Agüera, alianza incluyente

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René Sánchez Juárez

Luego de que en su asamblea nacional el PRI llevó a cabo grandes modificaciones a sus documentos básicos llamó la atención el apartado de la apertura a candidaturas ciudadanas, como una respuesta al reclamo social generado, demanda no sólo en el PRI, sino de todos los institutos políticos y al derecho constitucional de los ciudadanos de «ser votados», pues estaba monopolizado.
Las elecciones locales que se avecinan en julio en diversas entidades del país serán las primeras que ahora enfrente el PRI con los nuevos documentos básicos, por lo que es una prueba para medir que tanta aceptación tiene esta modificación, pero también una evaluación al gobierno del presidente Peña Nieto, cuando esté cumpliendo siete meses en el poder.
El avance que hemos visto en la cultura democrática en México tiene referentes que algunos teóricos datan desde 1968, procesos o eventos que han marcado la historia de nuestro país y con cada vez mayor interés y participación ciudadana.
Esto lo pudimos apreciar en julio del 2000, cuando por vez primera un partido que no era el hegemónico obtenía en el mayor número de votos y por ende la presidencia de la República.
Sin embargo; fue un evento aislado, porque en las elecciones intermedias de 2003 no obtuvieron mayoría y con ello se les complicó la legislación de proyectos que pudieron haber marcado su paso por la presidencia.
Así también, en 2006 con una elección controvertida, la sociedad se manifestó por una opción diferente, la cual llevo por segunda vez al PRI a un tercer lugar, pero seis años después, regresara a Los Pinos.
Empero, hay que puntualizar que las elecciones locales son muy diferentes a la elección presidencial, en los estados hay «cacicazgos» de algunos partidos, ya que algunos llevan en el poder todo el tiempo, desde el término de la revolución.
Esto también nos ayuda a entender cómo es que se mantuvo en PRI y por ende su regreso a la presidencia de la República, y es que nunca dejó de tener la mayor parte de las gubernaturas.
En Puebla se tendrá la primera elección después de una alternancia que se dio en 2010, el PRI volvió a la presidencia de la República y con ello quiere recuperar lo que alguna vez tuvo en Puebla, y serán las presidencias municipales más importantes y la mayoría en el Congreso Local: el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.
Puebla también servirá de referente, ya que con la designación de Enrique Agüera Ibáñez como candidato tiene mucho peso por ser una figura de perfil social y académico, y con una amplia carrera, lejos de la confección de una candidatura exprés como las que suelen tejerse desde las cúpulas.
La candidatura ciudadana se ha vuelto una realidad con Agüera Ibáñez, rostro ciudadano que el PRI requiere para ganar la elección frente a una alianza de partidos disímbolos entre sí, con ideologías contrapuestas y que no impacta en el voto indeciso, precisamente por la contradicción ideológica que la suma de todos ellos representa.
La demanda ciudadana de apertura de los partidos, llega también como resultado del análisis que los institutos políticos han efectuado y comprobado. Y es que en la actualidad ninguna de las diversas opciones puede presumir que sólo con su voto duro y su poder de movilización gana una elección.
Es ésta la nueva cultura política y de participación ciudadana la que ha hecho cada vez más competitivos los procesos electorales, empujados por un mayor el reclamo ciudadano por mejores resultados.
Conjugando todos estos elementos podemos percibir que la elección interna hecha por el PRI le otorga una gran posibilidad de regresar a gobernar la ciudad de Puebla; el ex-rector Enrique Agüera no sólo cuenta con la fortaleza de representar una auténtica figura social: también ha dado resultados a través de su paso por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y ahora el reclamo ciudadano al PRI por esa candidatura se verá reflejado en las urnas, no sólo el voto duro del PRI, sino el voto switcher, ese voto indeciso pero determinante para definir esta elección en la que desde ahora lleva positivamente, todo el peso de la simpatía que consolida la candidatura de Agüera Ibáñez.
La inclusión que ha generado la designación, se verá reflejado en un gobierno de ciudadanos para los ciudadanos, un anhelo largamente reclamado por los electores que ahora sí tienen una opción genuinamente surgida de la ciudadanía.

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