Noche poética con  recorrido por la música popular mexicana brindó Eduardo Langagne en la Fonoteca Nacional

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Como parte del Ciclo Música Popular Mexicana, Eduardo Langagne charló con Pável Granados, coordinador del Catálogo Música Popular Mexicana de la Fonoteca Nacional, para transportar al público que se dio cita en la Sala Murray Schafer de la Fonoteca Nacional, a la época de grandes poetas y músicos a través de la conversación y sesión de escucha del material fonográfico que ofrece este recinto.

Durante la plática, ante poco más de 100 personas que disfrutaron la plática de Eduardo Langagne, el poeta y compositor, además de director de la Fundación para las Letras Mexicanas, consideró importante diferenciar entre poesía y poema, pues se sabe que la poesía está en todas partes: en la sonrisa de un niño, en una flor.

Sin embargo, ¿cómo hacer para que en un texto literario haya una expresión poética?, esa es una tarea del que hace la letra de una canción o un poema, por ende hay canciones sumamente poéticas, sin duda, y poemas que podrían no ser tan poéticos.

A este respecto, la diferencia está en que el poema vive solo y la canción vive con su música, de tal manera que si ponemos una canción en una antología de poesía, le faltará la melodía. La letra del poema Nunca, del poeta y escritor yucateco Ricardo López Méndez puede sonar muy bonita, es un poema que vive, sin embargo, con la música de Guty Cárdenas, en este caso, vive más.

Abundó en este tema, al explicar que el poema es autotélico y la canción heterotélica, es decir, la etimología griega de autos que significa por sí mismo y telos, finalidad, hace al poema autotélico porque la finalidad está en sí misma, el producto artístico es el poema, que vive en la hoja de papel, y que convive después con el lector.

La canción, en cambio, requiere además la música y un poema, cuando tiene música es canción, es cuando se vuelve heterotélico, hetero que quiere decir desigual o diferente, y telos finalidad, entonces la definición se aplica para designar la acción que tiene como propósito reunir dos cosas distintas, la música y el texto.recorrido por la (1)

No obstante, Eduardo Langagne, refirió que el poema tiene música propia sin duda, no es una melodía explícita, incluso hay quien ha trabajado el ritmo de su poesía, como es el caso de Nicolás Guillén, haciéndola con una intención rítmica muy precisa, por ello fue en un tiempo el preferido de los músicos latinoamericanos, con canciones como La muralla y Canto negro.

En Rubén Darío, por ejemplo, lo maravilloso de su obra es toda la variedad rítmica que nos trajo, versos alejandrinos de dos mitades, por el ejemplo: “la princesa está triste, dónde está la princesa”.

José Alfredo Jiménez, autor a quien Eduardo Langagne admira por la forma en que manejaba las variantes del verso (renglón), soneto con 14 versos, y por ser un autor con un oído privilegiado, “él tenía una oreja maravillosa y teniendo toda la tradición popular, todo lo que haya oído de su tierra, lo tenía siempre bien puesto y seguramente él sabía que si sus melodías eran parecidas en acento las canciones le saldrían parecidas”, indicó.

En versos de seis sílabas, sexasílabos recordó aquel que dice: “Qué bonito amor, qué bonito cielo, qué bonita Luna, qué bonito Sol…”; o, “Tú sabes que mi alma vivió entre tus brazos, la historia de amores que tanto soñé, tú sabes, paloma, que me haces pedazos si el día de mañana me pierdes la fe”.

El autor de Camino de Guanajuato, El rey, Te solté la rienda, Paloma querida, por mencionar sólo algunas, manejaba de una forma majestuosa la métrica de sus versos.

Además, José Alfredo Jiménez es tanto o más complejo en el contenido porque toca aspectos filosóficos; también se da un lujo porque el estribillo es distinto a las estrofas de la canción en ritmo, gracias a su oído, porque tiene un aprendizaje tácito, tiene bien bebida su tradición, un aprendizaje implícito, comentó Eduardo Langagne.

En las interpretaciones de Tehua, nombre artístico de María del Rosario Graciela Rayas Trejo, se encuentran viejas canciones mexicanas de diversas partes del territorio nacional, con temas de compositores como Joaquín Pardavé, Agustín Lara, Ignacio Fernández Esperón (Tata Nacho) y Salvador Chava Flores, son canciones muy ricas pues recogen toda la tradición, cosa que intuitivamente hacía también José Alfredo Jiménez.

Muchos de estos compositores hacen canciones con la intención de que la canción sea reflejo de una nacionalidad que era una vocación del siglo XIX con las propuestas de José María Altamirano, escritor mexicano, “él decía una cosa maravillosa: vamos a hacer una nación, la novela tiene que ser mexicana, hablar de nuestra nación, de nuestros héroes y de la canción popular”, refirió Eduardo Langagne.

Eduardo Langagne, quien musicalizara en 1988 el poema de Ramón López Velarde, La saltapared, en el Centenario del poeta mexicano, interpretada por Betsy Pecanins, presentará el libro de poesía Verdad posible, el próximo 1 de febrero en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 12:00 horas.

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