Pese a que existen tesis que sostienen lo contrario, se puede dar constancia de que en la Puebla Virreinal el espectáculo por antonomasia en la vida cotidiana de los poblanos fue la ópera, pues ésta involucró no sólo a la élite que podía asistir a los teatros, sino a toda la población de la ciudad, señaló Margarita López Cano, especialista en Historia del Arte y conductora del programa Los secretos del canto que se trasmite desde 2001 en Radio BUAP.
Durante la conferencia «Ópera y la vida cotidiana en la Puebla decimonónica», señaló que la relevancia de esta expresión artística se manifestó en las ciudades de la Nueva España, incluida la urbe poblana, pero no así en las comunidades rurales.
«Sin duda alguna la ópera era parte de la vida cotidiana de la ciudad de Puebla pero no así para los habitantes de las comunidades rurales», agregó la conferencista al hablar de esta manifestación artística cuya tradición se remonta a 1708 con el estreno de la primera ópera compuesta en la Nueva España titulada La Parténope de Manuel Sumaya, maestro de capilla catedralicia.
Ante el público reunido en la Biblioteca Histórica «José María Lafragua», la ganadora en la Cuarta Bienal Internacional de Radio en 2002, comentó que la ópera tuvo un papel primordial en la Puebla virreinal pues era escuchada inclusive por las clases populares en las calles, en las casas en donde trabajaban o en las fiestas y eventos públicos.
La intervención de López Cano acompaña a la muestra titulada: «Ópera y Canto en la Biblioteca Lafragua», exposición que fue curada por Gustavo Mauleón Rodríguez, de la Association for Darwinian Afrocentric Musicology (ADAM), y que estará abierta a todo público hasta el 5 de diciembre en un horario de lunes a viernes de 9:30 a 17:00 horas en la sala de lectura de la biblioteca, ubicada en calle Juan de Plafox y Mendoza número 407.
La doctora en Historia por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, contextualizó a los asistentes sobre el panorama suscitado en el México del siglo XIX. Comentó que Puebla se consolidó como la segunda ciudad más importante de la Nueva España y como la primera en la industria pues «llegó a ser un gran centro comercial administrativo al que llegaban la mayor parte de los productos europeos para su distribución», la Angelópolis, precisó, fue la segunda ciudad más culta del Virreinato, sólo superada por la Ciudad de México.
López Cano destacó que la alta sociedad urbana del país, incluida la de Puebla, no era muy diferente a la de las ciudades europeas: «México era un país relativamente culto, con ópera, teatro, museos, conciertos, tertulias, modas, un gran auge cultural y científico y la adopción de algunas costumbres europeizantes entre las clases medias y altas», situación que favoreció el auge de manifestaciones artísticas como la ópera.
Sobre las funciones, la ponente dijo que fueron escenarios privilegiados en donde la sociedad se clasificó jerárquicamente de acuerdo a su estatus socioeconómico. La ópera funcionó como un instrumento de identificación de clases y diferenciación de gustos, sensibilidades y percepciones pues para el disfrute de la clase popular se realizaban otro tipo de divertimentos como carnavales y tertulias; se caracterizó por ser una exclusiva de la oligarquía del México Virreinal.
Asistir a una función, agregó, constituía una excelente ocasión para la socialización de la clase elitista y privilegiada que hicieron de la ópera una práctica erudita, pues incluso la posición que ocupaban los espectadores dentro del teatro determinaba su estatus y condición social, «los diferenciaban del resto».







