenda compleja; pasando principalmente por la asociación municipal.
Mientras por un lado tanto a nivel constitucional como político se reconoce al municipio como el principio de toda acción para lograr un crecimiento; en la práctica la realidad es totalmente diferente. En el caso de la política social esto es muy común, se reconoce que no puede el país salir de una situación de pobreza extrema mientras no se invierta en acciones que reviertan la difícil situación que viven comunidades que se encuentran marginadas, sin embargo estas acciones se diseñan, se regulan, se etiquetan recursos y procesos de evaluación desde oficinas que se encuentran muy, pero muy lejos, de la verdadera situación, necesidad y sobre todo opciones que tienen los que habitan estas regiones.
La falta de sentido común en este tema resalta más que en otros; si el gobierno local es reconocido como el interlocutor de las necesidades de sus habitantes ante instancias gubernamentales donde se deciden la inversión para el desarrollo, ¿porque razón al momento de diseñar estrategias que permitan dar un brinco importante en el desarrollo local y regional no son tomados en cuenta?
En el campo de las políticas sociales, el municipio debe dejar su papel restringido y pasivo para tomar su rol activo en tareas como la planeación, la promoción, la ejecución y la evaluación, la focalización de a quienes deben ir dirigidos estas políticas, es decir, una política social compleja que contribuya a mejorar la calidad de vida y las formas de convivencia social.









