jueves , abril 15 2021

CJU, un espacio de desarrollo para quienes ofrecieron su talento y esfuerzo a la BUAP

Casa del Jubilado 3En cinco años la Casa del Jubilado Universitario (CJU) de la BUAP ha logrado convertirse en un espacio de desarrollo, «para quienes ofrecieron su talento, esfuerzo y trabajo a favor de la Institución», afirmó la Abogada General Miriam Olga Ponce Gómez.

«Una universidad no puede renegar a sus jubilados, por el contrario debe aprovechar su talento y potencialidades, retroalimentarse de su experiencia y ser capaz de ofrecerles la atención que requieren».
Al asistir en representación del Rector Enrique Agüera Ibáñez a una jornada de sanación que formó parte de los festejos por el quinto aniversario de esta dependencia, mencionó que en ella se busca dar respuesta a las necesidades de capacitación para que los trabajadores no activos inicien un negocio, tengan servicios médicos y psicológicos, así como actividades de aprendizaje.
María Elena Solano Hernández, directora de la Casa del Jubilado Universitario, recordó que esta dependencia fue creada por iniciativa del Rector Agüera Ibáñez, «quien ha hecho posible el desarrollo de proyectos académicos de gran impacto institucional, pero también se ha preocupado por atender a los jubilados de la Máxima Casa de Estudios en la entidad».
Indicó que con estas acciones no sólo se beneficia a los jubilados universitarios, sino también al público en general a través de la impartición de diversos talleres y servicios.
La jornada de sanación tuvo lugar en el Auditorio del Complejo Cultural Universitario, donde se reunieron personas de diferentes edades, en su mayoría adultos mayores, quienes presenciaron una sanación con cuencos de cuarzo, los cuales dieron paso a la relajación y meditación.
Más tarde, se presentaron los diversos talleres que se imparten en la CJU, por ejemplo participó el grupo de Tahitiano, ritmos latinos, danza árabe, danzón, salsa y danza folklórica, éste último hizo vibrar el auditorio con sones jarochos y pasos del norte.
En cambio el grupo de trovadores cantó Bésame Mucho de Consuelo Velázquez y otras melodías que los asistentes corearon.
La jornada finalizó con la intervención tan esperada de René Mey, quien desde joven decidió ayudar al prójimo. Compartió con los asistentes cómo compartir energía por medio de una cadena, para que su petición (la cual escribieron en un papel) recibiera toda la energía posible y pudiera concretarse.
Posteriormente, las personas pasaron una por una y fueron tocadas por las manos del sanador para curar sus males.

 

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