Ana Paola Flores León.-
El arranque de 2026 ha llegado acompañado de una de las “cuestas de enero” más duras de los últimos años para las familias mexicanas, marcada por un aumento generalizado de precios, mayores impuestos y una mayor presión sobre los ingresos familiares. Precios al alza y un panorama inflacionario desafiante.
En enero de 2026, la inflación en México volvió a acelerarse, ubicándose en 3.77 % anual, con un impacto importante de los precios de mercancías como alimentos, refrescos y tabacos que forman parte de la vida cotidiana de las familias. Esta alza afecta directamente el poder de compra, especialmente de los hogares con ingresos más bajos, que destinan una proporción mayor de su presupuesto a productos básicos.
El encarecimiento de alimentos y productos esenciales no es solo una percepción: la canasta básica alimentaria ha registrado aumentos significativos desde el cierre de 2025 y durante los primeros días de 2026 en todo el país.
Parte de este escenario está ligado a cambios en el sistema tributario que empezaron a operar con el nuevo año. El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) se ajustó al alza en productos de consumo diario como refrescos, cigarrillos y bebidas saborizadas, encareciendo aún más el costo de vida de millones de familias.
Además, los recargos por pagos tardíos de impuestos aumentaron, lo que significa que quienes no pagan a tiempo sus obligaciones fiscales podrían enfrentar hasta un 40 % más de recargos.
Los comerciantes, especialmente los pequeños negocios de barrio, también han sentido el impacto de estos aumentos. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) destacó que la cuesta de enero comenzó incluso antes de terminar 2025 debido a incrementos graduales en precios e impuestos. Esto se traduce en costos más altos para productos básicos como tortillas, pan y lácteos, afectando tanto a vendedores como a compradores.
La combinación de inflación, impuestos más altos y costos operativos encarece los insumos y obliga a los negocios a trasladar ese aumento al consumidor final. Esto presiona aún más el presupuesto de las familias, que ya destinan un porcentaje considerable de sus ingresos a la compra de alimentos.
Además de los impuestos y el aumento de precios, otros factores contribuyen a este escenario:
Productos alimentarios enfrentan alzas adicionales debido a factores externos, como la inseguridad y extorsión en el campo, que encarecen los alimentos hasta entre un 10 y 20% antes de llegar al consumidor.
La ausencia de estímulos fiscales en combustibles también encarece el traslado de mercancías y servicios, lo que repercute en la inflación general.
La cuesta de enero siempre ha sido un fenómeno económico recurrente: después de los gastos navideños, impuestos y compromisos financieros como el pago predial o refrendo vehicular, muchos hogares enfrentan una fuerte demanda de recursos con menores ingresos disponibles. Pero en 2026, este efecto se ha intensificado por los ajustes tributarios que encarecen bienes de consumo popular. Una inflación subyacente que no cede rápidamente. Condiciones económicas globales y locales que mantienen presión sobre precios y salarios. El resultado es un panorama donde cada peso rinde menos. Las familias tienen que recortar gastos, priorizar lo esencial y, en muchos casos, recorrer a créditos o endeudamiento para cubrir necesidades básicas. Esta cuesta que parece repetirse año tras año refuerza la sensación de que los aumentos de precios están superando el ritmo de crecimiento de ingresos, haciendo más difícil llegar a fin de mes para millones de hogares en México.








