Obesidad: Alimentación y Salud Pública

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norberto

La Tierra se halla revestida de una tenue película denominada « vida «. Carlo M. Cipolla.

Ya no resulta una sorpresa que en la gran mayoría de la población mexicana, se encuentren familiares, amigos, hijos o mujeres y hombres jóvenes que son afectados por enfermedades derivadas del sobrepeso, como resultado de la mala alimentación. El consumo de harinas, grasas, refrescos, comida rápida y productos chatarra son una constante para millones de habitantes. La publicidad de ellos debiera ser prohibida.
Está claro que en ello juega un papel importante la educación, pero también los cambios del tipo de alimentación que se han dado en los últimos 30 años, la sustitución de vegetales, carnes y semillas por productos sintéticos, con escasas proteínas y vitaminas son parte del problema general de nutrición. Otro asunto grave es que la gran mayoría de mujeres han dejado de amamantar a los recién nacidos, ante la influencia « moderna «de los sustitutos de leche o sus derivados. Claro que las madres pobres amamanta,no tienen otra opción y que bueno, pero habrá que ver la calidad de su alimentación cotidiana.
La diabetes, la hipertensión arterial, los triglicéridos, combinados con desnutrición y anemia, son ya un grave problema de salud pública, ante lo cual, el Estado mexicano no ha aplicado las políticas de contención y atención y ya no digamos de prevención. El sistema de salud se encuentra totalmente incapacitado y con una limitada capacidad de respuesta. Lo único que hacen en clínicas y hospitales es la recomendación de bajar de peso, pero nada más.
La obesidad tiene que ver con la pobreza, en todos los sentidos, la gente consume a granel todo tipo de bebidas azucaradas y a la hora que se pueda comen las garnachas, tortas, tacos y todo tipo de comidas con grasa, el asunto es que se llenen, no que se alimenten sanamente. En las escuelas, los niños consumen los productos chatarras y las golosinas promocionadas por las transnacionales y las grandes cadenas de radio y televisión. La SEP y la Secretaría de Salud no hacen nada, hay intereses que defender.
Por otro lado, aparecen las famosas « clínicas reductoras de peso « y los productos «milagro», mismos que ofrecen resultados en corto tiempo, cosa que no es real y se obtienen así grandes ganancias a costa del engaño, el bolsillo y la salud de todos nosotros. Entonces, no hay de otra que impulsar una campaña nacional de prevención, denuncia y apoyo a una sana alimentación, pues la calidad de vida de los nuestros está ya en peligro y no podemos permitirnos que el tiempo pase y está epidemia nos lleve a situaciones difíciles de atender o controlar, sobre todo en el caso de los niños y adultos mayores.
Las amputaciones de extremidades del cuerpo humano ocupan un nivel muy alto en México, ello implica erogar recursos económicos que no se tienen y sobre todo se vuelve un infierno familiar la convivencia con los enfermos. A lo anterior se suma las enfermedades mentales, producto de las preocupaciones económicas a lo que se suma el crecimiento escandaloso del número de suicidios o autoatentados contra la vida, por parte de quienes no tienen ya alguna esperanza y opción de vida digna. Esto no puede seguir así.
Necesitamos espacios de recreación, cultura y deporte, por ello es urgente un programa nacional obligatorio de apoyo a actividades deportivas de todo tipo y a evitar que el sedentarismo se apropie de nosotros, para tal tarea, también deberán ofrecerse alternativas en centros de trabajo y en las zonas habitacionales. Desafortunadamente, los distintos gobiernos han vendido o privatizado los espacios públicos para la recreación y el deporte. O muchos vivales se han apropiado para construir- o para beneficio personal- en todo tipo de áreas verdes.
Los diferentes niveles de gobierno, las instituciones de todo tipo, las fundaciones y los poderes del Estado deben abordar ya el toro por los cuernos y decidirse a actuar contra las corporaciones que están envenenando y matando poco a poco a nuestros compatriotas. O les ponemos un hasta aquí o de todos modos se va a colapsar más el deteriorado nivel de vida de quienes habitamos las variadas regiones del país. No debemos arrodillarnos ante los intereses de minorías que agreden la salud de todos.
Es evidente que obesidad y pobreza, así como economía y salud pública se combinan. El neoliberalismo económico cumple una vez más con su papel depredador de la vida humana. Cambiemos el modelo económico y exijamos a los gobiernos que se apliquen medidas urgentes y extremas y que se destinen los recursos necesarios para ello. El campo y la población rural merecen también atención especial y urgente. Ya no deben morir niños por desnutrición y hambre. Hagámoslo juntos.

P.D. La soberanía alimentaria es un asunto de primerísima importancia, la salud de los mexicanos no puede ni debe seguirse deteriorando. Que el refresco, las papitas y los» bimbos « dejen de ser ya el consumo diario de los pobres. Se puede, se debe. Mail: nor.amaya@live.com.mx ; Twitter: @AMAYASI .

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