El Servicio Meteorológico Nacional mantiene la atención sobre las zonas que podrían registrar mayores afectaciones, y cómo evolucionarán las condiciones meteorológicas en las próximas semanas por el efecto llamado fenómeno “Niño Godzilla”.
En términos simples, “El Niño” es un calentamiento anormal del Océano Pacífico que cambia los patrones climáticos globales.
Pero, cuando ese calentamiento es especialmente intenso, con temperaturas del agua superiores a 2.5 grados centígrados por encima de lo normal, los científicos y medios comienzan a llamarlo “Niño Godzilla”.
El término fue popularizado por el investigador de la NASA, Bill Patzert, tras eventos históricos como los de 1982-1983 y 1997-1998, que tuvieron repercusiones climáticas en distintas partes del mundo.
Sin embargo, es importante señalar que no se trata de una clasificación oficial utilizada por organismos meteorológicos.
Uno de los escenarios que más preocupa, es el aumento de precipitaciones en el sur y la costa del Pacífico, donde la combinación entre humedad, relieve montañoso y actividad ciclónica podría incrementar riesgos.
Entre los estados que aparecen con mayor vigilancia están:
Chiapas
Oaxaca
Guerrero
Jalisco
En estas entidades podrían presentarse lluvias intensas, inundaciones urbanas y rurales, deslaves, desbordamientos de ríos y afectaciones a la infraestructura.
Además, algunos análisis apuntan a una temporada de huracanes más activa en el Pacífico mexicano, lo que elevaría la presión sobre las zonas costeras.
Mientras el sur podría recibir más lluvia, el panorama en el norte sería completamente distinto; ya que estados como Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas aparecen entre los más expuestos a sequías prolongadas, olas de calor y menor disponibilidad de agua, un escenario que también podría afectar actividades agrícolas, ganaderas y el nivel de presas.
Y aunque el impacto principal se concentraría en el norte y sur del país, entidades del centro y oriente también podrían resentir los efectos indirectos de este fenómeno.
Así, casos como el de San Luis Potosí y el norte de Veracruz, se mantienen bajo observación por posibles reducciones en escurrimientos, menor disponibilidad hídrica y presión para sectores agrícolas.









