El cacao, considerado alimento de los dioses, tuvo una gran importancia entre las culturas del México prehispánico, opinó Amalia Attolini, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), según comunicado divulgado hoy.
Estaba reservado su consumo a los jerarcas, guerreros y comerciantes, agregó la especialista.
Entre los mexicas, se convirtió en «bálsamo, ofrenda, tributo, moneda, alimento energético, poderoso artículo de intercambio, objeto ritual, símbolo de fertilidad, pócima provocadora de pasiones y emblema de poder y prestigio social», añadió.
Evidencias arqueológicas, halladas por especialistas del INAH, indican que los olmecas preparaban una bebida derivada del cacao, dado los residuos encontrados en una vasija de cerámica durante excavaciones del Cerro Manatí, en el municipio de Hidalgotitlán, en Veracruz.
En el área maya, su presencia se verificó en restos en dos fragmentos de cerámica hallados en el sitio Paso del Macho, al norte de Yucatán.
Durante las fiestas, antes de la siembra, se bebía chocolate en honor a Ek Chuah, dios maya del cacao y los comerciantes quemaban copal, sacrificaban perros y ofrendaban iguanas azules y plumas para obtener una buena cosecha, manifestó la etnohistoriadora del INAH.
Al concluir el sacrificio y las oraciones, cada participante recibía una mazorca de cacao y la fiesta terminaba con un banquete.
Cuando Hernán Cortés conoció el chocolate, tras la conquista, lo incorporó a la cocina española sustituyendo en su preparación el agua por la leche y agregándole canela, anís y almendra, explicó.
Por la importancia de este fruto se desarrolló desde el viernes último hasta este domingo el Segundo Festival Artesanal de Cacao y Chocolate, en el Centro Comunitario ex convento Culhuacán, en la capital mexicana.







