* El sistema económico debe cambiar: Brasil Acosta
Ocoyucan, Puebla. Durante el Primer Foro Internacional de Seguridad denominado “Hablemos de Seguridad”, organizado por el Ayuntamiento de Ocoyucan, el conferencista Brasil Acosta Peña presentó un análisis sobre los factores socioeconómicos que detonan la criminalidad en el país, señalando que la inseguridad no es un problema de «naturaleza humana», sino una consecuencia de la desigualdad promovida por el sistema económico actual.
Acosta Peña sostuvo que la sociedad actual está profundamente dividida entre los dueños de los medios de producción y la gran mayoría que solo posee su fuerza de trabajo. Bajo este esquema, el sistema impulsa un modelo de «hiperconsumismo» que choca frontalmente con los bajos salarios en México.
«Nos meten en la cabeza que tenemos que ser entes con dinero para consumir, pero hay un pequeño detalle: ¿para cuánto te alcanza realmente?», cuestionó el también Profesor Investigador del Instituto Tecnológico de Tecomatlán (ITT).
Para ilustrar esta disparidad, citó el ejemplo de la vivienda que se ofrece en los grandes condominios cercanos a la capital poblana: una casa con un costo de 3 millones de pesos representaría para un trabajador promedio 32 años de labor ininterrumpida, destinando el 100% de su salario, sin comer ni realizar otros gastos.
Actualmente, señaló, hay más de 30 millones de mexicanos en pobreza. Uno de los puntos más destacados de la ponencia fue la mención a la acumulación de deuda como una trampa sistémica. Acosta Peña señaló que el alto costo de vida y los salarios insuficientes obligan a los mexicanos a endeudarse con tiendas departamentales y bancos; los deudores se vuelven en criminales pasivos, ante la imposibilidad de pagar deudas asfixiantes, por lo que terminan siendo perseguidos judicialmente, desalojados o criminalizados por su situación económica.
El también dirigente antorchista afirmó que mientras la producción de riqueza sea social pero su distribución sea privada, el problema de la inseguridad persistirá. Criticó que los incrementos salariales no suelen ser proporcionales al aumento del costo de la canasta básica, lo que reduce constantemente el poder adquisitivo del obrero.
Finalmente, el ponente concluyó que la solución a la inseguridad no radica en «paliativos», sino en un cambio estructural que permita que la riqueza generada por los trabajadores se distribuya con el mismo rigor matemático y científico con el que se produce.
«El sistema te dice: ‘échale ganas’. Pero te esfuerzas y sigues exactamente igual. La realidad material no cambiará si no se cambia la distribución de la riqueza», sentenció.





