Manuel Marín publica reflexión estética sobre la vida, la muerte y nuestras raíces

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Existen muchas formas gráficas de representar la vida, la muerte, los deseos, las pasiones, las fantasías o simplemente «el otro yo». Dibujos, fotografías y grabados, son solo algunos de los ejemplos, pero para el escultor Manuel Marín, la forma más perfecta de hacerlo es a través de calaveras realizadas en metal, papel y madera «las cuales permiten sacar y expresar a nuestros sentimientos o verdaderos otros yo».


Partiendo de esta premisa, en donde las calaveras son vistas como herramientas que permiten construir personajes, sentimientos, pasiones, vivencias y necesidades cotidianas, Manuel Marín se dio a la tarea de crear Tzompantli, un libro que muestra cómo el artista reconstruyó un Tzompantli, es decir, un muro de cráneos —y a través de él— invita a reflexionar sobre la vida, la muerte y las raíces mexicanas.

«En este trabajo presento la manera en que tomé el Tzompantli, esta propuesta ideológico-cultural, como un elemento estético para construir calaveras o cráneos a fin de que fueran caras con sus respectivos gestos, para encarnar todas nuestras expresiones vitales, pero principalmente la representación de la muerte como un elemento cultural más que vital.

«La idea es remitir a una concepción del mundo que para nosotros es muy lejana, diferente, la cual expresa y refleja como nuestros esfuerzos, necesidades y la vida misma de alguna manera siempre tienden a buscar la trascendencia hacia el más allá, hacia lo que pasa después de la muerte».

A lo largo de 79 páginas, Marín presenta una serie de dibujos y fotografías que retrata las dos mil calaveras realizadas por el artista para ser exhibidas en tres exposiciones; 400 para una presentada en noviembre de 2010 en el Museo de Arte Popular; mil para la de julio de 2011 en la Fundación Sebastián y 600 para la de diciembre de 2012 en el Centro Cultural Talavera.

En Tzompantli, texto editado por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, el artista también exhibe fotografías detalladas a color del altar ubicado en el Templo Mayor, cuyo valor radica en que son las primeras fotos en donde se exhibe de forma completa el contexto de este sitio.

Incluye además, dibujos que hacen una resonancia al trabajo del grabador José Guadalupe Posadas y a la cultura popular de la gráfica mexicana. Y al final, una serie de fotografías de calaveras en bronce.

«En ellas se retrata como entrabas a los recintos, y encontrabas una proliferación de representaciones de calaveras que provocaban un primer golpe de vista que te remitía a un mundo que no era el cotidiano, porque te transportaba a tres estados.

«El primero, a una especie de permanecer en el sitio para siempre, el segundo, a una espera sin emociones, pasiones y sin las vicisitudes de la vida, y el tercero, al de llegar a este lugar y sentir que es un espacio en donde se está independientemente de tus acciones», detalló el miembro de la Academia de las Artes.

En Tzompantli, que se presenta este jueves 7 de marzo a las 19:00 horas en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, ubicado en Paseo de la Reforma y Gandhi s/n, colonia Chapultepec Polanco, también se podrán encontrar una serie de frases elaboradas por el mismo autor, textos escritos por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, el crítico ensayista Luis Ignacio Sáinz y la especialista Diana Bastida.

«Son textos que realizan un análisis de la concepción de la muerte en el siglo XVI, tanto prehispánico como europeo, y de las formas de concebir la muerte en el arte. Son escritos que proporcionan estímulos para entendernos a nosotros mismos, los cuales me sirvieron para contextualizar mi uso de la calavera como una superficie que se cierra así misma, como una esfera hueca con entradas y salidas, donde lo que entra es lo que piensas y lo que sale es lo que dices».

Para el escultor Manuel Marín, el mensaje contenido en este libro se puede resumir en tres puntos; el primero, que registra su largo trabajo para crear y darle un diseño personal al Tzompantli, el segundo es que a través de cada uno de los cráneos se pueda ver reflejada su preocupación de hacer en el arte de lo múltiple, lo singular.

Y finalmente, realizar una reflexión y crítica al estado social «en el que vivimos, en donde se hace presente la violencia de forma impresionante. Es un trabajo que realiza un homenaje a las víctimas y más que una exaltación de la violencia, la idea es promover un respeto hacia ellas ya que es un evento que todos padecemos y del que todos somos culpables de alguna manera».

 

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