Las visitas presidenciales

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En los viejos tiempos del régimen priísta, las visitas de los presidentes de la república a los estados, eran esporádicas, aparatosas y sumamente costosas a los erarios de las entidades visitadas. El poderoso estado mayor presidencial llegaba varios días antes y lo controlaba todo: cerraba calles y avenidas a la circulación, revisaba las tribunas, los hoteles y hasta las azoteas de los edificios y casas de las calles por donde pasaría el “señor presidente”.

        La presencia de los integrantes de ese cuerpo especial del Ejército se notaba por todos lados, Helicópteros iban y venían y lo mismo camionetas, supuestamente blindadas y muchos elementos de traje y corbata y pelo corto se veían en los sitios donde estaría el señor presidente.

         Y llegaba el día señalado para la visita y desde muy temprano empezaba el movimiento: movilización de alumnos en las escuelas; miles de obreros llevados en autobuses y de campesinos que venían de todos los puntos del estado, para conformar una enorme valla a lo largo del recorrido que haría el mandatario en turno.

           En las azoteas de algunas casas, se colocaban, previa revisión del Estado Mayor, quienes lanzarían papelitos de colores al paso del presidente. Todo debería funcionar a la perfección.

           Y el presidente llegaba y el gobernador y los altos funcionarios de su gobierno, debían recibirlo en los límites del Estado de Puebla, con el Estado de México, para unirse a la caravana presidencial hasta la entrada de la ciudad.

           El recorrido generalmente era en coche descubierto en el que subían el visitante, el gobernador en turno y algún funcionario importante.

            Los maestros eran expertos en eso de organizar a los alumnos para hacer ruido al paso de la comitiva oficial. Aplausos, porras, toques de diana de las banda de guerra y los papelitos de colores como cayendo del cielo.

            Motociclistas de la Dirección de Tránsito del Estado, iban al frente del vehículo presidencial en perfecta formación.

            Eran llegadas espectaculares que a muchos emocionaban. Si el presidente bajaba del vehículo y caminaba un tramo, era rodeado por guardias vestidos de civil para impedir que la gente se acercara más de lo debido. Los saludos de mano entre el presidente y sus subditos, eran raro.

           Todos los actos a los que asistía el “jefe de las instituciones” eran solemnes y multitudinarios.

            Los diputados federales y locales de la entidad visitada, estaban presentes de riguroso traje y corbata. Muchos estrenaban para la ocasión y se veía que la víspera habían visitado alguna peluquería.

            No había abucheos para nadie. La menor falta a las reglas del protocolo, hacía que la intervención del Estado Mayor Presidencial, fuera inmediata.

            Mucha gente asistía de buena gana, sin ser acarreada y sin ser invitada, solo para ver el espectáculo, porque era todo un espectáculo una visita presidencial.

             Eran los tiempos de la “Presidencia Imperial”. Entre los políticos se hacían comentarios sobre, a quién saludó el presidente con especial afecto; a quién casi no le hizo caso; a quien vio mal, etc. Y eso daba lugar después de la visita a los rumores políticos que todavía subsisten.

            La visita de ayer, del presidente Andrés Manuel López Obrador, fue diferente. No se hizo gran alharaca en los medios de comunicación y mucha gente ni siquiera estaba enterada.

            No hubo Estado Mayor Presidencial que con su sola presencia anunciara esa visita. Todas las calles permanecieron abiertas salvo las de los alrededores de los cerros de Guadalupe y Loreto, en cuyo centro expositor, sería el acto presidencial.

            Los reporteros, camarógrafos de televisión y fotógrafos de prensa, previamente identificados, fueron citados a las 9 horas en el Centro de Convenciones de San Francisco. De ahí salieron las camionetas que los transportaban a las 11 horas.

             Ya en el Centro Expositor, lleno de personas de todas las clases sociales: de la tercera edad, de discapacitados y jóvenes, cuyos programas de apoyo del gobierno federal, vino a poner en marcha el presidente.

              Andrés Manuel, el presidente, llegó a las 13 horas y a las 13.15, se inició el acto.

              El gobernador Guillermo Pacheco Pulido, pronunció un breve discurso de bienvenida y recibió como dijo el gobernador de Colima, abucheo, que ya forma parte del protocolo de estos actos, bastante suave por cierto, casi cordial. Pero la que recibió una rechifla fuerte y prolongada, fue la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera, de Morena. Y usted se preguntará porque razón la rechifla por primera vez fue para una gobernante morenista y según nos informaron, fue de gente del mismo partido, pero partidarios del licenciado Luis Miguel Barbosa, en la lucha interna por la candidatura para la gubernatura del estado en las elecciones extraordinarias.

               Y es que señalan a la presidenta municipal como partidaria del senador Alejandro Armenta, que es el otro aspirante fuerte.

                Los de Morena todavía no entienden que en la competencia interna de los partidos, para conseguir candidaturas a puestos de elección popular, los dirigentes partidistas y quienes ocupen un cargo público, como la presidencia municipal, deben mantenerse imparciales. Votar por el candidato de sus preferencias, pero públicamente no inclinarse por nadie.

                El Presidente de la República, ya dijo antier en Jalisco: “La grilla y la politiquería ya me tienen hasta el copete” y obligó al gobernador y al que fue su contrincante de Morena, a darse un abrazo ante todos los asistentes al acto.

                Pero por lo que se está viendo, los morenistas, son de lento aprendizaje, nos referimos a los lideres que propician esas rechiflas.

               La entrega simbólica de apoyos a personas de la tercera edad, a discapacitados, a jóvenes que deseen trabajar y otros grupos sociales, la hizo el presidente quien además realizó un llamado a todos los mexicanos para lograr la unidad sin la cual, será muy difícil resolver los problemas nacionales.

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