Noelia Calixto.-
En lo alto de la Sierra Nororiental de Puebla, el municipio de Huitzilan de Serdán se prepara para celebrar una de las festividades más importantes de su calendario: su tradicional feria. Pero esta no es una feria cualquiera. Es el reflejo del avance, del esfuerzo colectivo y del triunfo de la organización popular frente al cacicazgo que durante décadas mantuvo sometido al pueblo. Hoy, gracias al trabajo del Movimiento Antorchista y de los propios habitantes, Huitzilan es un símbolo de progreso y un modelo de lucha organizada.
Hace algunos años, Huitzilan era una comunidad olvidada, empobrecida y marginada por los viejos poderes locales. Los caciques gobernaban a su antojo, decidían sobre la vida de los pobladores y limitaban cualquier intento de cambio. Bajo ese dominio, los servicios públicos eran prácticamente inexistentes. No había un hospital digno, las calles eran de terracería, las escuelas apenas funcionaban y la pobreza era el pan de cada día.
Sin embargo, los pobladores, cansados de vivir bajo el yugo de la opresión, decidieron organizarse. Fue entonces cuando encontraron en el Movimiento Antorchista una guía, una opción distinta y real para transformar sus condiciones de vida. La lucha no fue fácil. Romper con el cacicazgo implicó años de trabajo político, movilizaciones, exigencias, formación de cuadros y, sobre todo, la convicción de que sólo unidos podían cambiar su realidad.
Hoy, esa convicción da frutos visibles. Huitzilan ha dejado de ser el pueblo marginado de antaño para convertirse en un referente regional de desarrollo. La feria, que en otros tiempos era usada por los caciques como escaparate de poder, ahora es una auténtica celebración del pueblo. Es organizada por y para los huitziltecos, y representa no sólo un espacio de convivencia y cultura, sino también un símbolo de libertad y justicia social.
El avance del municipio es innegable. Actualmente, cuenta con un hospital funcional que atiende las necesidades de la población; sus calles están pavimentadas y bien iluminadas; las escuelas han sido equipadas y ofrecen una educación de calidad; y se ha construido una infraestructura educativa digna, con bachilleratos, primarias, jardines de niños y hasta espacios culturales. Todo esto ha sido posible gracias a la gestión organizada y constante de los habitantes, siempre respaldados por el Movimiento Antorchista.
Este progreso no es casual ni producto de promesas vacías. Es el resultado concreto de una estrategia política basada en la organización del pueblo. Antorcha ha demostrado que, cuando el pueblo se une y lucha con claridad de objetivos, es posible transformar las condiciones más adversas. Lejos de esperar dádivas o confiar en políticos de escritorio, los huitziltecos han optado por tomar las riendas de su destino.
La historia de Huitzilan de Serdán debe ser contada, compartida y replicada. Es el ejemplo vivo de que el pueblo puede gobernarse a sí mismo, sin intermediarios que solo buscan enriquecerse. Es una muestra de que la lucha organizada no es solo un discurso, sino una herramienta poderosa de transformación. En tiempos en los que muchos mexicanos siguen viviendo en condiciones similares a las que padeció Huitzilan en el pasado, su historia se convierte en un llamado a la acción.
En este sentido, la feria no es únicamente una fiesta popular. Es también una oportunidad para reflexionar sobre los logros alcanzados, para reconocer el trabajo del pueblo trabajador y para fortalecer aún más la organización. Porque si algo ha quedado claro en Huitzilan es que solo el pueblo organizado puede cambiar las cosas.
Antorcha no solo ha estado presente en el municipio, sino que ha sido motor de cada uno de los avances. Desde su fundación, la organización ha trabajado incansablemente por mejorar la vida de millones de mexicanos en todo el país, y Huitzilan no es la excepción. Aquí, como en muchos otros lugares, ha demostrado que no basta con denunciar las injusticias: hay que construir mejoras concretas.
Por eso, en esta feria, más allá de los juegos mecánicos, los bailes, la gastronomía y los eventos culturales, lo que realmente se celebra es la victoria de un pueblo que se negó a seguir viviendo en la miseria. Se celebra la fuerza de la organización, la claridad política y la esperanza de un futuro mejor. Huitzilan de Serdán ha demostrado que sí se puede, y ese mensaje merece ser escuchado en cada rincón del país. Esto se puede y debe replicar en todo el país, es por eso que los pueblos deben luchar y organizarce con el Movimiento Antorchista.








