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Impulsa talleres gratuitos de cerámica para infancias y adolescencias de comunidades rurales e indígenas, a partir de técnicas tradicionales vinculadas con Tlayacapan
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Contó con el respaldo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del PACMYC
El barro, las manos y la imaginación se unen para que niñas, niños y adolescentes de comunidades rurales de Morelos conozcan la cerámica, a través de “Hombres de Barro, modelando nuevas generaciones de artesanos”, proyecto del artista Félix Rodrigo Martínez.
La iniciativa potencializa que las infancias observen su entorno y descubran sus propias capacidades creativas. Bajo dicha premisa, el taller abre sus puertas desde hace casi una década, enfocado en especial a infancias y juventudes, pero recibe a personas de cualquier edad.
“Cuando vamos a las escuelas rurales donde no saben nada sobre la técnica, los niños se fascinan porque aprenden cómo hacer una figura por medio de un molde, cómo utilizar los materiales y cómo crear algo con sus propias manos. En este proyecto adquirimos tornos de cerámica y para ellos resulta emocionante ver cómo una pieza toma forma”, comparte en entrevista Félix Rodrigo Martínez.
Con el respaldo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Gobierno de Morelos, a través del Programa de apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), se realizaron talleres para infancias de entre seis y doce años en comunidades como Cuautla, Puxtla y Tetelcingo en 2025.
En las sesiones cada participante mezcló el barro, preparó la masa, utilizó moldes y decoró la figura resultante: “Desde el primer momento buscamos despertar esa parte creativa. Les explicamos gráficamente qué vamos a hacer, cómo funciona el material y después ellos mismos preparan el barro, crean sus piezas y participan en todo el proceso. Al final, las obras regresan a sus manos ya horneadas para que también las pinten”, explica el artista.
Las piezas se hornearon con técnicas tradicionales de Tlayacapan, comunidad alfarera con la que el proyecto mantiene una relación cercana de colaboración e intercambio de saberes.
“Los moldes que utilizamos nacen de ese conocimiento ancestral de Tlayacapan. Aprendí con familias artesanas cómo el propio barro también puede convertirse en molde para crear otras piezas. Ese aprendizaje hoy forma parte del proyecto y de lo que compartimos con las infancias”, señala.
Con la experiencia se fortalece la convivencia y la confianza entre quienes participan. “Percibo mucho asombro, mucho diálogo entre ellos y también mucha felicidad. Empiezan por seguir ciertas formas, pero después encuentran algo propio. Llega un momento en que ya no buscan copiar, sino expresar sus propias ideas y crear desde lo que imaginan”, comenta el entrevistado.
Suelen ser macetas, colgantes y figuras utilitarias los objetos que nacen de referencias como mascotas, caricaturas o elementos de su vida cotidiana.
“Lo que más me gusta es cuando las piezas dejan de parecerse a las mías y empiezan a tener algo de ellos. Una niña transformó una de mis caritas en un pez y a mí jamás se me habría ocurrido. Ahí también entiendo que ellos me inspiran y que el taller funciona como un intercambio creativo”, comparte.
“Buscamos que entiendan cómo una pieza de barro también alberga vida. El barro cambia con el agua, con la tierra, con la lluvia y con el tiempo. Queremos que observen esa transformación y se relacionen con ella”, explica Félix.
Con “Hombres de Barro, modelando nuevas generaciones de artesanos”, la tradición alfarera se reafirma como una experiencia de comunidad, memoria y descubrimiento para infancias y juventudes. Entre barro rojo, hornos tradicionales y figuras que se crean en comunidad, el proyecto construye un espacio para que las nuevas generaciones reconozcan que también pueden moldear el mundo con sus manos.










