Ana Paola Flores.-
La Sierra Norte de Puebla enfrenta una creciente ola de violencia que golpea de forma directa a comunidades indígenas, campesinas y urbanas. Municipios como Huauchinango, Tlaola, Chiconcuautla, Jalpan, Jopala, Xicotepec y Venustiano Carranza, junto con la vecina localidad de Acaxochitlán, Hidalgo, han sido señalados como zonas de riesgo por el Mapa de Riesgos 2025 elaborado por el Consejo Estatal de Coordinación del Sistema Nacional de Seguridad Pública (CECSNSP).
En los últimos años, estos territorios han visto un incremento en delitos como narcomenudeo, extorsiones, desapariciones forzadas, homicidios dolosos y robo de hidrocarburos. Parte de esta situación se explica por su ubicación estratégica en rutas utilizadas para el trasiego de mercancías ilegales, especialmente desde los estados de Veracruz e Hidalgo.
Municipios como Venustiano Carranza, Huauchinango y Xicotepec se han convertido en puntos clave dentro del llamado corredor huachicolero, lo que ha intensificado la presencia de grupos delictivos que se disputan el control territorial, muchas veces con la complacencia o el silencio de las autoridades.
Las comunidades originarias, que durante siglos han sido defensoras del territorio y de los bienes comunes, hoy enfrentan amenazas constantes a su integridad y forma de vida. Las mujeres denuncian la falta de justicia ante casos de desaparición o violencia, y los jóvenes viven bajo el riesgo del reclutamiento forzado por parte de grupos delictivos.}
El CECSNSP ha enfocado su estrategia en los municipios fronterizos del estado, dejando fuera a regiones históricamente afectadas por la violencia, como el Triángulo Rojo y gran parte de la Sierra Norte. Si bien algunos municipios serranos como Huauchinango, Xicotepec y Venustiano Carranza aparecen entre los 30 con mayor prioridad en materia de seguridad, otros igualmente vulnerables como Tlaola, Chiconcuautla, Jalpan o Jopala fueron ignorados.
Superar esta crisis requiere más que patrullas o retenes. Se necesita una estrategia integral de seguridad que nazca desde el territorio y con la gente. Algunas medidas urgentes son: Invertir en infraestructura, salud, educación y empleo digno. Fortalecer los mecanismos de justicia comunitaria y atención a víctimas, especialmente mujeres, jóvenes e integrantes de pueblos originarios. Impulsar políticas de seguridad ciudadana construidas junto a comités comunitarios y redes locales de apoyo. Combatir la corrupción y las redes de protección institucional que permiten la operación de grupos criminales.
La Sierra Norte no puede seguir siendo una zona de sacrificio. Sus pueblos, su gente y su territorio merecen vivir con justicia y dignidad.








