- Las nuevas restricciones impulsadas por el gobierno de Estados Unidos podrían reducir hasta 20% el flujo formal de remesas hacia México.
- El endurecimiento de controles financieros empujará parte de las remesas hacia mecanismos informales.
- Limitar las remesas amenaza el sustento de miles de hogares y, por lo tanto, el del pequeño comercio.
Ciudad de México, mayo de 2026.- La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) advierte que las nuevas medidas promovidas por el gobierno de Estados Unidos para restringir el envío de remesas hacia México representa un golpe directo a millones de familias que dependen de esos recursos para sostener su consumo esencial: alimentación, salud y educación.
La iniciativa contempla establecer mayores controles y restricciones para el acceso de los migrantes sin residencia legal al uso del sistema financiero en el país vecino, incluyendo los servicios para el envío de remesas. Se prevé que estas medidas entrarían en vigor en septiembre u octubre de este año y, de acuerdo con especialistas financieros, podría provocar una reducción de hasta 20% en el flujo formal de envíos hacia México.
Estas nuevas reglas operativas forman parte de la estrategia antimigratoria del gobierno norteamericano, cuyo objetivo es desincentivar la permanencia y el trabajo de millones de migrantes indocumentados en territorio estadounidense, dificultando el envío de dinero a sus países de origen. Sin embargo, lejos de resolver el fenómeno migratorio, esta política amenaza con empujar las transferencias hacia canales informales más riesgosos.
“En ANPEC alertamos que una parte importante de ese flujo económico buscará nuevas formas de envío mediante intermediarios, conocidos, “shuttles”, mecanismos alternativos que cobrarán comisiones más altas y abrirán la puerta a fraudes, robos y abusos contra los trabajadores migrantes y sus familias”, señaló Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
México recibió durante 2025 más de 61 mil millones de dólares en remesas, convirtiéndose en una de las principales fuentes de ingreso nacional. Estados como Chiapas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Oaxaca, Nayarit y Guanajuato, entre otros, dependen significativamente de estos recursos, ya que miles de hogares sobreviven gracias al dinero enviado por sus familiares que trabajan en Estados Unidos.
Estas medidas llegan en un momento particularmente delicado para la economía mexicana, marcada por un bajo crecimiento, pérdida del poder adquisitivo, desaceleración del consumo interno, presiones inflacionarias y una creciente incertidumbre económica. En este contexto, mermar el flujo de remesas significa un golpe bajo a uno de los últimos salvavidas económicos de millones de hogares que hoy dependen de ese ingreso para sobrevivir.
“ANPEC eleva la voz de alerta porque ello también golpea directo a miles de pequeños comerciantes y sus familias. No perdemos de vista que la suerte económica de nuestros clientes es también la suerte de nuestros comercios. Por ello nos preocupa profundamente que estas medidas reduzcan aún más el consumo popular, golpeando la ya frágil operación comercial del canal tradicional y poniendo en riesgo la permanencia de miles de pequeños negocios en todo el país que podrían verse orillados a bajar la cortina”, resaltó Rivera.
Desde el arranque de las negociaciones sobre el futuro del TMEC, el gobierno de Estados Unidos ha venido apostando por una reconfiguración comercial de Norteamérica bajo la consigna de “America First” (Primero América). Al decir de su narrativa, el pueblo estadounidense ha salido perdiendo con los acuerdos comerciales firmados con México y Canadá, poniéndole de esta manera cara y nombre a los responsables del deterioro de la calidad de vida del sueño americano.
La realidad es que la sociedad estadounidense está inconforme con la condición económica que vive actualmente, acostumbrados a un tren de vida de excesos y un consumismo endémico; hoy tienen que trabajar más para obtener menos. Por años, el consumo ha sido una señal de vigencia económica para el pueblo norteamericano; más que éxito o fracaso, es la adrenalina del juego social estadounidense: comprar y siempre comprar. Sin embargo, este estilo de vida ha venido a menos en la última década, la inflación, la pérdida de empleos y el encarecimiento de la vida son flagelos que hoy padecen millones de estadounidenses, generando un creciente descontento social.
Entonces un recurso político oportuno y efectivo es responsabilizar de todo esto a los migrantes, de forma tal que a nadie pasa desapercibido que, desde la primera gestión del actual mandato, estigmatizar y criminalizar particularmente a los migrantes mexicanos ha sido su as bajo la magna, un estribillo en su diatriba que se repite una y mil veces más.
Por eso la lucha contra nuestros connacionales. Más de 30 millones de mexicanos que habitan en Estados Unidos son arrinconados y enfrentan de manera inmisericorde una discriminación y persecución inéditas por agencias como U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE), que no sólo han reprimido sino hasta asesinado a cientos de migrantes de manera ilegal, pero políticamente aceptada.
Se ha normalizado un discurso de confrontación contra los migrantes que preocupa profundamente. La discriminación sistemática de trabajadores migrantes y la forma contundente en que se busca su repatriación nos hace recordar páginas de oprobio y vergüenza de la humanidad, cuando el oscurantismo persiguió pueblos enteros por su condición étnica, territorio, bienes y propiedades nacionales.
A este escenario se suma ahora el endurecimiento de la narrativa estadounidense sobre el combate al narcotráfico y las drogas sintéticas, pretendiendo justificar condiciones para que las agencias policiacas norteamericanas puedan llevar acciones directas en territorio mexicano, bajo la bandera de combatir a las organizaciones criminales ahora declaradas terroristas que se dedican a la introducción de estupefacientes a territorio americano.
Todo esto ocurre en medio de la compleja renegociación del TMEC, proceso que se extenderá posiblemente hasta finales de este año y en el que Estados Unidos mantiene interés prioritario sobre sectores estratégicos como la industria automotriz, eléctrica y petrolera; ese es el fondo de la sinuosa negociación, junto al interés oculto de cancelar el acuerdo trilateral para optar por acuerdos bilaterales por separado con Canadá y México, bajo reglas más frágiles y cambiantes que favorezcan únicamente los intereses de la economía más fuerte y que traerá consigo una nueva era de incertidumbre económica.
Esa es la ética comercial que se busca consolidar en nuestros tiempos, el juego en el que el grande por grande impone su fuerza para ganar siempre, terminando por ser más tarde que temprano un juego de perder-perder, basta recordar la suerte del enfrentamiento épico de David contra Goliat.
“En conclusión, ANPEC considera que esta política contra las remesas no sólo afecta a México y a las familias migrantes, sino que también amenaza la estabilidad económica, debilita el consumo interno y erosiona los principios de integración y cooperación que dieron origen al T-MEC y al florecimiento de la zona comercial más pujante del mundo: Norteamérica”, sentenció Rivera.
Al final, una relación comercial sana y duradera no puede construirse bajo amenazas, castigos ni condiciones de sometimiento sino sobre bases de respeto mutuo, corresponsabilidad y beneficio compartido.









