PERLA CERVANTES DE LOS SANTOS.-
HUAQUECHULA, PUE.-Como cada año y con el compromiso de seguir preservando las tradiciones en Huaquechula, el Edil Edwin Mora Caballero, quien estuvo acompañado de la maestra Martha Erika Alonso de Moreno Valle, de Jesús Giles Carmona, presidente del Comité Directivo Estatal del PAN, así como de Víctor Hugo Islas Hernández, Diputadas Federales, realizaron un recorrido por los altares monumentales colocados por las familias huaquechulenses que perdieron a un ser querido en este año.
Durante el recorrido por las casas se dio la explicación de lo que es una mezcla de tradición, majestuosidad y gran respeto a sus seres queridos, lo que se puede apreciar en la exposición de ofrendas de Huaquechula, un ritual único que se lleva a cabo el Día de Muertos los días 1 y 2 de noviembre y que hoy es considerado patrimonio cultural.
Cada año se montan estas ofrendas monumentales llenas de simbolismo, mezcla de la costumbre ornamental prehispánica y los altares de Jueves Santo y en este año fueron montadas 27.
Dichas ofrendas constan de tres pisos
Primer nivel representa el mundo terrenal. En éste se ubica la foto del familiar fallecido reflejada en un espejo, por lo que no se le ve sino indirectamente. Para algunos lugareños el espejo representa la entrada al más allá, o al inframundo.
En torno a la foto se reparten alimentos y objetos afines al difunto cuando este vivía. La imagen del finado suele estar flanqueada por figurillas de cerámica conocidas como “lloroncitos”, que representan a los deudos sufrientes y cuyo origen también es prehispánico. De igual forma encontramos canastillas de flores y animalitos de azúcar conocidos como “alfeñiques”, que se ofrendan especialmente a los llamados “muertos chiquitos”, los niños difuntos.
El segundo nivel representa el cielo, en donde es posible reconocer angelitos y a la Virgen María. La tela de satín blanco suele estar dispuesta en forma de pliegues que semejan nubes.
La modernidad ha llevado a sustituir las velas por luces de neón blancas.
El tercero o cuarto nivel simboliza la cúspide celestial, con la presencia invariable de un crucifijo que preside desde lo alto toda la estructura, rematando un espectáculo visual de indudable belleza, las cuales estarán abiertas a partir de las 14:00 hrs. después del repique de campanas de los templos.
De igual forma en las calles se pueden apreciar algunos altares para las animas solas u olvidadas No debemos olvidar esta pequeña ofrenda dispuesta por manos caritativas y celosas de la tradición, que suelen colocar altarcitos a escala en los espacios públicos para honrar a aquellos difuntos que no tienen familia que les recuerde. Esta costumbre, ahora poco difundida, cumplía antiguamente la doble función de ofrendar a los muertos olvidados e iluminar la calle en aquellos tiempos en que no había luz eléctrica.
La apertura de las casas para recibir a los muertos también señala el momento en que es posible visitar las ofrendas. Es costumbre presentarse con alguna cera que se coloca al pie del altar, hacer una breve reflexión respetuosa o elevar una plegaria por el difunto.
Una vez que el visitante se dispone a salir, el dueño de la casa le invita a “echarse un taquito”. Se estilan el mole y los frijolitos caldosos acompañados de pan blanco y champurrado o chocolate; a veces tamales de masa, arroz o alguna variante del guiso con carne de puerco, dependiendo de las posibilidades económicas de los anfitriones. Por la tarde continúa la procesión callejera de visitantes. En las casas donde están los altares, ofrecen chocolate de agua con pan de la región, en agradecimiento, se trata principalmente de gente de la misma comunidad y de la ciudad de Puebla, muchos de ellos estudiantes; sin embargo, es posible observar la presencia de extranjeros que llegan de sitios tan lejanos como Estados Unidos o Europa.
De igual forma en esta ocasión los huaquechulenses y los miles de visitantes pudieron apreciar bailables de diferentes puntos del Estado, así como de los voladores de Cuetzalan.








